En el interior de un ascensor se encuentra una mujer a punto de comerse las uñas. Su cuerpo está siendo inundado por muchas emociones, las cuales no sabe cómo gestionarlas. Hace unas cuantas semanas ella tenía muy claro lo que quería hacer en su nueva etapa; no obstante, eso ha cambiado. Ya no piensa lo mismo y no sabe cómo reaccionarán algunas personas ante su decisión. A su lado se encuentra un alto y atractivo moreno de ojos verdes que mira la escena con diversión. Tenía mucho tiempo que no la veía tan nerviosa, pareciera una chiquilla de diecisiete años que no sabe cómo decirles a sus padres que tiene novio.
—Luciana, ¿me puedes explicar por qué te comes las uñas? - pregunta Guillermo, aguantando las ganas de reír.
—Yo no me estoy comiendo las uñas - responde Luciana, arreglando su postura y levantando la cabeza para mostrar seguridad. —Estaba admirando mi nuevo esmalte.
—¿Con tu boca?
Cuestiona mordiéndose la lengua para que una carcajada no se le escape. Ella voltea a verlo dando se cuenta del estado de ánimo de su esposo. Los dos están reviviendo aquellos momentos de juventud cuando todo era nuevo y no sabían cómo manejarlo.
—Me alegra que nuestra situación te alegre, esposo - dice en un tono que viaja entre lo molesto y divertido. —¿Te das cuenta de que hoy nos vamos a reunir con Edwa… los Murphy y, claro, tu novia estará ahí?
En media hora, la pareja de esposos estará en la misma sala donde estarán sus amantes. No es la primera vez que sucede; sin embargo, es la primera vez que ni Luciana, ni Guillermo piensan en la posibilidad de una separación para estar libremente con ellos. Por más seguro que se muestren los dos, no saben cómo pararse frente a Britany o Edward para decirle que un poco menos de cuarenta y ocho horas fueron suficientes para darse cuenta de que su matrimonio aún tiene oportunidad de florecer de nuevo.
—No nos vamos a reunir con los Murphy, solo será con Edward, y no es la primera vez que los cuatro estamos en el mismo lugar.
Comenta mientras se gira para detener el ascensor, sorprendiéndola a ella.
—¿Por qué lo detienes? ¿Sabes que no me gusta estar encerrada y…?
Él calla las palabras de su esposa con un apasionado beso, uno que logra calmarla y le quita sus angustias.
—Mi Luci - pronuncia el apodo que él le dio hace más de veinte años, el mismo que la hace sonreír cada vez que ella lo escucha. Guillermo acuna su rostro y le dice: —Este nuevo recorrido no será fácil, pero todo saldrá bien. Sé que ellos lo entenderán, ¿bien? - ella asiente y él le da otro beso. —Deberías dejar de montar estas escenas para que te bese, señora Draco.
Comenta el hombre, regresando a su tono jocoso. Ella, que estaba perdida en la mirada de su marido, agranda los ojos y lo empuja de manera repentina, haciéndolo estallar de la risa.
—Eres un tonto si crees que es lo que hago - le reclama como veinteañera. —Tú eres el que me acosa. ¿Sabes qué? No deberías estar tan cerca de mí, mi novio nos puede ver - le dice y vuelve a poner el ascensor en funcionamiento.
—Ese fue un golpe bajo, pero… - Guillermo, que no piensa dejar que nada le robe su oportunidad, se le acerca por la espalda y en el oído le dice: —No me importa pelearme con tu novio por tu honor. ¿Recuerdas cómo era a los dieciséis?
Ella intenta hablar, pero justo en ese momento las puertas del ascensor se abren. Luciana sabe lo conflictivo que puede ser Guillermo. Más de una vez se enfrentó con las personas que le querían hacer daño. No le tiene miedo ni al diablo que se pare frente a él cuando se trata de defenderla.
Para cuando la arquitecta pudo salir de sus pensamientos, su esposo ya estaba dirigiendo hacia su oficina muy sonriente, mientras el personal que se encuentra en los pasillos los mira con intriga. Ellos tenían un tiempo que no se dejaban ver juntos llegando a la constructora. Por eso, aunque sea lo más común, parece alarmar a más de uno.
Sintiendo que alguien la observa, Luciana mira hacia todos lados hasta que su mirada se topa con unos ojos marrones que la observan con extrañeza. Se trata de Britany, la hermosa joven que no supo durante todo el fin de semana de Guillermo. Ahora tiene que ver cómo la pareja llega juntos y con unas energías muy diferentes a lo que se percibía antes de los ellos. Sin demostrar su sorpresa, la paisajista hace un asentamiento de cabeza en modo de saludo y camina hacia su oficina. Por alguna razón, ella ya presentía que pronto su vida daría otro cambio.
Luciana respira profundo y con todo su porte de elegancia y seguridad camina lentamente hacia su oficina. Su corazón y su cerebro se conectaron y tomaron una decisión, así que para ella lo demás son nimiedades.
—Señora Draco, el señor Murphy llamó, dice que ha intentado comunicarse con usted y que le gustaría hablar antes de la reunión. El asistente del señor Santoro mandó las sugerencias para el contrato y la señorita Johana está en su oficina.
Habla Laura, la secretaria de Luciana, mientras camina detrás de ella, informándole de todos sus recados.
—¿Señorita?
Pregunta la arquitecta, reaccionando a lo único que llamó su atención. Si escuchó que su amante ha intentado comunicarse con ella y que de paso quiere verla, pero igual no le importó.
Que cambió tan drástico, solo bastó un finde de semana a solas con su esposo para que el hombre que creías querer, en esta fase, pase a un quinto plano. ¿Qué tan bueno sería Guillermo en la cama? Solo es una duda. Continuemos…
—Sí, bueno, la señorita Johana dijo que le dijéramos así - comenta Laura con inocencia.
Luciana se ríe. Puede que su amiga no esté casada, pero no sabe si lo de señorita sería lo apropiado para ella. La arquitecta le agradece a su secretaria y le da nuevas asignaciones para que se encargue. Una vez termina la conversación, entra a su oficina donde encuentra a su mejor amiga sentada en su silla con rostro de creer saberlo todo, o de al menos imaginarlo.
—No me llamaste durante todo el viaje, y por la llamada que me hizo Edward, creo que tampoco hablaste con él. No llamé a la policía, porque las niñas me dijeron que hablaban con ustedes dos. Así que me puse a cuestionar: ¿qué estará haciendo mi amiga dentro de una lujosa cabaña sobre las montañas con su atractivo esposo?
Comenta Johana haciendo gesto de pensar las cosas, esperando que su amiga le cuente con lujos de detalles todo lo que ella y Guillermo hicieron en la intimidad de las cuatro paredes donde se encontraban. Luciana deja su bolso en su escritorio, cruza los brazos y le dice:
—Te ves bien en la silla, pero es mía, ¿será que me puedo sentar?
—Claro, señora Draco, tenga su trono.
Johana se levanta de la silla muy sonriente y va hacia otro lugar dándole espacio a Luciana. Una vez que las dos están sentadas, se quedan viéndose por unos segundos esperando que cualquiera de las dos hable. La audaz arquitecta se cuestiona cómo decirles a todas las personas que conocen la realidad de su matrimonio que dos días bastaron para solucionar las cosas. Aunque, ¿en realidad, ellos ya resolvieron sus conflictos?
—Entonces, ¿qué tienes para decirme? - vuelve a hablar Johana.
—¿No tienes trabajo? - responde Luciana.
—¿Tan bueno estuvo? - pregunta con picardía. —Me lo imagino, es que Guillermo debe de ser un salvaje. Tienes suerte de que sé que estás enamorada de él, porque de no ser por eso, ya se lo hubiese quitado a Britany - comenta, logrando una reacción de asombro de Luciana, quien nunca deja de sorprenderse por las ocurrencias de su amiga. —Entonces, dime, ¿por qué se desaparecieron? Richard y yo estuvimos pendientes de la posible llamada de auxilio que cualquiera de los dos pudiese hacer.
—¿Solo eso estuvieron haciendo ustedes dos? ¿Cuándo reconocerán que se gustan?
—Nunca, no me gustan los hombres mayores - responde mirando sus uñas.
—Richard tiene la misma edad que nosotros, y dijiste que te gustaba Guillermo.
—Guillermo es otra cosa, Richard es un cerebrito que se ve muy bien y es excelente en el sexo y… - ella calla al ver la mirada de picardía de Luciana. —No me distraigas y respóndeme, ¿qué pasó entre ustedes dos? Por la cara de Britany asumo que él tampoco la llamó.
Luciana se recuesta de su silla, respira profundo y responde:
—En tan poco tiempo pasaron muchas cosas, tendríamos que tener la disponibilidad para contarlas. Solo te puedo decir que nos estamos eligiendo, pero no sé cómo saldrá eso.
Comenta con honestidad y un poco de miedo. Johana torna su rostro serio para decirle:
—Sé que saldrá bien, pero debes de ser sincera con Guillermo y contarle lo que en realidad te pasa, ¿entiendes? - le dice y ella asiente.
No hay nadie en este mundo en quien Luciana confíe más que no sea Guillermo; sin embargo, hay una parte de su pasado que nunca pudo conversarlo con él y que de alguna forma le ha vuelto a afectar.
Esa es una habilidad del ser humano, bloquear recuerdos traumáticos que luego se recuperan y nos impiden avanzar.
…
Horas después de que la pareja de esposos llegara juntos, tanto ellos como sus amantes se encuentran reunidos en la sala, al igual que otros colaboradores. Pretenden culminar con los detalles, a lo que sería el último proyecto que, por el momento, realizarían para los Murphy. Al lugar quedar en total silencio, Guillermo voltea a ver cómo su esposa, permanece con la mirada fija en unos papeles que sostiene en sus manos, mientras todos están a la espera de que ella empiece a exponer sus puntos. Ya fue ella quien se dedicó, personalmente, al proyecto.
—¿Te sientes mal?
Pregunta sacándola de su estado. En cada uno de los lados, de la peculiar mesa, se encuentran Edward y Britany, haciendo un poder sobre humano para no cometer una imprudencia. Antes de encontrarse en la sala de juntas, intentaron por todas las vías conversar con sus respectivas parejas; sin embargo, fallaron en su intento. Al llegar a la empresa, Luciana y Guillermo se encerraron en sus oficinas y hasta ahora se dejan ver.
La arquitecta levanta la cabeza y mira a su esposo, aquí le brinda una dulce sonrisa, seguido de…
—Estoy bien, amor. No me pasa nada y más si estás aquí.
El comentario sale como en un susurro que solo ellos pueden escuchar; no obstante, dos personas pudieron leer a la perfección los labios de Luciana y sí entendieron la palabra «mi amor», pronunciada por ella.
Guillermo le corresponde la sonrisa con una aún más encantadora. Los dos se han olvidado de quienes están a su alrededor, de hecho, se han olvidado de que hace unos cuantos días estaban pensando en el divorcio. Los dos viejos amores están a punto de iniciar todo desde cero. La mirada de amor que se están demostrando, está confundiendo a dos personas que no dejan de preguntarse sobre lo sucedido en las montañas.
Los dos amantes tenían planes, ahora parece que se desvanece. Sin quererlo, Edward y Britany se miran entre sí, buscando respuesta el uno con el otro, pero para su mala suerte, eso no pasará. Ellos no son los que responderán las dudas que hay en su interior.
Meterse en la relación de dos personas que aún se aman, estaría condenándote al dolor. Ellos, al final del día, siempre se elegirán.