Theo despertó con unos besos y manos adorando su cuerpo. Soltando un suspiro, estiró sus extremidades y bostezó antes de apegarse más al cálido cuerpo a su espalda. —¿Mi dulce corazón ya se despertó? —preguntó una deliciosa voz cerca de su oído, repartiendo besos a lo largo de su cuello. —¿Qué hora es? —preguntó con voz somnolienta y cansada. —Las once de la mañana —respondió Hayes. Abriendo sus ojos, Theo los restregó antes de darse vuelta para enfrentar a su muy desnuda pareja con las sabanas cubriendo solamente su cadera. Agitando suavemente su cabeza, observó el rostro de su sheriff. —¿No tienes que ir a trabajar? —preguntó. —¿Y dejar a mi pareja abandonada después de haber hecho por primera vez el amor? —exclamó—. Claro que no —pronunció besando sus labios. —Uhm, eres dulce —so

