En otro momento, habría celebrado el punto exacto de cocción, pero su mente hervía con preguntas, como una olla a punto de rebosar: ¿Qué acabo de hacer? ¿Por qué lo besé? ¿Qué va a pasar ahora? Detuvo el temporizador, sintiendo a Luciano incorporarse tras ella. Su presencia era como una sombra cálida, como un eco respirándole en la nuca. Entre los dos se cernía un silencio cargado de chispas, tenso, espeso, a punto de romperse… o de consumarlos. Ninguno se atrevía a pronunciar palabra, como si un simple sonido pudiera destruir la magia del instante robado. Linda se llevó una mano a los labios, todavía palpitantes, aún sintiendo la calidez del beso. Sus dedos temblaron levemente al tocarse. No era solo un beso. Era una confesión. Un límite cruzado. —¿Estás bien? —murmuró él, acercándose l

