Es un nuevo día en la ciudad de Santa Bárbara y en lo más alto de una torre se encuentra un sofisticado, pero mal humorado caballero, abotonándose su camisa con elegancia. Mientras va cerrando los botones, se puede ir apreciando su atlética figura, una que ha enloquecido a más de una mujer, y la única que verdaderamente le interesa está a punto de contraer matrimonio con otro hombre.
Christopher Alexander Wright es reconocido por su astucia y habilidades empresariales, nunca toma decisiones en caliente, siempre espera el mejor momento para atacar su presa hasta destruirla. Sin embargo, la cautivadora Margaret, una pelirroja de origen escocés, ha sido la única persona en el mundo que ha puesto su vida de cabeza y, de vez en cuando, a coquetear con la idea de una familia propia. Pero aquellos pensamientos solo permanecen en su mente por fracciones de segundo. Son instantes de dopamina que se están presenten cuando la tiene entre sus brazos, una vez que ella se aleja, desaparece la idea.
Él nunca ha tomado en serio la idea del matrimonio, un hecho que se ha encargado de dejárselo bien en claro a toda su familia. Así que con la primicia de que el legado de los Wright se pudiese perder, prefieren aceptar a un niño que no es cien por ciento de sangre azul, como denominan ellos, a que desaparezca su dinastía. En las últimas décadas, la realeza europea se ha estado mezclando, así que la nobleza no está absuelta de hacer lo mismo.
—Bien, señorita Almonte, vamos a ver qué sorpresas me traerás tú.
Comenta en voz baja, mientras sostiene en su mano una foto de Laura saliendo de su casa con Noah en brazos. Como era de esperarse, el hombre no viajaría, en un promedio de doce horas, si no tuviese en sus manos la información necesaria para sacar del juego a su contrincante. En este caso se trata de una hermosa morena con pocos recursos, que parece tener la partida pérdida antes de saber que estaba jugando.
Christopher deja la foto en la mesa, mira por última vez su aspecto, el cual luce impecable y sale del Penthouse hacia el estacionamiento, donde ya lo está esperando su hombre de confianza. A pesar de ser alguien que puede valerse por sí solo y defenderse sin la ayuda de nadie, no deja de tener un blanco en su espalda. Uno que lo sentencio desde el momento que convirtió el imperio de su familia en uno más sólido de lo que ya era, llevándose por delante apersonas que no les gustó saber que lo sacaron del jugo. Alguien como Philip Graham, el padre de Margaret, y el hombre que no permitiría que su hija y Christopher estén juntos.
—¿Hacia dónde nos dirigimos, señor?
Pregunta Duncan, su mano derecha, el hombre que no tiene miedo de ensuciarse las manos si su jefe se lo pediría.
—Antes de ir a con Sergio, quiero ir a la casa de la cuidadora de mi sobrino.
Solicita mientras lee los correos enviados por su asistente desde Londres. No le importa que tan lejos se encuentre, estar pendiente de todo lo que pasa en sus empresas es prioridad.
—¿Habla de la tía de su sobrino?
Cuestiona el hombre, mientras observa a su jefe por el retrovisor del auto. Christopher hace un gesto de fastidio, guarda su teléfono en el bolsillo de su saco y asiente.
Duncan se pone en marcha, captando las órdenes dadas; sin embargo, se pregunta internamente si enfrentarse a estas horas de la mañana con una indefensa joven, es lo correcto. Pero es un pensamiento que deja para él, ya que jamás desafiaría al arrogante de su jefe. Ha llegado a hacer su mano derecha, justamente, porque hace lo que tiene que hacer sin cuestionarlo.
Mientras ellos se dirigen hacia la casa de Laura, del otro lado de la ciudad, se encuentra la joven lista para salir hacia la constructora, pero antes hará una parada en lo que espera que se convierta en su firma de abogados. No pudo dormir durante toda la noche, sentía que algo la inquietaba como si pronto se estaría chocando contra un muro de concreto que le impediría seguir avanzando con sus planes. Sin embargo, reconoce que desde la muerte de su hermana, parte de eso ya está pasando. Aunque quiera, no puede irse a estudiar a Inglaterra y dejar que su madre, cuya salud ha desmejorado, se encargue sola de Noah.
—Ánimo, Laura, ya encontrarás la mejor solución para tus problemas. Solo tienes que ir con el abogado que te recomendó Manuel y todo se solucionará.
Comenta suspirando, esperando que aquel abogado no salga corriendo cuando sepa contra quienes se enfrentarán. Laura sacude la cabeza, respira profundo y finge una sonrisa, no quiere preocupar a su madre, ya encontrará el mejor momento para decirle que le llegó la notificación de los Wright.
—¿Cariño, no desayunarás?
Le pregunta Marta a su hija cuando la ve con todas sus cosas, lista para salir de la casa.
—No mamá, antes de empezar el trabajo quiero dejar el curriculum de Tatiana en el departamento de recursos humanos. Sabe que necesita el puesto.
Se apresura a decirle, aunque no está totalmente alejado de la realidad. Si llevará el curriculum de su amiga, solo que hará una parada técnica.
—Entiendo, pero come algo en la empresa, no quiero que te enfermes - le dice con el rostro reflejando angustia.
—No te preocupes mamá, comeré bien, de acuerdo - Marta asiente sintiéndose más tranquila. —Y tu jovencito pórtate bien con la abuela. Recuerda que la titi te ama.
Le dice a su sobrino, de tono de piel clara, aunque no como el de su familia paterna. Sus ojos grisáceos, su cabello es ondulado y tiene una tonalidad rubio oscuro como su tío. El pequeño Noah le regala una sonrisa mostrándole a su tía sus hermosos hoyuelos, los mismos que decía Susana que heredo de Laura. Más que una combinación de sus padres, el niño parece la mezcla perfecta de sus tíos.
Antes de que la joven secretaria salga de la casa, la madre le da la bendición y un abrazo, confiando en que aquel gesto sea suficiente para proteger a la única hija que le queda. Marta es muy creyente y fiel devota, pero no sabe si podría soportar otra pérdida.
Por su parte, Laura sale de la casa, asumiendo que iba a encontrar a Manuel en frente esperándola, un amigo con quien tiene un trato: él la lleva todos los días a su trabajo y ella le da una remuneración económica. Algo que él se negó de recibir, pero que ella insistió en darle.
—¿Dónde estará, Manuel? Le dije que quería hablar temprano con el abogado.
Comenta estresada, y es que la joven siente que cada hora, minuto, hasta segundos cuenta en su caso y no puede darse el lujo de perder el tiempo.
Ella busca su celular dentro de su bolso para llamar a su amigo, no obstante, detiene la acción cuando su instinto le dice que levante la vista para ver lo que está frente a ella. La joven hace caso, esperando ver cualquier cosa, menos como un atractivo hombre que parece haber salido de una película de Hollywood, baja de un Bentley color n***o con un elegante e imponte traje italiano del mismo color. Su cabello está perfectamente peinado, su barba recortada y su mirada azul profunda lo hace ver como el villano de una historia romántica.
Laura observa que del auto también sale otro hombre alto, de aspecto robusto, que se ve elegante, sin embargo, nunca como el primero. Con mucha intriga, ella se queda mirando al rubio, intentando identificarlo hasta que su cerebro codifica la imagen y le envía el nombre del caballero.
—Esperen un momento, no me digan que es… oh por Dios, es Christopher Wright.
Sí, querida, el mismo, el “Genio del mal”. Un hombre que mientras te sonríe te va llevando a un estado de locura hasta dejarte sin con que discernir. Y lo interesante del caso, es que caer en su psiquiátrico, es lo que muchas desean.
Pero yo para qué me meto. Mejor continuemos…
La joven se encuentra sumamente sorprendida por lo que ve, tiene toda la intención de correr hacia su casa para resguardar a Noah y que aquel hombre no se lo lleve. Sin embargo, sus piernas parecen estar pegadas en el pavimento, impidiéndole dar un paso hacia cualquier dirección. Por su parte, Christopher, camina hacia Laura, él la reconoce, sabe que es la hermana de la mujer, que según toda su familia, manipulo a Jacob.
Cuando él llega delante de ella, quien parece estar inmóvil, sonríe al ver su reacción. Si hay algo que le encanta a Christopher es cuando deja a todos tan impresionado sin saber qué hacer o qué decir ante su presencia.
—Buenos días, señorita Almonte, supongo que ya sabes quién soy, ¿cierto?
Cuestiona con la más seductora y manipuladora sonrisa que pudiese existir, mientras extiende sus manos para saludarla. Laura lo único que puede ver es que de repente, de un momento a otro, sin previo aviso, su mundo se vuelve gris.
Debemos de asumir, que la preciosa morena no pensaba que su suerte iba a cambiar tan deprisa. Sin embargo, no me parece que Laura sea de las que se dejan tan fácilmente, ¿o sí? Bueno, eso lo sabremos en el próximo capítulo…