Capitulo 3.

1875 Words
Danna. Mi vida siempre se basó en tomar malas decisiones, enamorarme de un hombre equivocado, porque escuchar sus falsas promesas de amor eterno fueron lo que me llevaron a hacer demasiadas cosas malas. Dieter apareció en mi vida cuando solo tenía veintiun años, era una tonta jóven que estudiaba en la universidad trabajo social y usó su belleza para encandilarme, solo quería un amor, esos que se ven en los libros y en las películas, solo que no todo es color de rosa, nunca terminas de conocer a la persona que está a tu lado, confíe en él hasta que me ví embarazada, secuestrada y torturada por dos personas que no estaban en sus sanos juicios. Seis meses estuve secuestrada, mi compañía era un pequeño bebé y el que creía en mi vientre, fueron días muy difíciles hasta que Madison llegó con nosotros, la había juzgado tanto y resultó ser ella la que nos salvará, la única que confío en mí, su familia me dió la ayuda necesaria para sobrevivir no solo con mi hija sino con Hunter, el hijo de mis secuestradores. Todos me dijeron que estaba loca por cuidar del niño, pero ni él ni Lucía tienen la culpa de los errores que tuvimos los adultos. — Mamá, ¿viste mi sudadera blanca? — la voz de Hunter me hace salir de mis pensamientos mientras preparo el desayuno. — Toma, cariño — digo al tirar la remera que él mismos había dejado sobre el sillón anoche. — Gracias mamá — responde al ponérsela. — ¡Mamá, no puedo! — chilla Lucía entrando en la cocina mostrando el desastre de su pelo. — Siéntate que ahora arreglo el desastre — aseguro apagando la cocina. Mientras le sirvo el desayuno a cada uno, me pongo a trenzar el pelo de mi hija mientras termino de revisar la tarea de Hunter, no es nada fácil ser mamá soltera de dos niños que se llevan nueve meses de diferencia, sin olvidar que debo dividir mis horas con mis hijos con el trabajo de asistente social que tengo en la fundación Meitzner y en el orfanato de Chicago. — Mamá necesito plumones nuevos — me recuerda Lucía mientras salimos del pequeño departamento donde vivimos. — ¡Mi mochila! — exclama mi hijo al darse cuenta que se iba a la escuela sin su mochila. — Hunter — murmuro negando mi cabeza. — Mamá los plumones — repite mi hija. — Lo sé, Lucía. Cuando salga de trabajar te los compro — aseguro mirando la hora en mi teléfono y ya sabiendo que llegaríamos tarde. Cómo todas nuestra mañana, siempre terminamos corriendo a la hora de entrar a sus clases y yo llegando tarde a mi trabajo, menos mal que Maddie es bastante permisiva y me entiende. — Cuidado — exclama una voz masculina cuando sin querer choco con él y mi teléfono vuela por el aire haciendo que caiga al piso. — ¡Mierda! — exclamo al agacharme y levantar mi teléfono viendo que la pantalla se hizo trizas. — Debería prestar más atención cuando camina — habla la misma voz haciendo que empiece a levantarme para encontrarme con el hombre ruso que me había devuelto a mi hija cuando quiso escaparse. Hace unos días Lucía me había dado un gran susto, como no pude comprarle una muñeca, se enojó conmigo y decidió huir en el auto de este extraño hombre que vino a la fundación a dejar una contribución solidaria. Cuando me di cuenta que ella no estaba casi me da un infarto, el primo de mi jefa que es policía justo estaba en ese momento, fueron los minutos más largos hasta que el desconocido con acento ruso volvió para devolverme a mi imprudente hija. — Lo siento, señor Sokolov — me disculpo avergonzada. — ¿La conozco? — inquiere frunciendo su ceño. — Mi hija fue la que se subió a su auto — contesto mordiendo mi labio inferior. Él me mira, baja sus ojos a mis labios y vuelve a levantar su vista mientras tensa su mandíbula, su penetrante mirada me hace estremecer además de sentirme incómoda. — Si la niña que se burlo de mis guardaespaldas — acota con media sonrisa. — Siento mucho lo que hizo y gracias por traerla de vuelta — digo algo nerviosa. No quería que me siga mirando de esa forma. — Debería cuidar mucho mejor a su hija — declara haciendo que abra la boca anonadada. — La cuido ... — — No se nota — contraataca chasquendo la lengua. — ¡Gauss! — exclaman y cierro la boca al ver a mi jefa llegar con una radiante sonrisa. — Hola Madison — la saluda. — Espero que Lena te haya hecho llegar la invitación — mi jefa me mira. — Hola Danna — ahora me saluda con un efusivo abrazo. — Vayamos a mi oficina así hablamos — agrega. — Lo siento Maddie, debo resolver algunas cuestiones — digo tratando de no sonar nada grosera. — Oh claro linda, ve — me responde. No quería estar cerca de ese maldito hombre que estaba juzgando mi manera de cuidar a mis hijos, se que lo que hizo Lucía estuvo muy mal, exponerse al peligro de esa forma y debía agradecer que nada malo le haya pasado, pero ese día se me había ido todo de las manos sobre todo al recibir esa demanda dónde la familia Koch, me quiere sacar a mis dos hijos, su posición económica es mucho más viable que la mía, aunque deba hacer cualquier cosa nunca dejaría que ellos me arrebaten a lo más importante que tengo en la vida. — Danna — dice una voz al atender mi celular. — ¿Si? — consulto confundida. Al mi pantalla estar destroza no podía identificar el número que me estaba llamando. — Quiero a mis hijos conmigo — dice y cuelgan automáticamente. Todo mi cuerpo tiembla, imposible esa voz, no. Él esta muerto, esto debe ser una broma. — ¿Estás bien, Danna? — me pregunta Bianca al verme apoyada sobre una de las paredes de la fundación. — Necesito agua — murmuro en shock. Él no puede estar vivo, fuí la que reconoció el cuerpo ese día y esto fue hace diez años. Debe ser una mala jugada de la familia Koch, no iba a dejar que ellos me destabilicen emocionalmente. — ¿Mejor? — consulta Bianca. La veo sentarse a mi lado y llevar su mano a su abultado vientre de seis meses. — Creo que si, me bajó la presión — miento. — Parecía que habías visto a un fantasma, ¿en verdad te encuentras bien? — comenta preocupada. — Sí lo estoy, Bianca — suspiro. — Solo un mal día para no desayunar correctamente — agrego con un intento de sonrisa. — Desde que estoy embarazada no puedo estar un minuto sin comer algo, siento que terminaré rodando y mi prometido no hace nada para detener mi hambre voraz — me cuenta haciendo que empiece a reírme. — Come — ordena al entregarme un paquete de galletas de chocolate. — Gracias Bianca — digo sonriendo. La familia Meitzner sobre todo Maddie y Bianca siempre han sido muy buenos conmigo, en el momento que más difícil estaba ninguna de ellas me soltó la mano, siempre estaré agradecida porque sin su ayuda no se que sería de mí y mis hijos. Después de recomponerme, tratar de no pensar en lo que había sucedido, me centre en volver a mi trabajo. Soy trabajadora social, mi rol en la fundación es preparar a las chicas para tratar la reinserción en la sociedad, cada una de estas mujeres día a día eran unas guerreras, no muchos tienen sus suertes, yo las entendía porque estuve de su lado, se lo que es pasarla tan mal que piensas solo en tu hijos. En el mundo debería haber más gente como Madison y su fundación que ayudan a todas las mujeres que sufren violencia de género, algunas que son rescatadas de la trata de blancas e infinidades de infiernos a la cual somos sometidas. — Mamá, mira — dice Lucia. La había venido a buscar a la escuela y debíamos hacer tiempo hasta que Hunter salga de sus clases. — ¿Qué? — le pregunto. Venía tan pensativa, tratando de ver cómo hacía para que la familia Koch deje de intimidarme, hoy nuevamente había recibido otra carta documento. — Mirá, es Gauss — comenta marcando al hombre que entraba al restaurante. El odioso ruso que me dijo que era una mala madre, de seguro no tiene idea de lo que es ser padre. — Déjalo — mascullo tratando de esquivarlo. — No mamá, él es mi amigo — exclama mi hija y se suelta de mi mano para correr hasta ese hombre. Mal día para elegir unos zapatos incómodos porque Lucía logra escabullirse y muero de la vergüenza cuando llega a la mesa donde estaba sentado. — No puede pasar, señora — me de tiene un hombre que al parecer trabaja en ese finísimo restaurante. — Mi hija está allá — marco mostrando a dónde está Lucía hablando con el ruso odioso y este levanta su vista para que sus ojos queden sobre mi rostro. — Déjela pasar — aparece otro hombre de n***o que intimida al que me detenía. Deja que camine hasta donde están ellos y me es inevitable no sentir vergüenza. — Lo siento, no vuelvas a escaparte más de mi lado, Lucia — la regaño. — Es Gauss, mi mamá no me cree que somos amigos — se justifica mi hija mirando al hombre. — No somos amigos y no deberías escaparte de tu madre, te dije que estaba mal — declara. — Pensé que eras mi amigo — murmura Lucía haciendo un mohin. — Un adulto no puede ser amigo de un niño, está mal visto. Una cosa es que seamos familia y otra muy distinta es que sea un desconocido, eso es lo soy. — agrega suspirando. Sin dudas este hombre no tiene hijos, no tiene ni tacto para hablar con los niños. — Vamos a casa Lucía — intervengo mirando a mi hija. — Debes cuidar mejor a tu hija — me habla directamente. — La cuido — respondo cabreada. — No se nota, es la segunda vez que se te escapa delante de tus ojos. Presta más atención — acota mirándome con esos ojos fríos. — No necesito que un extraño me diga si cuido bien a mi hija — siseo. — Por cuestiones así, el padre de tu hija podría quitarte la custodia. Eres descuidada y no prestas atención — agrega con convicción. — Mi papá está muerto — dice mi hija mirando al ruso. — Vámonos de aquí Lucía, no necesito que un extraño me diga si soy o no buena madre — digo muy enojada. Tomo la mano de mi hija, ella saluda al idiota y este me mira con una gran sonrisa, como si le divirtiera verme enojada o algo por el estilo. No necesito que este jodido desconocido me juzgo mi calidad de madre, se que no soy perfecta pero a mis hijos no les falta nada, tenemos lo justo y necesario para ser felices.
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