Horas más tarde, luego de que saliera del consultorio de su terapeuta, Luciana se dirigió hacia su casa, ya con un peso menos que cargar en sus hombros. Se siente más ligera y con más ánimos que nunca. Es como si a sus cuarenta y cuatro años la vida se le reiniciara por completo. Claro, aún le falta un paso más que dar; sin embargo, reconoce que ha avanzado lo suficiente como para ir sonriendo dentro de su auto, mientras escucha Viva La Vida de Coldplay. Toda una playlist de canciones inspiradoras creada por su hija Ámbar, la futura música de su familia.
Luciana baja del auto, una vez que se estaciona en frente de la mansión Draco Vargas, le da las llaves a uno de los empleados para que lo guarde, y sin perder el brillo de su rostro, avanza hacia el interior de la deslumbrante propiedad. Espacio que la pareja decidió vender una vez que terminen de construir su nuevo hogar. Será un lugar más reducido y armonioso para ellos. En pocos meses las gemelas terminarán la escuela y se mudarán lejos del país, así que quedarán solo ellos dos, bueno, no tan solos.
—Hola, mamá - saluda Jade al ver a Luciana. —Parece que te fue bien en la terapia, tienes un nuevo brillo - dice la jovencita con una sonrisa.
Luciana se acerca a Jade y sin decirle nada la abraza para luego llenarla de besos. Nunca responsabilizará a sus hijas de su felicidad, no piensa llenarlas con esa carga. No obstante, la arquitecta se siente completamente feliz, gracias a ellas y al coraje con que cada una soportó su batalla interna, sin presionarla.
—Te amo, chiquita. Nunca olvides eso, ¿sí? - le expresa sin soltarla.
—No lo haré, mamá - responde, dejándose apapachar de su madre.
—Yo también, quiero.
Se le escucha pedir a Ámbar, quien baja las escaleras también sonriendo. Ella siempre se mantuvo en silencio para no cargar más a su familia de inconvenientes. Así que se siente aliviada de que, por fin, todos tienen un respiro.
Luciana extiende sus brazos para cubrir con ellos sus gemelas. Es un momento único que todas atesorarán por siempre.
—Y su hermana - pregunta ella una vez que deja de abrazar a sus hijas.
—Está en el estudio con papá, ambos discuten por un nuevo diseño - le informa Ámbar.
—Sí, Papá dice que hay que mover una línea medio centímetro, mientras que Esmeralda se niega hacerlo. Dice que ese medio centímetro arruinaría todo un plano. Tu hija está loca mamá.
Expresa, Jade, sin entender por qué su hermana es tan primorosa con su trabajo, así como lo es su madre. Luciana ríe, por el comentario de su hija.
Esmeralda sacó muchas de las aptitudes y actitudes de ambos padres. Es como tener a Guillermo y a Luciana en un solo cuerpo. Por eso deja que su esposo trabaje directamente con su hija y más ahora que necesitará toda la calma que exige su estado. De hecho, considerará su retiro temporal de la constructora.
—Jovencita, no hables así de tu hermana - dice Luciana fingiendo reprenderla. —Ella solo es muy apasionada a su trabajo, igual que tú - dice tocando la nariz de Jade. —Y que tú - también hace la misma acción con Ámbar.
Mientras madres e hijas interactúan muy felices, Guillermo y Esmeralda sostienen una divertida discusión al salir del estudio.
—Ya me escuchaste, jovencita - dice Guillermo mientras camina por el pasillo.
—Señor Draco, no moveré la línea, usted es el ingeniero, así que ingenie la mejor idea para hacer exactamente lo que plasme en mí…
Esmeralda detiene sus palabras al visualizar a su madre y hermanas en medio de la sala. Tanto ella como su padre se dirigían hacia el comedor, ya que tendrán un almuerzo familiar. La joven sonríe y corre hacia su madre para abrazarla como si tuviese años sin ver a su heroína. Aunque ninguno se imagina por lo que ha pasado ella, todos sienten la necesidad de cuidarla y demostrarle cuánto la aman.
—Hola, mamá, qué bueno que llegaste.
Le expresa con voz de añoranza. Luciana sonríe y le da un beso en la cabeza. Todo aquello pasa, mientras Guillermo ve con amor la escena de su familia reunida.
—También, estoy feliz de verte, tesoro - le dice, mientras acaricia sus mejillas. —Pero, jovencita, esas no son formas de hablarle a tu padre, y si moverás esa línea, ¿de acuerdo?
—Pero mamá… - habla esmeralda intentando reclamar, pero la mirada de advertencia de su madre la detiene. A Esmeralda solo le queda reír y asentir. —Está bien. Lo siento papá.
Dice y va hacia su padre para abrazarlo. Guillermo la recibe encantado, ama que sus hijas sacaran todo, absolutamente todo, de su madre. Así que nunca se molestaría con su primogénita por ser una joven de decisiones firmes y certeras.
—Bien, vamos a prepararnos para almorzar, tengo mucha hambre - dice Luciana. Sus hijas asienten y se van para lavarse las manos.
Guillermo, quien a pesar de no comentar nada al respecto, se sentía nervioso por la consulta individual con la terapeuta. Está dispuesto a poner todo de su parte; sin embargo, la sensación de pérdida es algo que no lo quiere volver a sentir. Le aterraba la idea de tener que escuchar que lo mejor para ambos es separarse. Lo que el hombre no sabe, es que esa etapa ya se superó.
Luciana intuye la inquietud de su esposo, se acerca a él, rodea sus brazos por su cuello y le da un corto, pero intenso beso, uno que logra aplacar los temores del hombre.
—¿Cómo te fue?
Le pregunta distinguiendo en ella un brillo especial en su rostro. Luciana sonríe, mientras acomoda su cabeza en el pecho de Guillermo, uno de sus lugares seguros.
—Maravilloso. Aunque fue la sesión más difícil de afrontar, donde tuve que soltar todo; aun así, fue la más sanadora. ¿Y sabes de qué me di cuenta? - le pregunta. Guillermo acaricia la espalda de Luciana mientras hace un sonido de negación. —Que te amo más de lo que en realidad imaginé - le confiesa y levanta la cabeza. —Perdón por no siempre ser tan sincera contigo y ponerte en una situación que…
—Mi reina, ya hablamos de eso, tú no tienes que pedirme perdón.
—Lo sé, pero escúchame, quiero ser sincera contigo y contarte lo que en realidad me pasaba, y digo pasaba, porque ese dolor, esas dudas, ya no están - declara suspirando. —Pero ahora quiero tener un lindo almuerzo con las personas que más amo en este mundo, así que lo demás puede esperar.
Él sonríe, asiente y termina besándola. Guillermo se va hacia la cocina a informarles a las empleadas que comerán en el jardín, mientras Luciana sube a la alcoba, que ya empezó a compartir con su esposo, para refrescarse. Tiene pensado dejar para más tarde su confesión.
Unos minutos después, los Draco Vargas se sientan en la mesa del exterior, a saborear los filetes más jugosos. El ingeniero se deleita al ver cómo su esposa y su hija, Jade, están degustando sus platos repletos de comida. Por un tiempo ambas perdieron su apetito, así que el hombre da gracias porque lo han recuperado, aunque la arquitecta lo ha hecho por partido doble. Y de esa forma, disfrutan de una tarde en familia, entre risas y divertidas anécdotas.
El mismo día, en la noche…
Luego de que la familia pasara una hermosa tarde, al caer la noche todos se fueron a sus recámaras a descansar. Esmeralda, a pesar de tener su propio apartamento, decidió vivir una temporada con ellos, hasta que la nueva casa que construirán sus padres, cuyo diseño está a su cargo, esté lista y las gemelas partan en busca de un nuevo horizonte.
Así que mientras la noche aprecia a todos con su belleza, Guillermo se encuentra sentado en el balcón de la habitación junto a Luciana. La vista que tienen al frente es espectacular. La arquitecta le dedicó mucho tiempo a cada rincón de la propiedad para el disfrute de su familia. El pasto verde, las flores coloridas, los árboles frondosos y el cielo estrellado. Aunque ella no sea la responsable de lo último, logró que se viera como el techo de su gran mansión.
—Mi amor - dice Luciana cortando el silencio, mientras tomando las manos de Guillermo. —Quiero que me estuches con atención, y por favor, no me interrumpas. Necesito que sepas esto y que me sigas brindando tu amor y comprensión, solo necesito eso, ¿bien? - él asiente sin poder evitar que los nervios invadan su cuerpo. —Bueno, esta es la parte de mi historia que aún no sabías…
Ella respira profundo y comienza a relatarle lo que vivió hace veintiocho años. Mientras lo hace, Guillermo intenta guardar la calma, sin embargo, la rabia lo empieza a consumir por dentro. Él se juró protegerla, desde antes de comprender por completo el significado de la palabra. Por muchos años pensó haber logrado su objetivo, pero resulta que su esposa le está confesando que no fue así. Que falló y dejó que un hombre tan ruin como su padrastro la lastimara.
Del otro lado, se encuentra Luciana, reflejando tranquilidad al revelar lo sucedido. Con la expresión de su esposo y la forma en la que empuña sus manos, ella puede darse cuenta de que le está doliendo escuchar que fue ultrajada. No obstante, era necesario que él supiera la verdad y así empezar desde cero. No le está siendo fácil, pero sí muy liberador.
Su renuencia de contarle la verdad estuvo ligada al miedo de que él tomara represalias. Ella sabía que él nunca se iba a perdonar si le decía que, justamente el día que le pido, que se quedara a su lado y que no fuera aquella entrevista de trabajo, fue el día que le hicieron daño. El sentimiento de culpabilidad, nuca, hubiese abandonado el cuerpo de Guillermo. Ahora, con las técnicas aprendidas en terapia, aquel sentimiento se podrá manejar.
—Yo no…
Guillermo intenta hablar, pero no sabe qué decir. La impotencia le corroe el arma, aunque no lo quiera, no puede evitar que su mente recree la fatídica escena de su esposa siendo violentada a su dieciséis. Él se levanta de su asiento y se apoya en el muro de concreto del balcón, mientras mira hacia lo lejos.
—Perdón - él vuelve a hablar, intentando guardar la calma. —No debí irme, me dijiste que me quedara y yo no lo hice.
Otra cosa que el hombre no puede evitar es que las lágrimas se le escapen. No quería dejarla sola aquel día, pero tenía que ir a esa entrevista. Tenía que comenzar a hacer relaciones en el mundo de la construcción para darle la mejor vida a la novia que se había convertido en su adoración. La entrevista era con un reconocido ingeniero de la época, quien lo dejó trabajar como obrero y luego lo ayudó a escalar.
Gracias a la amistad que construyó con aquel hombre, Guillermo y Luciana entraron a la universidad. Y cuando este se sentía cansado, le vendió su empresa, la cual cambió su nombre a Constructora Draco&Vargas y se convirtió en la más exitosa del país y una de las más reconocidas a nivel internacional. No obstante, hubiese cambiado todo eso, de haber podido evitar que la agredieran.
Luciana se levanta y lo abraza por la espalda. Ella hubiese querido tragarse su dolor para no causarle uno a su esposo, pero entiende que una nueva vida no puede construir ocultando secretos.
—Aunque no lo creas, el habértelo dicho, me ha dado paz, debí decirlo antes; sin embargo, no quería que el sueño de darme el mundo se te fuese arrebatado. Mírame…
Ella lo suelta y deja que él dé la vuelta. La altura de su esposo es tan imponente que asustaría a cualquiera, me nos a ella. Luciana acuna el afligido rostro de Guillermo y le vuelve a hablar…
—Nuestras hijas están bien. Esmeralda por fin comenzó a trabajar con nosotros. Ámbar se ha vuelto una hermosa parlanchina y Jade, nuestra flor, ha vuelto a florecer. Y lo que respecta a mí, bueno, yo estoy bien y con ganas de volver a comerme el mundo como lo hacíamos antes. Claro, tendré que tomarme un descanso de unas treinta y seis semanas.
Comenta con brillo en los ojos, mientras una sonrisa adorna sus labios. Sin embargo, reacciona preocupado al escuchar que su esposa debe tomar un descanso.
—¡¿Qué?! ¿Por qué? ¿Qué te pasa?
—Se supone que era una sorpresa. Te lo iba a decir en la renovación de votos - le dice mientras toma su mano y la lleva a su vientre. —Volverás a hacer papá, mi amor. Quizás llegué un mini tú u otra princesa.
Los ojos color esmeralda de Guillermo se vuelven brillosos ante la revelación. No responde nada, solo la carga mientras la abraza con fuerza. Luciana hizo bien sus cálculos y quedó embarazada el día que, después de meses sin haber estado con su marido, volvieron a hacer el amor.
Será una aventura para ellos volver a criar a un bebe a sus edades, pero eso no les impedirá disfrutar el proceso como lo hicieron con sus hijas.
Ahora Guillermo y Luciana tienen una misión: cuidar de su cuarto tesoro como la prueba de que Dios existe. En cuanto a los demás, se esperan que ellos estén bien.