PALACIO REAL DE MYSTRALYS El vapor se elevaba en lentas espirales sobre las aguas termales donde Adonys y Galamir se habían sumergido buscando calma después de su inquietante encuentro. El agua tibia los envolvía como un abrazo reconfortante, mientras el aroma dulce de los aceites e inciensos llenaban el ambiente, creando una atmósfera de aparente tranquilidad que contrastaba con la tensión que aún sentían el par de jóvenes veinteañeros. Apenas llegaron al palacio real, su primera parada fue el aposento real del príncipe Galamir, donde Adonys, con movimientos rápidos y decididos, despojó a Galamir de sus ropas sudadas por el viaje y las arrojó sin ceremonias al fuego que crujía en la chimenea. Sin intercambiar palabras, los dos se dirigieron a las piscinas termales, buscando borrar no so

