Capítulo Tercero.

2127 Words
Liliana. Los recuerdos de la noche anterior bombardearon su mente con la fuerza de una docena de bombas nucleares dejándola más mareada aún y con el dolor de cabeza haciendose más fuerte. Sintió la boca reseca, no sólo porque su cuerpo exigía líquido sino que el bastardo frente a ella se encontraba vestido únicamente con un pantalón de chándal n***o colgando de sus caderas. El pecho musculoso con una leve capa de bello rubio la saludó junto con los ocho cudraditos en su abdomen y la V marcada que tanto la volvía loca en los hombres, perdiéndose dentro de los pantalones con la línea rubia en su pelvis. *¿Por qué estoy aquí?. Pregunto cruzando los brazos debajo de sus pechos libres, por fuera aparentaba una falsa tranquilidad, su interior era una masa licuandose llena de resentimiento y ese jodido deseo inundando sus partes bajas. Maximilian la traspasó con las retinas profundas cargadas de ira, se estremeció. ******** tan ebria que no podías ni mantenerte en pie, me pareció lo mejor antes de que cometieras una locura. ****** antes de que amaneciera en la cama de algún desconocido como pensaba hace unos minutos atrás. Lo hubiese preferido antes que estar aquí. El hombre dueño de sus pesadillas se giró hacia la sartén en el fuego, dándole la espalda. No supo si para ocultar la expresión de dolor que alcanzó a ver y la dejó descolocada, o para controlar la comida. Los músculos de la ancha espalda se contraian al son de su movimientos, si Liliana continuaba viéndolo no dudaría tirarsele encima, el tenía ese poder en ella, hacerla reventar de deseo. *¿Cómo supiste donde estaba?, y no me vengas con esa mierda de las casualidades, porque no te creeré. *** observé desde que llegaste, Liliana, casualmente el club al que ahora se asistes todos los viernes es de mi propiedad. Una exclamación se atasco en su garganta. No lo dudaba, la fotografía sólo era un hobby muy preciado para Maximilian, realmente era el dueño de una de las empresas inmobiliarias más grandes en América, con sedes esparcidas por varios países del globo. ***** tres años voy a tu club, al parecer ya es hora de cambiar de rumbo. Eso la cabreaba, amaba con su vida al club «Carioca Palas», se sentía en su país, ya que ella pertenecía a esa localidad de Brasil en la zona costera del Norte. Maximilian la observó, con una ceja alzada, su rostro en su típica expresión neutra. *¿Por qué huyes de mí, Liliana?. *¿Acaso me vez tirandome por el balcón?, ¿Corriendo como una loca por las escaleras de servicio, tal vez?. ****** que no me refiero a eso.********* la lengua, dirigiendo su mirada nuevamente al sartén.**** pasado tres años desde que desapareciste, y aún me sigo preguntando el porque de tu partida. Se tenso, no le gustaba el camino que estaba tomando la conversación, ya bastante tenía con su presencia para llamar a ese pasado doloroso también con las palabras. Prefirió hacer oídos sordos de aquellas palabras, sintiéndose fuera de lugar parada en medio de una cocina espaciosa con su pasado echo persona frente a ella, no tuvo nada mejor para hacer que remangar los puños de la camisa que le iba enorme. Dejo libre la piel totalmente cubierta por tatuajes hasta la altura de ambos codos, luego volvió a mirarlo, aún le daba la espalda, con la cabeza gacha observando el contenido de la sartén. *** cambiaste la ropa, te daría un buen puñetazo en este momento, pero no quisiera arruinar tu linda cara. Comentó con sarcasmo, necesitaba un maldito cogarrilo con urgencia, tenía la cajetilla guardada en su escote, había desaparecido junto con todas sus pertenencias, gracias a dios siempre llevaba una de reserva oculta en un pequeño bolsillo de su ropa interior. Levantó la camisa dejando al descubierto las bragas de encaje color n***o. *** ropa estaba llena de vómito al igual que yo, lamentó haber tenido la consideración d... Su voz se cortó en una exclamación ahogada junto con el sonido estridente del objeto de cocina anteriormente en su mano chocando contra el suelo, Liliana levantó la cabeza. La mirada cargada de deseo en aquellos ojos que todas las noches rememoraba en su mente la dejó sin aire. No pudo ocultar la tensión de su cuerpo, saco la cajetilla y la abrió, tenía cinco cigarrillos junto con un pequeño encendedor plateado. *¿Cómo carajos pase por alto eso?. ******** que estabas muy ocupado mirando otra cosa. Llevo el pequeño contenedor de nicotina a sus labios dispuesta a encenderlo. *** esta casa no se fuma. *** jodes, tu me trajiste, ese no es mi problema. No despegó la mirada de sus ojos cuando encendió el cigarrillo con desafío. Inhalo el humo y lo liberó de entre sus labios lentamente. No le gustaba estar con el, sentía muchas emociones bullir en su interior, aún estaba dolida y con el corazón roto, no olvidaría jamás lo que el le hizo. *** gustaría saber cuando te haz convertido en esta nueva versión de ti, ¿Dónde quedo la niña dulce que posaba para mi cámara?. Lo miro furiosa, apretando los puños, ella no quería hablar de ese tema y el lo sacaba a relucir a toda costa. Si quería verla cabreada lo haría. *** quedó en un estudio de fotografía un lunes a la una de la mañana. Ahí te encontré follandote a mi prima. Una sonrisa burlona adorno su rostro, disfruto demasiado la clara expresión de sorpresa en el rostro de Maximilian. *¿Tú nos viste?.*** voz le salió en un susurro entrecortado, el olor a quemado comenzó a esparcirse por la cocina.*¡Demonios!. Se giro para apagar la cocina, Lily aprovechó se acercó sigilosamente hasta quedar a su espalda, dio otra calada al cigarrillo. ****** que los vi, tenía una sorpresa preparada para mi primera vez con el hombre que amaba. Pero la sorpresa me la lleve yo.* Se dio la vuelta estupefacto, estaban demasiado cerca. El con una expresión horrorizada y ella con una sonrisa triunfal, cuando expulsó el humo levantó su cabeza para que este diera justo en su cara.********* una llamada, no soporto un segundo más en tu presencia. Se dio la vuelta dejandolo en la cocina para que digiriera sus palabras, disfruto haciéndolo sentir dolor, no se comparaba con el que ella aún sufría pero al menos era algo. Llegó a su objetivo justo en medio del salón, un teléfono fijo que había visto en su recorrido anterior, lo tomo con la mano libre y marco el único número que se sabía de memoria. Tres tonos después la voz somnolienta se filtro por el auricular. *¿Diga.? *******, soy yo. *¡Joder, Lily!, ¡¿Dónde demonios estas?!. Sintió la presencia de Maximilian detrás de su espalda, lo ignoró. ********, cariño. Estoy bien. Necesito que me vengas a recoger por favor. *** creas que te vas a salvar de la diarrea verbal, Señorita. Dime donde y en este momento salgo para allí. Sonrió al escuchar el tintinear de llaves, le pasó la dirección plasmada en una factura encima de la mesa a nombre del demonio. Estaba a diez minutos de su casa. Cuando corto la llamada y depositó nuevamente el teléfono en su lugar aún la sonrisa no se borraba de sus labios. *¿Es tu novio?. *** es tu problema, necesito mi ropa. Sus facciones se endurecieron, podía ver la rabia en sus retinas, no le importó. Si no se alejaba de el lo mataría o se lo llevaría a la cama. No supo que opción era peor. *¿Sabe que le eres infiel?. *¿Acaso tienes un tapón de cerilla en los oídos o qué?. Necesito mi jodida ropa. Si el quería pensar que Oliver era su novio ella no lo negaría. No tenía porque darle explicaciones. *** tiré. *****. Te mandaré las cenizas que queden de tu camisa después de meterla en mi estufa. Adiós, espero no volver a ver tu asqueroso rostro. Se encaminó al pequeño ascensor frente a ella presionando el botón grisáceo, el bastardo vivía en un PenthOuse. Nunca espero el agarré tibio pero firme que apretó su brazo con delicadeza, mandando millones de choques eléctricos a través de su piel. No giró a mirarlo, si lo hacía la coraza en su interior se haría trizas. ******* explicarte lo que pasó aquel día Liliana, no es lo que parece, yo no sabía quién era ella. Se giro bruscamente con los ojos cristalinos llameando en rabia y dolor. *¡No quiero tus malditas explicaciones, no quiero volver a ver tu jodido rostro!. ¡¿Es qué no lo entiendes?! Le gritó haciendo doler su garganta, la respiración se le alboroto haciendo que su pecho subiera y bajará con rapidez, contuvo las lágrimas. Maximilian había dado un paso hacia atrás ante su arrebató de ira, mirandola sorprendido por unos segundos, su expresión cambio por una de enfado, traspasando su cuerpo con aquellos encantadores posos esmeraldas. El agarré en su brazo seguía allí, haciéndola tener sentimientos contradictorios. Su cuerpo quería tenerlo cerca, pero si mente se negaba, recordando todo el dolor y la angustia de los años pasados, donde el no estuvo con ella. *** una lástima, para tú desgracia nos vamos a ver mucho a lo largo de este mes. Soy el fotógrafo para la boda de mi hermana, no lo olvides. La saltó al momento en que las puertas se abrieron frente a ella. Entró a la caja de metal, clavando una mirada helada en las retinas esmeraldas. *** me interesa declinar este evento con tal de no volverte a ver jamás, ya no soy la niña inocente que manejabas a tu antojo, tu me ayudaste a ser lo que soy ahora, una maldita perra que no dudará en destruirte si te vuelves a cruzar en mi camino. Tenlo presente. Su voz sonó dura y helada como el hielo, no supo si fue su imaginación, pero antes de que las puertas se cerrarán creyó ver una mueca de dolor en su rostro. Negó presionando el botón de planta baja, cuando comenzó a descender se dejó caer contra la pared de metal sintiendo la herida en su corazón a carne viva, las lágrimas picando por salir de sus ojos. No las dejo, no volvería a llorar por el, no lo merecía. «No puedo verlo más, pero si dejo este evento perderé mi ascenso.» O perdía su cordura, o su empleo. La decisión era difícil. Descendió con rapidez abriendose las puertas frente a una recepción elegante, a rebosar de clientes. El mínimo de sus problemas fueron las centenares de miradas que se pegaron a ella cuando salió del ascensor con sólo una camiseta cubriendo su cuerpo hasta sus muslos, no prestó atención, había perdido la vergüenza hacia muchos años atrás, no le importó que la gente pensará que se le había safado algun tornillo, camino con la barbilla en alto hasta la puerta de cristal saliendo a la calle recibiendo docenas de miradas más, algunas cargadas de deseo y otras de estupefacción. Estaba dando un buen espectáculo. Agradeció el clima caluroso, al menos no se estaba congelando. Busco con la mirada el Mustang azul oscuro de su amigo, no tardó en encontrar el lujosos deportivo aparcado a unos pocos metros de allí, camino descalza hacia el y se montó. La expresión de Oliver fue todo un poema, con la mandíbula casi rozando el suelo, la repasaba de arriba hacia abajo congelado en su lugar. Liliana se colocó el cinturón de seguridad, con la cabeza a punto de explotarle, le dirigió una mirada a su mejor amigo. *** preguntes. El pelirrojo alzó las manos cambiando su expresión por una mala imitación de la típica pocker face. *****, no es como si me diera curiosidad que mi mejor amiga se suba a mi auto con sólo una camiseta de hombre y los pies descalzos. Ah y en pleno centro de California a las diez de la mañana, valga la redundancia. Cosa de todos los días. Comentó con sarcasmo, Lily apretó el puente de su nariz y bufo. *¡Oliver!. *** siento si me interesa saber porque parece que un vagabundo con gustos caros te trago, para luego escupirte. ***** arranca el maldito auto. Dándose cuenta del humor de Liliana su mejor amigo hizo lo que le pidió, incorporandose con velocidad en la avenida. Lily encendió un cigarrillo y suspiro. «Necesito una dosis enorme de chocolate antes de entrar en pánico.»
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD