Ah| Diosa de las infamias

3283 Words
Axa se abrazó a sí misma en repetidas ocasiones, no podía dejar de temblar y de llorar horrorizada. no podía conciliar el sueño y una vez más había pasado la noche en vela; en esta ocasión con razones suficientes para temer por su vida. Cada vez que cerraba sus ojos la imagen de Ismael aparecía en su mente, su sonrisa burlona y amenazante, la forma en que la había sujetado, como la había arrinconado y la diversión casi psicópata que había demostrado al verla asustada. Sus palabras resonaban en su cabeza, no la dejaría en paz, tenía la certeza de que Ismael no la dejaría a pesar de lo que ella hiciera, había cometido un terrible error. No sabía porque Ismael la había elegido a ella, porque había decidido vengarse de ella, ella no era la única que lo molestaba en el colegio ni la única que lo había intimidado en su vida. Jonás solía ser mucho más cruel con él, aun así, ella era su objetivo, lo había entendido. Tembló de nuevo al recordar esa voz grave y segura con la que le había hablado, la forma en que la miraba a la cara, sin huir de ella, no era el Ismael que conocía en absoluto. Tomo otro pañuelo de la caja que tenía al lado y seco sus ojos y nariz, pero las lágrimas no dejaron de salir, se hizo un ovillo mientras se abrazaba las piernas y volvía a lamentarse por su situación. En un inicio había sospechado que Ismael tenía un trastorno de doble personalidad, pero hasta el momento en que lo enfrentó algo en su cabeza le gritaba que era algo descabellado, simplemente imposible. Sin embargo, ahora lo sabía con certeza, con una certeza espantosa y preocupante. De saber que su vida se convertiría en el infierno en que se estaba volviendo jamás habría accedido a ir a esa academia. Se habría ido de la cuidad y habría puesto distancia entre Ismael y ella, después de todo, en un inicio su plan había sido dejar atrás ese lugar, perseguir sus sueños, pero como todo en su vida, nada nunca salía bien, había tenido que quedarse contra su voluntad y estudiar algo que odiaba por completo. Después de como Ismael había reaccionado, de que ese otro Ismael se lo hubiera confirmado, aquella verdad que sospechaba, supo de inmediato que había cometido el peor error de su vida, había despertado a la bestia y no tenía que ser muy inteligente para darse cuenta. Se giró en la cama angustiada tenía que ir ese día a la academia y había vuelto a pasar la noche en vela, tenía miedo, pavor, estaba totalmente aterrada. Había faltado todo el día anterior a clase porque tenía varias clases con Ismael y no quería encontrárselo, pero ese día no podía faltar, tenía varias entregas. Pero enfrentarse una vez más a Ismael era algo que no podía hacer, le tenía pavor a esa personalidad retorcida y peligrosa que él había dejado ver, temblaba solo de pensar en él. La alarma la hizo saltar de la cama sobresaltada, se llevó las manos al pecho intentando calmar su respiración. y miro al techo decidiendo que debía hacer, su situación no podía continuar así. Un par de días más en ese estado y su situación empezaría a ser evidente, no quería que nadie lo supiera, que nadie se enterara, no quería perder esa imagen que siempre había dado, le había costado muchos sacrificios construirla. Tenía que armarse de valor y aunque odiaba pensar en esa posibilidad, debía disculparse con Ismael, en esa ocasión si hacerlo en serio y dejarlo en paz antes de que el pudiera hacer algo que de verdad la pusiera en peligro. Había pensado en eso desde el momento en que Ismael había dejado ver que estaba mal de la cabeza, pero, no tenía dudadas de que Ismael haría cualquier cosa contra ella sin dudar y dudaba mucho que un par de disculpas pudiera calmarlo. Pero estaba ese otro lado orgulloso suyo que le gritaba que fuera uno u otro, seguía siendo el mismo perdedor y dejarse intimidar por él era demasiado humillante, no podía dejar que él le ganara, ella siempre había sido la genial y admirada diosa Axa. Él en cambio, nunca iba a dejar de ser el raro estúpido de que todos se burlaban. Ismael no quería ir a la academia, Ahel le había revelado a su peor enemiga su gran secreto y él sabía que Axa se aprovecharía de eso para sabotearlo, no entendía porque Ahel no lo había oído. Siempre que le pedía guardar silencio respecto al tema lo hacía, a regañadientes, pero respetaba el acuerdo que tenían. Por primera vez en la vida, Ahel se había revelado en ese sentido, dejando que se enteraran de su secreto, secreto que había guardado durante años con celo y aunque Ahel ya lo había metido en muchos problemas a lo largo de su vida, nunca antes había roto su promesa de nunca revelarle su existencia a nadie. Ismael se estremeció al pensar en lo complicada que había sido su vida y en todo lo que le habían hecho pasar en el colegio. Peso que en la academia todo sería diferente y finalmente podría ser tratad con respeto y amabilidad, no espero encontrase con Axa y Jonás allí, también su primo que siempre lo había odiado, Ahel le había revelado su gran secreto a Axa y había ofendido a Ourora por su culpa llevando solo un día de novios, no le había hablado desde ese día, porque sabía que debía disculparse, pero no sabía que decir, y contarle sobre Ahel, obviamente no era una opción. Su vida había caído en un ciclo de mala serte y cada vez era peor. Ahora no solo estaba seguro que ninguno de sus peores momentos del colegio se compararía con lo que le esperaba por vivir, sino que todos se enterarían de su secreto y si antes era tratado con rechazo, ahora nadie se le acercaría nunca más. Ahora que Axa conocía su más preciado secreto, sabía que le esperaba un infierno. No intentó discutir siquiera con Ahel, el siempre hacia lo que le venía en gana y jamás lo escuchaba cuando le reclamaba algo, normalmente lo ignoraba y lo hacía sentir estúpido. Había prometido no tomar más pastillas, pero dada la conducta inmanejable de Ahel se tomó dos de una vez, al menos así podría asegurarse que él no volvería a tomar el control sin permiso y lo metería en un problema mucho más grande. Ahel no rechistó, no se hizo notar, ni siquiera se hizo sentir, era como si no existiera, Ismael odiaba esa sensación, después de todo Ahel era parte de él, una parte muy problemática, pero parte fundamental de lo que él era y estaba seguro que sin Ahel su vida sería mucho más horrible. – ¿No dirás nada? – preguntó Ismael en voz alta, esperó unos instantes, pero no obtuvo respuesta de Ahel – bien, entonces nos vamos – tomó su maleta, su sombrilla y bajó hasta la sala de su casa donde su mamá lo esperaba como cada jueves. – Mi niño precioso – expreso su mamá cariñosamente y lo abrazó con fuerza mientras le entregaba una lonchera con bocadillos que había preparado para el – puse tus favoritos y los de Ahel, para que no se peleen – Ismael sonrió agradecido, se apartó de su mamá y guardó aquello en su maleta – ¿Como esta Ahel? – pregunto su mamá curiosa – Hace tiempo no lo veo – Ismael sonrió intentando parecer tranquilo, pero al recordar que las ocasiones en que había dejado salir a Ahel en presencia de su madre habían sido desastrosas, lo hizo sentir muy desanimado, Ahel disfrutaba de avergonzarlo y siempre dejarlo parado, como un idiota frente a su mamá, ella solo lo miraba con ternura y gracia y pretendía no notar su vergüenza. Ahel siempre lo hacía quedar mal cuando tenía oportunidad, como su mamá era la única persona que actualmente compartía con Ahel ocasionalmente, Ahel aprovechaba para burlarse de Ismael, le contaba cosas vergonzosas que había hecho, lo hacía quedar como idiota y siempre se burlaba de su timidez y su esporádico tartamudeo. En pocas palabras, Ahel era insoportable. – Está bien – mintió Ismael apartando la mirada – ¿Vamos? – su mamá tomó las llaves de su recién comprado auto, asintió, y juntos salieron de la casa. Ismael se subió de inmediato en el auto, perdido en sus pensamientos, no sabía qué hacer con Ahel, necesitaba hallar una solución para tener una vida pacífica. Su mamá empezó a hablarle, no supo lo que le decía, pero le restó importancia. Se dijo a si mismo que, de todas formas, ella siempre hablaba sola y pocas veces decía cosas relevantes y que tuvieran coherencia. Su mamá había abandonado el tratamiento que llevaba para tratar su demencia. No intentó obligarla a regresar porque ella parecía mucho más feliz así, totalmente desconectada de todo. Pensar en el tratamiento de su mamá lo llevo a pensar en su propio tratamiento. La idea de recibir el tratamiento que su psiquiatra le había recomendado había empezado a tomar fuerza últimamente en su mente, sin embargo, lo frenaba la idea de que Ahel desapareciera. En el pasado esa idea le parecía inconcebible, devastadora, aunque no había certeza de los resultados que el tratamiento podría tener sobre ellos, pero al ver que ya no podía convivir con Ahel, empezaba a considerar que era lo mejor para ambos. – Mamá – llamó su atención – ¿Qué opinas del tratamiento? – pregunto sin mirarla. La madre de Ismael disminuyó la velocidad de su auto y se giró hacia él borrando su sonrisa inmediatamente. – ¿Tratamiento? – preguntó aparentemente sin entender a qué se refería – ¿Qué tratamiento? – Ismael sonrió prefiriendo guardar silencio, sabía que su mamá no lo aceptaría, ella podía estar loca, pero bajo ninguna circunstancia o conceto aceptaría nada que atentara contra Ahel. – De ortodoncia... – respondió en voz baja mintiendo. * – No me sorprende que seas un cobarde, si le temes a tu propia madre que está loca... – * * – No te permito que hables así de ella, también es tu mamá – * reaccionó de inmediato Ismael sintiéndose demasiado furioso * – tu solo guarda silencio y evítame problemas, suficiente tengo con tu existencia – * * – No, yo en cambio estoy dichoso de tener otra personalidad cobarde que le teme a su propia madre loca – * habló Ahel con sarcasmo y molestia . – ¡BASTA! – gritó Ismael sin poderse controlar, su madre se giró hacia él sorprendida momentáneamente, pero después de unos segundos sonrío como si no hubiera pasado nada y volvió su vista al frente. – La adolescencia puede ser difícil a veces... – comenzó a explicar mientras aceleraba el auto – uno se enamora, pelea con los amigos, se arregla con los amigos, le rompen el corazón a uno, hay toda clase de nuevas experiencias. No tienes por qué enfrentarlo solo, puedes contarme lo que te pasa y lo que te molesta, sabes que siempre te voy a… – Ya llegamos mamá – Habló Ismael desanimado, interrumpiendo las palabras de su mamá. El auto se detuvo y de inmediato se bajó sintiendo que era demasiado todo lo que le pasaba, una mamá loca, otra personalidad problemática, ser molestado simplemente por ser diferente, en resumen, odiaba su vida. No se despidió, simplemente se bajó en silencio, cerró la puerta sin mirar a su mamá y empezó a alejarse del auto pretendiendo ignorar su situación. Cruzo el campo verde de la universidad y entro directamente en el edificio de producción audiovisual el cual era el central de la academia. Prefirió no mirar a nadie, mantuvo su cabeza gacha y camino en silencio y con desanimo intentando pensar que podría hacer para mejorar su vida, mientras se dirigía a su casillero. Iba tan perdido en sus lamentos que no se percató de que Jonás se le acercaba con su grupo de nuevos amigos, exceptuando a Axa. Solo noto su presencia cuando Jonás lo tomó por los hombros y lo empujó contra los casilleros sin aviso previo, solo tuvo tiempo de cubrirse la cara, ya había tenido una lesión en su nariz en el pasado por culpa de Jonás y no quería experimentar el mismo dolor de nuevo. Escuchó la risa de diversión de quien tanto lo había molestado en el colegio desde hacía un par de años y eso hizo que volviera a la realidad, Axa ya debía haberles contado a todos de su problema, todos los que lo rodeaban aceptarían cualquier trato que le dieran a él, siempre lo justificaban diciendo que él era el raro y por eso lo merecía, ahora siendo el raro con dos personalidades, nadie vería con malos ojos que sus agresores lo intimidaran. Esa sensación de impotencia que le generaba el saber que no podría hacer nada por defenderse le genero ganas de ponerse a llorar, era un sentimiento bastante conocido por él, lo había experimentado durante los últimos seis años de su vida, le oprimía el pecho, le impedía respirar y todo a su alrededor se desdibujaba y desproporcionaba como si el mundo se le fuera encima de forma literal. – Has estado de buenas estos días, rarito – Habló Jonás, quien parecía odiarlo por algún motivo personal que Ismael desconocía, pero sospechaba – de esta no te salvas ¿Comprendes? – Ismael guardó silencio como era costumbre, estaba tan cansado de todo, que se preguntó cuál era el motivo de seguir soportando aquello, llevaba haciéndolo por años y las cosas nunca mejoraban, al contrario, empeoraban cada vez más. Dejo de oír a sus agresores, sentía que lo empujaban y le decían cualquier cantidad de cosas que ya no llegaban a su cabeza, estaba harto de todo y de todos, se desconectó de todo, estaba cansado, nada tenía sentido para él en ese momento. * – Si quieres hacerlo hazlo – * hablo Ahel, sin rastro de burla o reproche, lo decía con sinceridad * – ¿para qué seguir viviendo en un mundo donde no tiene sentido vivir? – * Ismael no respondió nada, se quedó perdido en sus pensamientos, hasta que dejó de notar los golpes y las burlas, el bullicio fue remplazado lentamente por silencio y cuando volvió a ser consciente de lo que sucedía a su alrededor se dio cuenta que no había nadie más en el pasillo. Levantó su maleta y sus cosas del suelo, sin recordar en qué momento las habían tirado. El cuaderno de dibujo que su mamá le había regalado en su último cumpleaños había sido destruido por completo. Las hojas arrancadas, los dibujos rayados, rasgados y arrugados, así mismo habían hecho sus agresores con sus sueños, pisotearlos una y otra vez. Tomo las hojas con dolor y metió todo en la maleta, se la colocó sobre los hombros y empezó a caminar hacia la salida. A pesar de que acababa de llegar, había tenido suficiente de ese lugar por ese día y por el resto de su vida. Cruzo las puertas de cristal y bajó los tres escalones con lentitud, camino por el sendero directo al parque, por el que llegaban más estudiantes. No alzo la mirada, no quería ser consiente del rechazo de las personas que lo rodeaban. Tomo el sendero del parque que lo llevaba rápidamente a la carretera principal y anduvo sin saber a dónde se dirigía. Se detuvo cuando vio a Axa escondida detrás de uno de los árboles junto al sendero, no tenía ánimos de tratar con ella así que cedió el control sin aviso como solía hacer cuando no estaba de ánimo para tratar con nada ni nadie. Ahel tomó el control sin necesidad de que Ismael se lo pidiera y se dispuso a hacerle frente de una vez y definitivamente a Axa, sin más juegos, a pesar de lo molesto que se encontraba con Ismael, podía sentir el desespero del chico y el desánimo constate en el que vivía por causa de sus agresores. Ahel camino hacia Axa, pero cuando se dirigió a ella, fue Axa quien retrocedió asustada y al notar que no tenía hacia donde huir se volvió hacia él aterrada. – Te juro que no te voy a hacer nada – chilló suplicante – no me meteré más contigo, te lo aseguro... déjame – a pesar de cómo se estaba sintiendo Ismael, Ahel no pudo evitar reír divertido al ver a Axa en esa situación, Axa siempre había sido cruel con Ismael, verla suplicar era algo gratificante y emocionante. Ahel aprovechó el temor que ella sentía en ese momento y se recostó al árbol sin darle opción de escapar. – Mira cómo cambian las cosas ‘preciosa’ – se burló Ahel con descaro – tanto que te reías de mi por esa actitud, patética. Estoy seguro que Ismael debe estar disfrutando esto – No - no me importa que hagas de ahora en adelante – respondió Axa con voz temblorosa por el temor – solo mantente alejado de mi – suplicó ella. – Sino ¿Qué? – pregunto Ahel con altanería. Axa sabía que esa versión de Ismael que había conocido no era buena, ver que estaba sola y el camino era poco concurrido en ese momento, le generó un escalofrío terrible. Sintió sus ojos cristalizarse del desespero y sus labios empezaron a temblar por la angustia. Ahel respiró profundo y se apartó de allí aburrido de repente, por el giro que había dado la situación y lo fácil que se había rendido Axa. – Has tu vida por tu lado, me tiene sin cuidado lo que hagas – completó el tajante y alejándose de ella sin mirar una segunda ves hacia atrás – es una lástima chiquita, creí que eras fuego, pero te apagaste con una llovizna * – ¿Estas coqueteando con ella? – * preguntó Ismael con incredulidad a pesar de lo desanimado que estaba. * – Por supuesto que no – * respondió Ahel en tono pícaro * – Aunque no puedes negar que es bastante deseable – * Ismael resoplo molesto en la mente de Ahel y este supo que lo regañaría. * – Escúchame bien Ahel, ni lo pienses – * * – ¿Por qué no? – * Lo reto Ahel * – ¿No te gustaría ver la cara de quienes se han burlado de ti si... – * * – Ya te advertí – * interrumpió Ismael * – ni lo pienses – * * – Te estas volviendo demasiado molesto con eso de darme ordenes todo el tiempo. No te equivoques conmigo – * respondió Ahel con irritación * – Axa puede ser demasiado candente, pero solo un idiota pensaría que me metería con una bruja como ella – * Ahel retomo su camino con aburrimiento por la reciente discusión con Ismael, pero se vio detenido cuando oyó nuevamente la voz de Axa dirigirse a él. – Oye – lo llamó Axa con voz titubeante. Ahel se detuvo y se giró hacia ella – no le diré a nadie… de verdad. Incluso olvidaré lo del grado – prometió apenas sacando su voz. – ¿Sí? Bien por ti – respondió Ahel mientras le mostraba sus dedos corazón mientras se burlaba de ella – yo en cambio sí me acuerdo de cada momento horrible que me has hecho pasar chiquita… créeme que vamos a divertirnos mucho – prometió con amenaza mientras le hacia un guiño – sé que te encantara, Axa… diosa de las infamias
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