MIENTRAS TANTO EN LA FORTALEZA El aire en el gran salón principal del castillo estaba impregnado de una mezcla de aromas: el olor de la sangre, el sudor y a su vez el reconfortante aroma del caldo caliente y el sutil perfume del vino. Los caballeros exiliados, que inicialmente habían protestado con vehemencia ante la idea de recibir ayuda, ahora se encontraban sentados en una ordenada fila sobre las largas bancas de madera de roble que bordeaban las mesas del salón. La situación, aunque incómoda por estar únicamente en ropa interior, se veía compensada por el ambiente de respeto y cuidado que emanaba de la princesa y el pequeño rey. Con movimientos delicados y precisos, Ofelia se desplazaba entre los heridos. Sus manos, aunque físicamente delicadas, mostraban la aspereza ganada por años

