2. No te folles a mi madre

2346 Words
Me encuentro durmiendo tranquilamente hasta que me despierto por el ruido de mi celular, doy unas tres vueltas en la cama tratando de ignorarlo pero a la cuarta, cuando no se calla y de tanto rodar caigo en el piso, decido levantarme y tomarlo. —¿Qué? —hablo tras la línea sin siquiera ver quien llama. —No sé si así le hablarás a tu madre, pero a mi no me hables así —contesta Dylan tras la línea. —Me despertaste, así que más vale que me tengas que decir algo importante —sacudo mi cabello y paso mi mano disponible por mi rostro tratando de despertarme un poco. Un par de cachetadas deberían funcionar. —No, sólo quería darte los buenos días —mi rostro se desencaja y estoy a punto de colgarle cuando vuelve a hablar—. No, mentiras, es broma. Te llamo para avisarte que hoy mi madre hará una cena y quiere que vengas a cenar con nosotros. —A veces me siento como si fuese tu novia, Dylan —éste ríe detrás de la línea y como siempre, su risa alborotada me causa risa. —Si te soy sincero, creo que le gustas a mi madre —mi ceja se arquea y una risa incrédula se escapa de mis labios—. Así que nos vemos a la noche, papi. Cuelga la llamada así que dejo mi teléfono en algún lado de la cama y me acuesto nuevamente. El hecho de que puede que le guste a la mamá de Dylan es bastante extraño, pero tiene su toque gracioso. El padre de Dylan los abandonó cuando él era un bebé, su madre siempre se ha hecho cargo de él. Es una mujer joven y bastante agradable, para ser sincero. Y si Dylan no fuese mi mejor amigo seguramente me cogeria su madre. Pero no, hay que respetar. Lo de papi sólo se usa de chiste, de otra forma sería bastante extraño. Suspiro y me decido por dejar mi lado morsa y levantarme de la cama, asearme e ir a la cocina a comer algo, debido a que mi estómago me lo esta pidiendo a gritos. Me preparo un sándwich en la cocina y luego me dirijo al sofá para comer más cómodamente, pero al ver entrar a mi madre por la puerta, dejándome ver por unos segundos hacia la calle antes de que la puerta se cierre, dejó de comer y me pongo a pensar sobre lo que anoche vi por la ventana. La vecina, a quien por ahora nombraré como vecina porque no tengo ni puta idea de cómo se llama, yendo hacia el bosque muy tarde en la noche. Como buen chismoso entrenado que soy, no puedo evitar pensar, ¿Qué podría ir a hacer al bosque a esa hora? —¡Kilian! —exclama mi madre distrayéndome de mis pensamientos—. ¿Me vas a ayudar con las bolsas o te vas a quedar ahí sentado? —rápidamente dejó mi sándwich y la ayudo con las bolsas llevándolas hasta la cocina—. ¿Harás algo hoy en la noche? —me pregunta mientras me dirijo al sofá nuevamente a terminar mi desayuno. —Iré a cenar a la casa de Dylan, su madre me invito —digo bastante desconcertado sin poder quitarme la imagen de esa pequeña chica con ropa grande caminando de noche hacia el bosque—. Mamá, ¿Sabes el nombre de los vecinos? —pregunto dirigiendo mi mirada hacia ella, hace una mueca pensativa para luego negar con la cabeza. —No son personas muy conversadoras que digamos, Kilian. Se mudaron aquí hace varios meses y creo que sólo los he visto tres veces —asiento y le doy un mordisco a mi sándwich—. ¿A qué se debe tu pregunta? —Curiosidad —respondo encogiéndome de hombros, termino de comer mi sándwich y subo a mi habitación. Literalmente no sabemos absolutamente nada de los vecinos y este puede decirse que es un pueblo pequeño y bastante rural. La zona en la que viven es donde se encuentran las casas más grandes y ¿Bonitas? ¿Pretenciosas? Como sea, eso demuestra que son económicamente capaces. Entonces, ¿Por qué nunca salen de su casa? Nunca he conocido a personas adineradas que vivan en un pueblo pequeño y que no salgan de su casa. Y el hecho de que su hija se vaya al bosque tan tarde... Me hace pensar que quizás son sicarios que ganan dinero asesinando, se mudaron a este pueblo para esconderse porque la policía los busca y por eso no salen, pero aún así siguen trabajando, y su hija, la joven de la familia, es quien se encarga de esconder los cuerpos en el bosque, por eso eligieron un pueblo tan campestre para vivir y seguir trabajando. Aunque, cuando la vi cargando la bolsa de basura no parecía tan grande o pesada como para meter a un ser humano, así que... No deben ser sicarios, mi conspiración no tiene sentido. Entonces... ¿Cuál es su historia? (...) Me bajo de mi auto y toco el timbre de la casa de Dylan, espero unos segundos afuera hasta que me abre la puerta mirándome como si fuese estúpido. —Que tocaras el timbre de mi casa al principio de nuestra amistad demostraba que tenías educación... Pero eso era al principio, ya han pasado diez años, ahora demuestra que sólo tienes retraso o que te encanta molestar a las personas haciéndolas detener lo que sea que estén haciendo para abrirte la puerta —rio ante su comentario y entró a la casa cerrando la puerta detrás de mi—. Pude haber estado haciendo caca, y habría tenido que no se como detenerme para abrirte la estupida puerta. O su madre pudo haberme abierto o pudo haberme mandando un mensaje haciéndome saber que estaba abierto... No diré nada y lo dejare vivir su momento de histeria tranquilo. Dylan y yo hemos sido amigos por un largo tiempo, hemos pasado tantas cosas juntos que sinceramente si llego a perderlo no sé cómo sería mi vida. Antes solía quedarme a jugar con él hasta la cena, pero debido a que hemos crecido y ya no jugamos con nuestros juguetes en su patio, sólo vengo a su casa de vez en cuando a cenar, al paso del tiempo se nos ha hecho hábito reunirnos en mi casa, y estoy bastante seguro que la razón es porque en mi casa siempre hay más comida. Y a Dylan le encanta comer, sobretodo si no es comida suya. —Hola, Dana —saludo a su madre con un beso en la mejilla, ella me abraza y me devuelve el saludo, luego procedo y me siento en la mesa junto a Dylan. Para alguien que no conozca la situación quizás pensaría que es un poco irrespetuoso decirle "Dana" y no decirle "señora, Anderson" pero vamos, la conozco desde hace años y ya me ha repetido varias veces el hecho de que si le digo señora se siente vieja. —Oye —me dice Dylan tocando mi brazo, dirijo mi vista hacia él y escucho lo que va a decirme—. Eres mi mejor amigo, y te amo, bro, eres como mi hermano, así que... Por favor no te vayas a follar a mi madre —susurra sólo para que yo escuche, suelto una risita ante su notable preocupación—. Ten un poco de respeto, Kilian. —No pienso hacerlo, relájate —digo haciendo movimientos con mis manos negándolo completamente. —¿Y cómo van las clases chicos? —nos pregunta Dana mientras sirve la comida. —Todo normal —responde Dylan alzando las cejas y comenzando a comer sin siquiera esperarnos. Un clásico. —¿Qué tal tú, Kilian? —suelto un pequeño suspiro y me encojo de hombros. —Todo normal —respondo también, Dana tuerce los ojos y se sienta en la mesa con nosotros. —Vamos, chicos. Algo debe haber que no sea "normal" —dice comenzando a cortar su trozo de carne. —Bueno... —no sé si hablar de mi vecina sea un buen tema de conversación pero estoy seguro que ella no es algo normal, así que hagámoslo—. Si quieres hablar de cosas no normales, podemos hablar de mi vecina. Sinceramente me tiene un poquito obsesionado, creo, siento que no he parado de pensar en ella y sólo hemos hablado una vez. Ya hasta hablo de ella con Dylan y su madre. —¿Cuál vecina? —pregunta Dylan arqueando la ceja. —No la conoces, ni siquiera yo la conozco —admito llevando un trozo de comida a mi boca. —¿Entonces? ¿Como es ella? ¿Te gusta, hay algo de ella que te atrae? —pregunta Dana dándole un trago a su vino, niego con la cabeza haciendo una mueca. —No, no me gusta. Es sólo que, tiene una extraña mirada y también una extraña manera de actuar, hablé con ella como por dos minutos y siempre se mantuvo mirándome de manera aterradora. Además, la vi irse al bosque muy tarde y es... Raro. —¿La espías o qué? —pregunta Dylan—. ¿Ya le viste los pechos por la ventana de tu habitación? —¡Dylan! —exclama Dana, Dylan se encoge de hombros y luego ríe. —No... Sólo la he visto como dos veces, y créeme que en ninguna de esas ocasiones le vi los pechos. Usa ropa muy grande, ni siquiera sé si tenga pechos —Dana bufa. —Si es una mujer obviamente tiene pechos, así sean grandes o pequeños. Ahora, por favor dejemos de hablar de pechos, estamos comiendo, un poco de respeto, chicos l. —Si te pones a ver... Los pechos también pueden ser considerados como una comida —dice Dylan subiendo y bajando las cejas, rio. —No hables así en frente de tu madre, Dylan Alejandro —omito una risa y continúo comiendo. Después de cenar, hablamos omitiendo las partes "privadas" de la mujer, y después de platicar bastante y fregar los platos, me despido y me dirijo a mi auto para irme a mi casa. —Cuidado y en el camino te encuentras con tu vecina, mira que es tarde y al parecer sólo sale en la noche —me dice Dylan bromeando desde la puerta de su casa—. ¿Te imaginas que sea Dracula? —sacudo la cabeza descartando la idea y me monto en mi auto, enciendo el motor para luego arrancar y tomar la vía hacia mi casa. Coloco música y empiezo a tararear como de costumbre hasta llegar a casa. Me estaciono y antes de bajar del auto miro mi celular. Son las once en punto, alzó las cejas y le echo un ojo a mis notificaciones, al no encontrar nada muy interesante me bajo del auto. Achicó los ojos y trato de observar bien la puerta de la casa de al lado, alguien esta saliendo y por el tamaño de la ropa algo me dice que puede que sea ella. Y si, señorita no me sé su nombre sale y cierra la puerta, da tres pasos y luego cuando se da cuenta de mi presencia se detiene, me mira por unos segundos para luego ignorarme y seguir caminando hacia el lado contrario. —Hey —digo en voz alta tratando de que me oiga y se detenga. Tomándome por sorpresa lo hace y empieza a caminar hacia mi. —¿Qué? —es lo primero que sale de su boca al estar a unos pasos cerca de mi, que educada. No sé ni qué decirle así que digo lo primero que se me ocurre. —¿Cómo estás? —sonrio de lado a lo que ella responde arqueando una ceja como si no reconociera que esta pasando. —Al parecer no tan estúpida como tú —diablos, alguien al parecer anda en sus días—. ¿No te enseñaron a no hablar con extraños en la calle? —A mi no, ¿Y a ti? —se queda en silencio por unos segundos así que agrego rápido—: Al parecer a ti tampoco porque estás aquí hablando conmigo. —Si me enseñaron —responde con una expresión seria—. Pero cuando te prohiben algo sólo logran que te den más ganas de hacerlo —agrega dando unos pasos hacia mi mientras sus ojos me miran fijamente. —¿No sabes qué le pasa a las personas en la madrugada cuando no hacen caso? —pregunto con una media sonrisa dando yo un paso hacia ella, hace una mueca y se encoge de hombros, para luego ignorarme e irse, así como si nada—. ¡Espera! —digo lo suficientemente lto para que pueda oírme, pensé que me ignoraría, pero se detiene y se voltea—. ¿Cómo te llamas? —pregunto mirándola a los ojos, arquea una ceja y suspira. —¿No te enseñaron a no pedirle el nombre a los extraños? —pregunta con una expresión un poco graciosa, casi como si estuviese siguiéndome el juego. Aunque ni siquiera sé cuál es el juego. —Tal vez si me dices tu nombre no serás más una extraña —digo sonriendo, esperando una sonrisa de su parte. Cabe destacar que me quede esperando. ¡Diablos, Kilian! Me siento como el árabe intenso que le escribe a las mujeres como cinco "Hola" al día por i********: o f*******:. —Alaia —contesta luego de unos segundos con un tono de voz bastante bajo. Alaia... Es un lindo nombre, poco común, es la primera vez que lo oigo en mi vida. Desvió la mirada por unos segundos hacia mi celular al recibir una notificación y cuando la vuelvo a levantar ya no hay nadie. Desapareció como si nada y quien sabe por donde. Y debo admitir que lo hizo más rápido que un hombre idiota después que una mujer le dice que está embarazada.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD