Capítulo Séptimo.
ADVERTENCIAS ; ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENDIO EXPLÍCITO, ESCENAS S3XUALES.
LEER BAJO SU PROPÍO RIESGO.
Liliana.
¿Estaba nerviosa?, hasta los cojones.
No lo demostraba, al contrario se metió en el ascensor sin titubear marcando la planta numero diez.
Estaban solos y podía sentir la mirada de Maximilian recorriendola de arriba hacia abajo. Lo miro a través del espejo del ascensor, observando el momento justo en que alzaba la mano pasando sus dedos por la terza piel de su brazo.
Cada parte de su cuerpo se erizo con el contacto, como si ese dedo hubiera pasado por lugares que yacían dormidos con anterioridad. No pudo evitar que su imaginación volara, pensando en las sensaciones que el le hacia sentir solo con un roce, pensando en que podría sentir con otras clases de caricias y en otros lugares…
Nego con la cabeza, apartando la mano juguetona con un chasquido de lengua.
¿Quería apartarlo?, malditamente no.
—No tocaras, no hasta que yo lo diga.
No se giro, las miradas deseosas se encontraron por el espejo, su interior se había convertido en una masa licuada. Una masa que lo único que quería era desnudarse allí mismo y entregarse a el, en aquel ascensor donde cualquier persona podría subir en cualquier momento.
Se pregunto que clase de locuras podían cometerse llevadas por la pasión.
—Tus deseos son ordenes, Liliana,
¿Podía una voz ser la cosa más erótica del maldito mundo?, Sí, si que podía y el dueño tenia nombre y apellido.
El trasto mecanico llego a su destino con un audible pitido, bajo con rapidez encontrándose en un elegante pasillo tenuemente iluminado. Por más que Maximilian se encontrara a su espalda, podía sentir su presencia como una nube gigante ocupando todo, dejandola sin respirar.
Pensó que aquella sensaciones se irían después de este encuentro, que el interés moriría entre ellos o al menos en ella. Lo pensaba y lo deseaba mientras introducía la tarjeta magnética en la ranura de la puerta.
La abrio, encontrandose una habitacion espaciosa, oscura, de color vino.
Solo había una enorme cama en medio, una tarima elevada, con un tubo de hierro horizontal del suelo al techo. Los empleados habían acomodado una silla frente a la tarima, estaba todo como ella lo pidio.
—Sientate.
No dio lugar a replicas, Maximilian la miro extrañado, sin embargo, sus orbes desbordaban deseo mientras pasaban por cada espacio de la habitación.
—Hay una simple regla que tienes que seguir si quieres que esto no termine. — Se dirigió a un estante donde un estereo esperaba paciente. — No me tocaras, no te pararas de esa silla hasta que yo te lo diga. Si desobedeces me ire de la habitación y esto se acabara entre nosotros.
Le sonrió con malicia, como si no estubiera colmada de panico por dentro.
Max se quedo en silencio un segundo, sin quitarle los ojos de encima.
Solo tubo un asentimiento de su parte, vio las manos masculinas colocarse en los muslos con los puños apretados, conteniendose.
Satisfecha con su respuesta se dio la vuelta, apagando las luces en su totalidas, dejando solo una de color carmesi, dandole un toque erotico a la habitacion.
Que comience el juego.
Fue lo ultimo que pensó antes de darle play al mando.
La tonada sensual se sintió en cada rincon del cuarto, en cada rincon de su cuerpo.
¿Realmente estoy a punto de hacer esto?
Se subio a la tarima, cerrando los ojos, dejando que la musica la penetrara y comenzó a bailar.
La voz de Bishop sono con una tonada sensual, al son de sus caderas.
Como un río, como un río,
cierra la boca y recórreme como un río.
Mirandolo a a los ojos recorrió su cintura, enganchando los dedos en el bordillo del vestido, sacandoselo con lentitud.
La mirada de Maximilian se incendio como una bomba nuclear, recorriendo cada porcion de piel expuesta, recorrriendo las piernas envueltas en unas medias de encaje, los ligueros subiendo por sus muslos hasta parar en su tanga de encaje, el bralette n***o cubriendo lo justo y nesesario.
Sin quitarle la mirada de encima tomo el tubo de hierro, acercandose a el con las piernas entreabiertas, agachandose hasta el suelo, subiendo con la pelvis pegada al frio metal.
No le quito la mirada de encima en ningún momento, complacida con las manos apretadas hasta hacer que las venas se marcaran en cada porción de piel.
Su mirada la quemaba, la incitaba a moverse con más sensualidad entorno a l tubo, se imaginó que bailaba con el, rozando cada parte de su cuerpo, haciendo que la humedad impregnara el tanga.
“No digas, no lo digas.
No digas, no lo digas.
Un solo aliento lo romperá,
así que cierra la boca y recórreme como un río”
Bajo de la tarima a paso lento, sin dejar de moverse. Sin dejar de mirarlo se acerco a el, abriendo las piernas para sentarse encima. La dureza que conecto con su parte más sensible la hizo gemir de placer.
Las manos de Maximilian se cerraron alrededor de su cintura, apretando la carne con fuerza.
Contuvo otro gemido de placer, acercándose a su oreja, aspirando el aroma de su loción cara. Almizcle, pino, frescura.
—Niño malo. – Chasqueo la lengua, observando los vellos de la nuca erizarse. —No tocaras hasta que yo lo diga.
A regañadientes quito las manos de ella, apretando sus pantalones.
Salio del refugio del cuello, colocándose de frente a el. Mirandolo largamente, los orbes nublados, la nariz aguileña, los labios apetecibles y rojos como manzanas dulces.
Se acerco lentamente, aspirando el calido aliento.
Los labios chocaron, en un beso que la consumió hasta reducirla a cenizas. En un beso que hizo ir a la mierda el control, dejando que el deseo los gobernara.
Un gruñido varonil hizo eco por el amplio pecho, antes de que el hombre se alzara de la silla con ella horcajadas. Su espalda choco contra la pared, el bulto de sus pantalones se le clavo en el c******s como una promesa de lo que estaba por venir.
—Hoy no puedo mantener el control, Liliana, Me vuelves loco, me haces desear follarte cada maldito minuto del día. – Bajo una mano, colocándola por encima del encaje, moviendo en circulos sobre su montículo vicioso. — Te probare hasta que nuestros cuerpos caigan exhaustos.
Volvio a apoderarse de su boca, llevandola a la cama donde deposito su cuerpo con suavidad en las sabanas.
Alzo la cabeza mirándolo, mirandolo bajar lentamente hacia su tanga.
Sabia lo que estaba a punto de suceder, y lo deseaba desde el momento en que lo vio.