Ah| Completa soledad

2267 Words
Las búsquedas en internet habían desconcertado y asustado mucho a Axa, casos de personas que se rebelaban hacia aquellas que habían hecho su vida imposible, la hizo imaginarse toda clase de escenario donde Ismael tomaba venganza. Los escenarios eran tan diversos en su cabeza, desde una simple humillación en público, hasta un intento de asesinato doloroso y largo. Ese cambio de humor de Ismael la asustaba desmedidamente, era una señal de peligro, ahora que lo pensaba en detenimiento, el parecía estar loco, nunca había notado ningún tipo de comportamiento extraño en él, hasta dos días atrás, pero siempre había sido demasiado raro, murmurando por los rincones, hablando solo, evitando a las personas, debía estar loco. Axa dio clic en el siguiente video que le había enviado uno de sus fans, de los que aun le quedaban, los videos que había recibido habían sido muy tétricos y aterradores en su mayoría, pero le habían permitido ser cociente de todo el peligro en el que se encontraba. Aun así, esperaba encontrara en uno de ellos como lidiar con Ismael ahora que la había amenazado y se había revelado contra ella. No podía decirles a sus amigos que él había empezado a asustarla, eso sería muy humillante, pero necesitaba estar preparada para cuando lo viera, actuar como siempre sin correr peligro, tenía una imagen que cuidar, pero también su seguridad estaba de por medio y sabía que Jonás la trataría como loca si le decía lo que Ismael había hecho. El video que se estaba reproduciendo en la pantalla de su computador hablaba de cómo lidiar los cambios abruptos de actitud, hasta el momento era uno de los videos menos aterradores que había visto esa tarde, hablaba de como identificar acciones peligrosas en personas potencialmente psicópatas. Suspiro cansada y empezó a bajar en la lista de videos, mientras el video se reproducía, sin que ella apenas le prestara atención hasta que un video llamo su atención. “¿Cómo saber si una persona es bipolar o tiene trastorno límite de personalidad?” Axa se detuvo allí, nunca había escuchado de ese trastorno, hizo clic y el video empezó a reproducirse. Era un video corto pero una nueva idea se generó en su cabeza. – Trastorno límite de personalidad – repitió Axa en voz alta pensando en las dos últimas ocasiones. Recordó cómo Ismael había cambiado de repente, de ser el temeroso y tímido chico a ser uno totalmente amenazante. Ismael la había llamado “Preciosura” y “Chiquita”, y el jamás habría tenido el coraje de llamarla así, pero la idea le parecía descabellada, parecía una situación que solo pasaría en una película, aun así, estaba el hecho que él se había referido a si mismo por su nombre como si fuera otra persona. Otro video llamo su atención, no lo abrió, pero algo en su mente se disparó de inmediato, el video decía “Personalidad múltiple un trastorno peligroso y casi imperceptible”. Se llevo la mano al mentón preocupada, si era verdad su sospecha, corría más peligro del que pensaba. Ella había escuchado casos de asesinos seriales que tenían doble personalidad o varias personalidades, uno de los más famosos era “Fragmentado” un hombre que le habían diagnosticado hasta cincuenta personalidades, recordaba ese documental porque su hermano la había molestado durante años con eso, la había aterrado diciéndole que, si no se comía toda su comida, fragmentado se la llevaría, claro que en ese momento a era muy pequeña. Se estremeció al pensar que Ismael tenía muchos motivos para vengarse de ella y de repente la idea de estar en la misma academia con él la aterro. La puerta de su habitación sonó, sacándola de forma abrupta de su ensimismamiento, su corazón latió de forma frenética, hasta que su mamá se asomó por la puerta y le sonrió, algo que le pareció demasiado extraño pues su relación con sus padres no era bueno desde hacía un tiempo atrás. – Amor, llego Mati – Axa cerro su laptop y sonrió de la mejor manera que pudo, al comprender el repentino cambio de actitud en su madre. Asintió en respuesta y su mamá salió. Respiro profundo y se puso de pie con rapidez a recibir a su amiga, ese día había faltado a la academia igual que el día anterior, algo que o era propio de Matilde pues siempre se había caracterizado por ser una buena alumna. – Ax – saludo Matilde sonriente, sin embargo, Axa ignoro su saludo y miro en varias direcciones antes de halar a Matilde al interior de su habitación – ¿Qué tramas? – pregunto la pelinegra al ver a su amiga actuar extraño, Axa respiro profundo y la miro asustada. – ¿Tú crees que Ismael pueda ser… alguien peligroso? – ¿Qué? ¿El raro? – pregunto la chica con incredulidad – Tu misma lo dijiste, es un ñoño – agrego Matilde – ¿Por qué? – No, por nada – respondió Axa incapaz de contarle a su amiga lo que había pasado, no quería quedar como loca – solo que es demasiado raro ¿No lo crees? – Algo, si – respondió Matilde – aunque es atractivo ¿No lo crees? – Axa miro a su amiga como si estuviera loca y empezó a reír. – No estás hablando en serio ¿Verdad, Mati? – Matilde miro a Axa unos instantes y después empezó a reír con incomodidad. – Por supuesto que es una broma – comento Matilde – ¿Qu clase de persona se fijaría en él? Ismael trato de calmarse al ver lo alto que estaba, pero no pudo, se aferró con fuerza del barandal con temor a caer y emitió un quejido lastimero. No ayudaba el hecho de tener a Ahel burlándose de él, nunca había comprendido como el mismo podía ser tan cruel consigo mismo, pero estaba muerto de miedo y Ahel no hacía nada por ayudarlo. – ¡Ahel! – suplico al notar que sus manos sudadas empezaban a resbalar, miro una vez más hacia el vacío y sintió ganas de llorar – ¡Por favor! – no estaba en lo alto de la torre, y aunque estaba relativamente cerca del piso, la idea de caer lo aterraba demasiado. * – Te dije que ni, aunque suplicaras volvería a tomar el control – * respondió Ahel sin inmutarse. – Si caigo moriremos los dos – respondió Ismael con un quejido lastimero – por favor – Ahel bufo aburrido y tomo el control provocando que Ismael sintiera un gran alivio al ya no sentir como su cuerpo colgar a gran altura. Se soltó de la baranda e hizo una mueca de asco cuando comprobó que efectivamente Ismael había sudado todas sus manos, no entendía porque motivo, si Ismael le temía a las alturas había decidido subirse ahí. * – Que asco – * comento con apatía Ahel, se sentó en el barandal y respiro profundo disfrutando después de mucho tiempo de aquella tranquilidad. * – ¿Podemos bajar? – * pregunto Ismael con impaciencia, pero lo más amable que pudo para no hacer molestar a Ahel. * – No, para que te subiste aquí – * respondió Ahel bajando su mirada hasta el vacío * – Fuiste tu el que me subió aquí – * lo acuso Ismael molesto * – se que estas molesto, pero llegare tarde – * se quejó Ismael suplicante, se imaginó a sí mismo frente a un espejo haciendo una mueca que él no había querido hacer indicándole que no cedería ni un poco. * – Baja por tus propios medios – * respondió Ahel dispuesto a regresarle el control a Ismael, pero este lo interrumpió aterrado. * – ¡No! No, está bien, nos quedamos aquí – * respondió Ismael en tono asustado. Ahel cerró los ojos mientras el viento frio de la tarde golpeaba su rostro, no tenía intención de marcharse pronto, mucho menos de ayudar a Ismael, nunca estaban de acuerdo con nada y a pesar de compartir el mismo cuerpo, Ismael siempre lo trataba como si el fuera el intruso. Esperó que Ismael guardara silencio, pero no lo hizo * – lamento haber dicho que eras lo peor que me podía pasar – * la voz acongojada de Ismael demostró que estaba realmente arrepentido, y Ahel podía sentirlo también, pero no respondió nada * – perdón… – * * – Dejare que vallas con Ourora – *hablo finalmente Ahel incomodo mientras se ponía en movimiento, sin saber cómo reaccionar con Ismael, odiaba que se pusiera así. * – De verdad lo siento Ahel – * insistió Ismael * – lo dije sin pensar… es solo que me desespera pensar que ahora Axa nunca me dejará en paz y mi vida será un infierno de nuevo y todo por tu… – * Ahel se detuvo a pocos metros de terminar de bajar, respiro profundo y miro como el sol se ponía en el horizonte, Ismael guardo silencio consciente de que había vuelto a equivocarse. – Toma el tratamiento Isma, nunca me ha hecho ilusión existir * – Mientes – * Ahel salto hasta el piso y devolvió el control Ismael de inmediato dejándolo un poco mareado – lo siento * – Me da igual, solo no me hagas salir de nuevo – * respondió Ahel y se quedó en silencio – Ahel… – hablo Ismael, pero no obtuvo respuesta, intento descifrar en que pensaba su otra personalidad, pero este se había abstraído totalmente, no lo escuchaba ni podía sentirlo, era como si no existiera, sabía que estaba allí, pero odiaba sentirse así, la sensación de no tener a Ahel, era como no tenerse a sí mismo y es que era de esa manera, no podía imaginarse una vida sin Ahel, a pesar de lo molesto que era la mayoría del tiempo. Ourora miro el reloj de pulso, su ilusión de ver a Ismael ese día, fue remplazada por amargura y desilusión al ver que había pasado más de cuarenta minutos de la hora acordada, sintió ganas de ponerse a llorar al comprender que la habían dejado plantada, nunca había pensado que Ismael seria ese tipo de persona, si había sido por cobardía, o solo por jugar era algo que no hacia la diferencia, la había dejado plantada y ni siquiera le había avisado que no iría. Se puso de pie con vergüenza evitando mirar a las personas de alrededor, todos se habían dado cuenta que la habían dejado plantada y eso la hacía sentir peor, de por sí ya era una persona que luchaba con muchas inseguridades, tener que enfrentar tal desplante solo la hacía sentir mucho más miserable. Respiro profundo y reviso una vez más los mensajes que le había escrito a Ismael, este los había leído, pero no le había respondido, intento no pensar en nada, pero la idea de que él se estuviera burlando de ella la hacía sentir terriblemente, principalmente porque nuca le había gustado un chico tanto como él, además que los chicos atractivos no solían fijarse en ella, ni en chicas como ella, pero había creído que Ismael era diferente, acababa de darse cuenta que se había equivocado. Justo cuando Ourora estaba cruzando la puerta de la cafetería en la que habían quedado en encontrase, para marcharse a su casa a llorar, Ismael llego apresurado, estaba totalmente despeinado, las botas de su pantalón estaban sucias y respiraba frenéticamente símbolo de que había corrido, no poda decir ni una sola palabra por la falta de aire y al verlo así una esperanza se abrió en su pecho. Ourora miro alrededor, las personas los miraban con disimulo, no supo si reclamarle, ponerse a llorar o dejar ver su preocupación al verlo en aquel estado. Se agacho hasta que vio el rostro de Ismael, quien estaba a apoyado con las manos en las rodillas flexionado hacia delante totalmente agitado, noto que el llevaba un ramo de flores en la mano derecha, la mayoría de las flores ya habían perdido los pétalos y estaban muy maltratadas, pero al verlas su molestia y desilusión desapareció de inmediato y no pudo evitar sonreír cuando ella lo miro a los ojos y él se puso más rojo de lo que estaba. – ¿Estas bien? – preguntó ella con esa emoción que había sentido cuando él le pidió una cita, el asintió y se enderezo mientras le entregaba el ramo de flores rojas que le había conseguido con mucha vergüenza por el estado en que habían llegado. – Siento haberme demorado tanto – hablo mientras Ourora recibía el ramo de flores. Cuando ella sonrió el aparto la mirada apenado, pero le sonrió de regreso mientras se llevaba la mano a la nuca apenado – ¿Todavía quieres… algo conmigo? – pronuncio atropellando las palabras – Tomar algo conmigo – se corrigió, Ismael se sintió avergonzado por su torpeza, pero Ourora solo sonrió más cálidamente y asintió sin poder borrar la gran sonrisa que se abrió paso en su rostro, – Es lo que más quiero – respondió ella desviando la mirada – quiero todo contigo Ismael – Ismael sonrió dichoso mientras Ourora le sonreía también, los espectadores observaban la escena con ternura y conmovidos, todos sentían el ambiente cargado de felicidad ternura, podían compartir la felicidad de la pareja que allí irradiaban amor, todos lo disfrutaban menos Ahel, no podía dejar de sentir amargura al saber que para él estaba deparada la completa soledad para siempre, recordó las palabras que con pesar le decía su madre constantemente. “A mi pobre Ahel, nadie lo quiere”
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