¿Has visto estas películas donde el ambiente se torna gris, mientras muestra una escena desgarradora donde dos personas que se aman se dicen adiós? Sí, ese largometraje romántico donde las parejas no quedan juntos porque la enseñanza era aprender a soltarse. Bueno, no sé si aplicaría en este caso, pero sea usted el juez.
…
Luciana es una mujer con un fuerte temperamento que tuvo que hacerse a sí misma con los ladrillos que otros le lanzaron durante cuarenta y cuatro años. No siempre estuvo sola, hubo un hombre que nunca dudó en darle por completo su amor, cariño y sobre todo comprensión. Sin embargo, hay momentos en la vida donde todo cambia sin ninguna razón aparente, al menos no una visible a la cual puedas echarle la culpa. Ahora a la audaz arquitecta le tocará enfrentar la situación que se creó a su alrededor si quiere recuperar lo que tenía antes.
Por ese mismo motivo, se encuentra dentro de un ascensor a punto de entrar al lujoso Penthouse de Edward, quien se limitó a cruzar alguna palabra con Luciana durante la reunión. Al verla tan cercana a Guillermo, el hombre de acento británico decidió no armar una penosa escena de celos delante de todas las personas que se encontraban allí, aunque es lo que hubiese querido. Tres días atrás, su amada se había despertado entre sus brazos luego de disfrutar una noche intensa de sexo, y tres días después pareciera que no volvería a pasar nunca más.
—Hola.
Dice Luciana en tono bajo, mientras atraviesa el vestíbulo para llegar a la sala principal. La arquitecta se fue a casa junto a su esposo; allí, dentro de un estudio, le manifestó que, antes de que continúen con la restructuración de su matrimonio y familia, deben cortar la relación con las personas que muchos reconocen como amantes. Guillermo estuvo de acuerdo, él también debe comportarse como un hombre y, hablar con Britany. Así que los dos determinaron que este momento era el apropiado para hacerlo, antes de que la situación se enrede más.
—Pensé que ibas a seguir siendo ignorado por ti, ¿qué pasa? ¿Te condoliste de mí?
Comenta Edward, sintiéndose humillado y dolido. El hombre no siente que haya sido tan malo como pareja, como para ser tratado de aquella manera.
Él, se encuentra en la barra de licores sirviéndose una copa, mientras que Luciana suspira y se sienta en uno de los muebles esperando encontrar las palabras correctas para terminar con el hombre que en algún momento le brindó consuelo. Aunque ella lo quisiera, no podría negar que Edward se portó como todo un caballero, quizás no siempre tuvo las palabras indicadas para decirles; aun así, no podría culparlo, ella tampoco sabía qué decirse.
—Por favor, Edward, no te pongas así, yo… tenemos que hablar.
Le dice, sintiéndose bloqueada, aún no encuentra cómo explicarle que lo de ellos debe terminar. De que sedara una oportunidad con el padre de sus más grandes tesoros, el hombre que ama. Guillermo no estaba convencido de dejarla ir sola a encontrarse con otro hombre. No porque dudara de Luciana, más bien porque teme a que Edward la pueda lastimar. Pero al igual que ella, él también debía enfrentar a su amante.
Edward toma las dos copas que sirvió, pone una frente a Luciana y luego la mira con suspicacia, creyendo saber cuál será el tema de discusión. Él es un hombre exageradamente rico, con un mundo de mujeres a sus pies. Son muchas las que desearían tener la oportunidad de ser agasajada por el caballero con linaje noble. Su cabello rojizo y piel de porcelana, combinado con unos profundos ojos azules, cautiva a cualquiera que lo miren. Pero, ni su aspecto físico, ni ostentosa fortuna logró atrapar a la arquitecta, que en aquel momento solo quiere correr a los brazos de su esposo.
El pelirrojo suele catalogarse como un hombre comprensivo, quiere decir que entiende muchas cosas. Sin embargo, no logra comprender cómo una pareja que dijeron que ya no se aman, en menos de dos días decidieron que sí lo hacen. Lo que Britany y él vieron en la reunión, fue a dos personas que se aman con locura, algo más allá de lo incomprensible. De los ojos de, quien creía que era su mujer, brotaban corazones dirigidos hacia otro hombre que no era él.
Edward se inclina hacia delante, apoya su brazo de sus piernas y le pregunta:
—Dime algo, de verdad, ¿decidiste volver con Guillermo en tan solo un fin de semana? ¿Menos de cuarenta y ocho horas fueron suficientes para borrar casi dos años de separación? Explícame cómo funciona eso porque yo no lo entiendo.
Cuestiona en tono molesto, el cual, por más que quiera, no puede disimularlo. Ella agranda los ojos ante el acertado comentario de su amante. Tiene razón, no hay lógica posible que explique cómo dos días fueron suficientes para unir lo que dos años alejó.
Luciana, respira profundo, desvía su mirada de los hermosos ojos azules de Edward hacia la ventana que da vista hacia la ciudad. Está atardeciendo; no obstante, aquel panorama no es el mismo de las películas, se nota denso y gris, muy poco habitual para un país rico en belleza visual.
—Te entiendo, supongo que, por más que Guillermo y yo tratamos, no pudimos ocultar que durante nuestro viaje a Montenegro tomamos la decisión de luchar por nuestro matrimonio - revela y vuelve a verlo. —No espero que lo entiendas, sé que no tiene sentido, pero es mi elección, elegí a mi amor.
Edward se levanta de su asiento molesto. Desde cualquier distancia que lo vean, diría que se convertiría en una bestia salvaje. Sin embargo, vuelve a hacer un esfuerzo sobre humano para no decir o hacer algo de lo cual se pudiese arrepentir.
—Vete - le exige mientras le da la espalda.
—¿Qué? - pregunta desconcertada, entendiendo que aún les faltan cosas por conversar.
—Luciana, hazme caso. Luego podremos hablar con calma, pero necesito que me ayudes a no cometer una locura. Vete.
Le vuelve a pedir, pero esta vez voltea a verla. En su rostro se refleja la decepción y la humillación. Luciana quisiera decir algo que lo ayude a aliviar su molestia; sin embargo, no le llega nada a la mente.
—Edward…
Ella se levanta de su asiento, quiere intentar disculparse; no obstante, el hombre que está allí no es el pacífico Edward, que aceptaba todas sus condiciones. El que se muestra en la lujosa sala con mis pocos adornos, es un hombre dolido que acaba de perder en el juego del amor.
Él camina hacia otro espacio de la casa, con la mente turbada, sin saber hacia dónde se quiere dirigir. En su desesperación por huir de allí, el pelirrojo termina chocando con una mesa, ocasionando que el adorno que sobre ella descansaba, caiga al suelo, rompiéndose en varios pedazos. De esa misma forma se ha roto un corazón.
Luciana hace gesto de querer ir tras él; sin embargo, su lado racional la detiene, haciéndola comprender que no hay manera reparar algo que ya se destruyó. Ella, consciente de que debe darle su espacio, se retira del lugar, triste, pero sobre todo, aliviada. Ahora sí, siente que el viento soplará a su favor.
Mientras la audaz arquitecta está dentro del ascensor, reflexiona sobre lo que acaba de ocurrir, le llega una interrogante: ¿cómo le habrá ido a su marido con Britany? Guillermo también quería enfrentar la situación lo antes posible, así que como ella fue al encuentro de la hermosa joven. Eso la hace pensar en que si él también honraría la promesa que se acaban de hacer.
—No seas tonta, mujer, si hay alguien que cumple sus promesas es ese hombre.
Se dice así misma en voz alta, saliendo dentro de la caja de metal para dirigirse hacia donde está estacionado su vehículo. Como era lo apropiado antes de salir del Penthouse, Luciana dejó las llaves del lugar, ya que no las piensa volver a utilizar. Así que dejó su auto fuera de la torre y no en el espacioso lugar que fue apartado para ella desde que empezó la aventura.
Sin mirar hacia los lados, la mujer abre la puerta del auto para poder ingresar en él, pero siente una presencia que le dice que voltee hacia su lado derecho, donde está estacionado un Rolls-Royce color n***o del año. Ella sonríe, mientras niega con la cabeza; no esperaba menos del hombre que conduce aquel lujoso auto. Se trata de Guillermo, quien se encuentra esperándola a unos cuantos metros. Él, solucionó lo que tenía pendiente y corrió hacia el encuentro de su amada.
Luciana cierra la puerta de su Maybach y camina hacia donde el sobre protector de su esposo se encuentra estacionado. No sabe cómo se le ocurre dudar de él, siempre fue fiel al matrimonio de ambos, aun cuando estaba con otra persona.
Ella llega hasta la ventana del conductor y da unos sutiles golpes en el vidrio. Guillermo sonríe, mientras lo baja.
—Señor Draco, ¿me está usted siguiendo? - le pregunta con sonrisa divertida.
—¿De qué hablas, mujer? Solo pasé por aquí - le responde con jocosidad, mirando hacia el frente.
—No seas tonto, Guillermo. Bueno, ya que estás aquí, ¿me llevarías a comer una hamburguesa?
Guillermo voltea a ver a su esposa, quien carga una reluciente sonrisa, una que tenía mucho sin ver. En realidad, le gustaría llevarla a otro lugar, uno más íntimo, donde puedan volver a amarse. No obstante, decidió aprovechar el humor y apetito de ella para complacerla con una comida que dejó de comer por capricho.
—¿Qué pasará con tu auto?
—Que se lo lleve la grúa - dice en tono despreocupado, mientras entra en el asiento del copiloto. —Mi esposo es muy rico, así que me puede comprar un coche nuevo.
Comenta muy sonriente. Guillermo, sin poder resistirlo, se inclina para besarla con dulzura, mientras sin emitir una palabra le agradece por estar allí. Muy a su pesar, se separa de ella para salir de aquel sitio sin mirar hacia atrás. Justamente, en la entrada de la torre, hay un hombre parado, que terminó de reflexionar sobre la conversación que sostuvo minutos antes y corrió hacia la mujer que cree que aún puede retener a su lado; no obstante, se acaba de dar cuenta de que ya no tiene una oportunidad.
—Entonces, si es un adiós - comenta con rostro indescifrable.
Quizás le cueste comprender cómo la vida puede cambiar tan rápido, pero en algún momento tendrá que hacerlo, de lo contrario estará destinado al dolor y sufrimiento. Cuando dos personas deciden hacer un vínculo, no hay forma de romper aquello.
Ah, si te preguntas: cómo fue la separación entre Guillermo y Britany. Bueno, esa tela la dejaré para otro capítulo…