Aun sintiéndose satisfecho, Guillermo quisiera poder volver a unirse con su esposa. Hacer el amor con ella siempre será su delirio. Luciana traga saliva, se recuesta de lado y le dice:
—¿Acaso te crees, Hulk? - cuestiona con una sonrisa traviesa. —No puedes detener la fisiología del cuerpo humano.
Dice refiriéndose a la renuencia de su marido de llegar al orgasmo cuando hacen el amor. No importa cuánto tiempo él lleva dentro de ella, nunca querrá salir.
—Si bueno, debería haber una manera natural para no tener que salir una vez que entras al lugar que deseas.
Afirma volteando a verla. Él estaba enfocado en el espectacular cuerpo de ella, así que no se había percatado de su rostro. Guillermo sabe que Edward descubrió lo mismo que él hace años. Aunque ella no tenga los rasgos más finos del mundo, con tan solo su mirada de chocolate, junto a su cautivadora sonrisa, envuelve a cualquier hombre en su red. Claro que los estragos de la madurez se visualizan en ella, pero para el caballero que la observa en esos momentos, no tiene relevancia.
Guillermo extiende sus manos y lleva un mechón del cabello de Luciana hacia detrás de su oreja. Ella cierra sus ojos, sintiendo la suavidad de las manos de su marido. Algo contradictorio, ya que a él le gusta trabajar directamente en las obras y sus manos parecen ser ásperas; sin embargo, ella siempre las ha sentido como una pluma que la acaricia.
—¿Por qué quieres entrar al quirófano? - cuestiona Guillermo con suavidad, sin querer arruinar el momento. Ella, que estaba a punto de dormirse, mientras era acariciada, abre los ojos de repente, sin entender cómo su esposo obtuvo la información. —Por favor, no te molestes, no te estoy reclamando, mucho menos exigiendo que no lo hagas - se apresura a decir en tono bajo. —Fui a buscarte en tu oficina, no estaba Laura en su puesto, así que me atreví a entrar. Me encontré extraño ver tu agenda abierta en tu escritorio. Sé que eres muy delicada con tus cosas, la quería cerrar, pero para mi mala suerte, allí estaba escrita la fecha con un famoso cirujano plástico. Bueno, no pude evitar llenarme de interrogantes.
Termina de expresar esperando que ella no reaccione molesta y se aleje de él. Solo quiere entender el motivo por el cual una mujer como su esposa quiere someterse a esos procedimientos estéticos. Luciana vuelve a recostarse con la mirada hacia el techo y antes de hablar, respira profundo y dice:
—Después de dos partos y que uno de ellos fuera por partido doble, obviamente, mi cuerpo no quedó igual. Luego llegan los cambios físicos de los años y… bueno, tú no has cambiado mucho - le revela.
—¿Yo te hice dudar de tu cuerpo?
Pregunta en tono horrorizado. Jamás se perdonaría haber caído en eso. La admiración y respeto que siente por Luciana va más allá de lo físico, así que eso nunca fue el punto principal para amarla.
Ella agranda los ojos y voltea a verlo. Nunca percibió tal cosa de él, ese era uno de sus dilemas, el que Guillermo pareciera que no observaba sus defectos. Así que se le hacía difícil conversar con él sobre cómo se sentía al respecto. Se siente como una tonta al sentirse de esa forma a su edad, pero no lo puede controlar.
De hecho, su repentina idea de pasar por un quirófano, sin necesitarlo, llegó tras una noche de intimidad con Edward. Obviamente, no le dijo que no le gustaba su cuerpo, ya que no tendría sentido que él estuviese con ella. Más bien dijo, y lo cito textualmente: “es extraño para mí estar con una mujer que ya haya tenido hijos”. Al parecer, el elegante hombre de acento británico, ya ha tenido su roce con mujeres mayores que él, solo que ninguna había pasado por un embarazo y todo lo que conlleva uno.
Los hombres tienen la habilidad de hacer comentarios que, aún no sea su intención, se vuelven un arma letal para una mujer.
—¿Qué? Claro que no… no tiene que ver contigo - comenta avergonzada. Él la sujeta por la barbilla y le dice:
—Luciana, ninguna persona tiene derecho de meterse con tu cuerpo, el que te ama lo hará con cada marca que refleje - comenta y pasa sus manos por el vientre de ella. —Cada una tiene un significado maravilloso del cual debes sentirte orgullosa. Ninguna mujer se comprará contigo, Luciana María Vargas. Y espero que hayas escuchado bien cuando digo ninguna.
Él no deja que ella responda, se inclina para besarla y antes de que sus labios se unan, el celular de Luciana empieza a sonar. Sorprendida, ella se aparta de Guillermo, intuyendo quién es que la llama. Él, con la mirada, intenta decirle que no lo tome; sin embargo, no lo hace.
—Puede ser una de las niñas - comenta a sabiendas de que no es así. Sabe que es Edward, igual como lo sabe Guillermo. Ella se levanta y corre hacia la mesa donde está su celular. Allí confirmó su sospecha. —Hola, perdón, por no llamarte antes, estaba… - se detiene, traga saliva y ve hacia el mueble donde ve que su esposo se incorpora, mientras la observa. —Se escucha entre cortado, te llamaré en unos minutos, déjame buscar señal - dice y cuelga.
—Qué irónico, ¿no? Hoy estamos engañado a nuestros amantes.
Comenta tratando de ocultar su rabia. Ella intenta acercarse a él, pero Guillermo da un paso hacia atrás.
—Guillermo, yo…
—Ve, habla con él. Qué lo que pasó en ese mueble... - dice y señala el lugar donde momentos atrás se dejaron llevar del deseo —Que eso no te impida continuar con los planes que claramente ya tenías. El haber tomado esa llamada me hace entender que tú, ya tomaste una decisión.
Termina de decir, recoge su ropa del piso y camina hacia las escaleras. Ella intenta ir tras él, pero su teléfono vuelve a sonar, esta vez con un mensaje de su amante. Ella suspira, mientras se pregunta qué puede hacer para tener paz en medio de esta tormenta. Lo único que le queda es subir a su recámara, y al igual que Guillermo, encerrarse allí hasta que baje la marea.
Y de esa forma, damas y caballeros, es como dos personas, pueden subir al cielo para luego bajar y caer en el mismo infierno. Si me preguntas: ¿Quién es el culpable? Sería difícil saberlo, pero, ¿qué crees tú?