MIENTRAS TANTO EN LA FORTALEZA DE LA CASA DURREL El corazón de Cael se llenó de alivio cuando divisó en el horizonte los contornos familiares de su fortaleza. —Ya llegamos —anunció con voz suave y sus ojos fijos en las torres que se alzaban majestuosamente contra el cielo del atardecer. La imponente estructura se erguía como una joya incrustada en el paisaje, rodeada por las aguas cristalinas de un lago que brillaba como un espejo bajo la luz. Un puente de piedra antigua se extendía sobre las aguas, conduciéndolos hacia la base de una pequeña montaña donde el castillo se asentaba orgulloso. Aunque el camino que serpenteaba hacia la cima era empinado y con un camino algo irregular para quienes debían recorrerlo a pie, para ellos, con sus alas, la altura no representaba ningún obstáculo.

