MYSTRALYS: CASTILLO REAL DE LOS FAE En la intimidad de la lujosa habitación real del príncipe “heredero”, donde la luz entraba a través de los enormes ventanales que también servían como puertas para volar lejos de ahí, dos figuras descansaban en un momento de dulce intimidad. Sobre la amplia cama con dosel de seda, Adonys yacía acostado sobre el pecho del príncipe y futuro “rey” de Mystralys, disfrutando de la calidez de su cercanía. —Uno, dos, tres, cuatro, cinco... —susurró Adonys con voz juguetona, mientras sus ojos recorrían la piel suave de su amante. —¿Qué estás contando? —preguntó el príncipe Galamir con sus dedos entrelazándose suavemente entre los cabellos cobrizos de su amante en una caricia íntima. —Tus lunares —respondió Adonys con una sonrisa traviesa. El efecto fue inme

