Para ese momento el festival comenzaba a cobrar vida en los jardines exteriores, Ofelia se encontraba sumida en sus propios pensamientos contradictorios. Sus planes internos giraban todos alrededor de la idea de permanecer en el castillo junto al Rey lobo, una noción que la hacía sentirse desconcertada y casi culpable, considerando que hace un par días atrás la mera presencia del monarca le provocaba un rechazo y miedo que parecía imposible de superar. Pero ahora, este cambio dramático en sus sentimientos la mantenía en un estado de constante reflexión, debatiéndose entre lo que realmente debía hacer y sus nuevos e inexplicables deseos. Mientras tanto, en el área del festival, específicamente en uno de los jardines principales que servía como entrada al imponente castillo real, la atmósfe

