A pesar del temblor interno, sus movimientos eran exactos: su experiencia con la manipulación no dejaba espacio a errores. Sacó el móvil del bolsillo de su bata. La pantalla iluminó su rostro con un resplandor espectral. Ajustó el ángulo. Tomó una foto. Luego otra. Y otra más. Se inclinó lo justo para que pareciera que había compartido la cama con ella. Una imagen con el rostro cerca de su cuello. Otra con el brazo extendido sobre la colcha, insinuando cercanía. Su pulso se aceleraba, pero sus manos no temblaban. Tenía experiencia con la manipulación. Escogió la más ambigua. La más cruel. Linda dormía con el rostro relajado, la boca entreabierta, y él posado junto a ella como un amante satisfecho. Sonrió. Sabía exactamente a quién enviarla. Contacto: "R". En la penumbra de su mansión, R

