AL DÍA SIGUIENTE: REINO DE WOLFGARD La luz de la mañana iluminaba la habitación real mientras la reina Ariana permanecía desnuda en la cama, observando a Urías, su amante favorito, vestirse con calma de pie y espaldas a ella. El aroma del sexo nocturno se mezclaba con el perfume y las velas consumidas de la noche anterior, logrando una atmósfera íntima que pronto sería interrumpida. Ariana, quien no deseaba levantarse todavía, se estiró perezosamente y dio un par de palmadas, siendo esa una señal que sus doncellas conocían bien. Dos jóvenes omegas entraron en silencio, con la mirada baja y los hombros tensos. Se movían con la cautela de quienes guardan secretos peligrosos, pues todas sabían que una palabra indiscreta significaría su muerte. Cuando las dos doncellas entraron a la recamar

