La ciudad de Caracas, vibrante, bulliciosa y cosmopolita, se extendía bajo el resplandor dorado de sus luces nocturnas, envuelta en el constante murmullo de autos, risas lejanas y murmullos que se perdían entre edificios altos como sombras titilantes. Para Linda, aquella urbe se había convertido en su refugio emocional, el lugar donde intentaba reconstruir su vida entre nuevas calles y promesas ajenas, lejos de los escándalos, las traiciones y el dolor que Mérida le había tatuado en el alma. Tras varias semanas de aparente estabilidad, estaba lista para entregarse a una velada romántica con Tomás, su apoyo incondicional, su calma aparente, y, hasta donde ella creía, el hombre que la había salvado del caos emocional que la había dejado al borde del abismo. Pero lo que parecía una noche

