Al terminar de sanarlo, Endrian le dedicó una sonrisa genuina, y luego se incorporó con renovada agilidad realizando una elegante reverencia, como habían hecho todos los demás antes que él. Sus pasos lo llevaron hasta donde Leila servía la comida no sin antes darle un último vistazo a Ofelia que siguió con el siguiente caballero Fae tratándolo con amabilidad y revisándole su cuerpo, este caballero también tenía flechas incrustadas. Cuando Endrian llegó frente a Leila, ella le llenó un tazón con dos generosos cucharones de estofado humeante, le entregó un trozo del pan recién horneado por Lia, y completó la comida con un vaso de vino tinto. —Deberías dormir —sugirió Leila con una honesta preocupación, notando las sombras de cansancio bajo los ojos de Endrian —. Luces cansado —hizo una paus

