La noche envolvía el camino al reino Esmeralda, y dentro de la carroza, Ofelia había perdido toda noción del tiempo. Las lámparas de aceite apenas iluminaban el interior mientras escuchaba a Acaz hablar como nunca antes lo había hecho. Su voz, usualmente firme, ahora revelaba una vulnerabilidad que ella jamás había percibido en él. Lo que estaba confesando parecía ser el secreto más oscuro de su vida, y se notaba en la manera en que evitaba su mirada mientras hablaba, en cómo sus palabras parecían costarle un esfuerzo enorme. La culpa era evidente en cada gesto, en cada pausa. Sin embargo, lo que más sorprendió a Ofelia fue su propia reacción. Mientras escuchaba sobre los actos del rey lobo, no encontró en su corazón el rechazo que quizás hubiera esperado sentir. Sí, él había matado. Hab

