COMO TODO EMPEZO

2354 Words
Diez años atrás Las flores caían en cascada; levanté mis pequeñas manos y sonreí. Lo hice, mientras el bosque me daba la bienvenida y me mostraba su belleza. Cantaba y me deleitaba con sus palabras, indicándome lo maravillosa que sería mi vida de ahora en más. ―Hoy consagramos a nuestras pequeñas, aquellas que serán llamadas desde ahora por la naturaleza, aquellas que, desde el día de hoy, serán llamadas como nuestros antepasados, como sus antepasados fueron llamados; serán nuestro futuro, nuestro paso a la eternidad. ―Nuestro paso a la eternidad… Las ninfas presentes hablaron con claridad y parecían igual de emocionadas que nosotras las iniciadas, incluso. ―La madre naturaleza les da la bienvenida. Mis niñas, desde ahora, son nuestro futuro y nos preocuparemos por cuidarlas y protegerlas, cueste lo que cueste. Yo observé a mi madre, aquella que sonreía con una pequeña mueca de felicidad. Ella era graciosa, hermosa y delirante a los ojos de cualquier ser, con su cabello n***o tan largo hasta la cintura, mientras llevaba una túnica blanca ceremonial. Mi padre, quien nos veía desde la distancia, también sonreía; yo no pude evitar sentirme completamente maravillada con la situación. Aquella felicidad que vi manchada de sangre a los segundos, mientras escuchaba gritos y más gritos, aquellos que resonaban en mi cabeza. En lo que observaba, como a mi paso, estaban incluso las pequeñas niñas que se habían consagrado conmigo, en el suelo, completamente cubiertas de sangre. ―Mamá… ¿Dónde está papá? Mamá, ¿qué está pasando? ¿Qué está pasando, mamá? Mi madre jadeaba; lo hacía mientras corría por el inmenso bosque conmigo en brazos. Aquel que parecía cerrarse a su paso, en lo que aullidos de lobos se escuchaban tras nosotros y el miedo atroz me recorría de principio a fin. ―Mamá… ―No pasa nada, cariño, no pasa nada, papá... él... él vendrá después, vendrá conmigo, los dos juntos, los tres, al fin los tres… Escuchaba cómo ella cada vez parecía esforzarse más en correr, como si estuviera incluso a punto de desfallecer, mientras rezaba a la madre tierra que nos ayudara. ―Derecha, está bien derecha, lo haré, haré lo que me pides, pero, por favor, cuídala, por favor, por favor… No sabía con quién hablaba mi madre, solo sabía que ella había cambiado de dirección. Los lobos se escucharon aún más cerca; pude ver cómo había un enorme lobo n***o cerca. Grité, lo hice con fuerza, aterrorizada. Mi madre movió su mano y de nuevo el bosque se cerró, solo que esta vez pude ver cómo el lobo era aplastado por los árboles. Grité con aún más fuerza; no sabía lo que estaba ocurriendo, sobre todo al escuchar el agua, pero mi madre se detuvo en la cima de la gran cascada. Ella lloraba, lo hacía al igual que yo, mientras me posicionaba en el suelo. Pude ver su sangre, pude ver cómo dejaba rastros de sangre en el suelo, como su hermosa piel blanca con pecas. Ya no se mostraba más que moribunda y seca. ―La madre tierra te escogió para ser nuestra única salvación; no morirás junto a mí hoy y tu padre, serás nuestro futuro, pues con nuestra muerte el equilibrio se romperá… ―Mamá… mamá… ―Serás fuerte, serás bendecida, ella lo ha prometido. Cuando llegue el momento, tú ganarás nuestra guerra y nos vengarás, pues sé que tendrás los aliados que necesitamos para resurgir en el futuro. ―Mamá… Gruñidos se escucharon tras nosotras, mi madre apretó los labios, dio un gemido que no supe si era de dolor o de tristeza, pero entonces me abrazó con fuerza. Lo hizo mientras lloraba llena de dolor. ―Te amo, Astarte, te amo con mi alma, no lo olvides nunca; siempre te abrazaré en el viento que sopla, te besaré la lluvia que caiga y te protegeré en la tierra que pises, no lo olvides jamás… Me liberó de su agarre, y antes de que siquiera pudiese asimilar lo que mi madre me decía, teniendo apenas nueve años, ella me lanzó hacia la cascada. Grité, la llamé, pero ella no vino conmigo. Lo último que vi fue a ella, siendo tumbada por un enorme lobo n***o, antes de caer al agua e intentar luchar por no ahogarme. Luchaba contra el agua para sobrevivir, por no ahogarme, en lo que pedía ayuda en medio de gritos, de llanto, pero no era escuchada debido al ruido del agua. Nadie vino a mí, aunque rogué a la madre tierra, a los dioses, a cualquiera, y fue allí cuando una roca golpeó mi cabeza, haciendo que perdiera la conciencia. Y sin más dejará atrás mi vida como ninfa. Actualidad... ―Ya está… esperemos por los resultados y sabremos cómo proceder… Observé el pequeño frasco de sangre que la mujer tenía en sus manos y alejé aquellos terribles recuerdos de mi cabeza. Sonreí, esto era algo bueno, lo sabía, por lo menos eso esperaba. Caminé hacia la salida del laboratorio, mientras mi madre caminaba de prisa hacia mí. ―¿Qué te han dicho, cariño? ¿Crees que puedas hacerlo? ¿Crees que tú eres compatible? Apreté mis labios en una línea; pude ver cómo ella se quebraba por completo, podía imaginar el inmenso dolor que sentía. Mi mirada fue directamente hacia la puerta abierta, par a par. Y observó al hombre completamente inconsciente en aquella camilla, mientras no parecía siquiera notar a su esposa y su gran amor; estaba completamente destrozada al saber que podía perderlo. ―No lo sabemos aún, deben hacer algunas pruebas, pero de no ser así, conseguiremos el dinero y… ―¿Cómo conseguiremos dinero para una cirugía como esa? Solo tenemos una florería, no tenemos más; nuestra casa no puede entrar en garantía y nosotros… ―Tranquila, mamá, lo conseguiremos, lo haremos de una u otra manera, sea como sea, lo haremos… Mi madre inició a limpiar sus lágrimas, mientras yo apreté mis labios en una línea y observé a la mujer cargada de dolor que ahora se mostraba ante mí. Ellos no eran mis verdaderos padres, pero los amaba como si lo fuesen. Ellos me habían ofrecido tanto amor cuando perdí a mis padres. Me ofrecieron la seguridad que necesitaba y, sobre todo, me ofrecieron el cobijo y cariño que necesitaba una niña rota como lo era yo. Ellos habían sido los que me habían recogido del río, y me habían criado como suya, luego de percatarse de que yo no aparecía siquiera en los archivos de niños perdidos o reportados como desaparecidos. Pues yo no existía para los humanos, no era más que una infiltrada, que sabía que a su hogar ya no podía volver, por lo que, a pesar de mi corta edad, decidí olvidar quién era. Y vivir como humana, con mi nueva familia, aquella que me amaba y yo amaba por igual. Caminé hacia mi padre, le di un tenue beso en la frente, para luego dar un fuerte suspiro y salir de la habitación, ante la atenta mirada de mi madre. ―¿A dónde vas? ¿No te quedarás con nosotros esta noche? Me preocupa que estés por ahí y nosotros sin poder cuidar de ti. ―No me pasará nada, he conseguido otro trabajo de medio tiempo. ―¿Otro? Cariño, entre tus estudios, la florería y esos trabajos de medio tiempo que tienes en cafeterías y librerías, estoy preocupada; no puedes sobre esforzarte... ―Debemos hacerlo, papá, necesita que lo hagamos, no podemos darnos por vencidas. Si no soy compatible, entonces debemos buscar otra salida y necesitaremos dinero. ―Astarte… Mi nombre al ser dicho de aquella manera. Solo causó una presión en mi pecho, logró que algo en mí se encogiera, pero aun así sonreí con tranquilidad hacia mi madre. Le di un beso en la frente, mientras ella me observaba con una mirada cargada de dolor. No pude verle más, no pude seguir sintiendo este dolor. Fue por ello por lo que caminé rumbo al ascensor, el cual, gracias a los dioses, estaba abierto de par en par, y cuando logré entrar en él y ver a la mujer que ahora estaba allí. Una gran mezcla de insatisfacción me recorrió. Mis ojeras debajo de mis ojos, entre verdes y azules, eran una combinación que llamaba la atención de todos. Sin saber que estos ojos eran los ojos de mis padres, sin dejar atrás mi cabello n***o, aquel cabello que había heredado de mi madre, y que llevaba tan largo como ella solía hacerlo. Pues me negaba a cortarlo, siguiendo las costumbres de aquella familia que una vez tuve; di un fuerte suspiro. Al salir del hospital, levanté mi cabeza y observé hacia el oscuro cielo. La luna estaba totalmente llena. Un recuerdo vino a mí por un segundo: el bosque mientras la luna se hacía más intensa y la luz se mostraba sobre la copa de los árboles. Las distintas tonalidades de la tierra, los árboles cantando una canción inigualable, mientras bailábamos, al escuchar sus voces. Y aquella melodía que a cada segundo se volvía delirante; era curioso, hacía tanto que no veía la luna en esta enorme ciudad, que incluso podría jurar que estos recuerdos No son más que inventados por mi cabeza. Sonreí, no había tiempo para esto, no cuando, al fin y al cabo. Yo tenía tantas cosas por hacer, y se supone que, desde muy niña, había decidido olvidar lo que era. Fue por esa razón que tomé el primer autobús, ignoré los comentarios de hombres cargados de morbo y de mujeres, llamándome despreciable, por llamar la atención de los hombres. Esto era muy normal, era cosa de todos los días, era por ello por lo que no me afectaba siquiera, más al ver a mi amiga Hilary hacer un gesto cargado de ánimos al verme. Ella era el ser más hermoso que había visto, lo sabía muy bien, era buena identificando ese tipo de personas y ella era justo eso, una muy buena persona. Un alma pura, una que yo adoraba. ―Hily… ―Asta, gracias al cielo, llegas. Estaba preocupada, creía que no vendrías… Reí ante su rostro cargado de alivio, mientras me hacía seguirla hacia la puerta trasera de la enorme mansión en la que nos encontrábamos, aquella que parecía la casa presidencial. Incluso podría jurar que era más grande que el hogar del presidente. ―Hoy estaremos en una de las fiestas más esperadas en toda la ciudad; el magnate más grande de todos dará una fiesta para celebrar junto a sus hermanos una alianza que, según ellos, no tiene precedentes… ―¿Qué alianza? Hable un tanto curiosa, mientras Hily me observó como si fuese no más que una tonta. ―¿Qué voy a saber? Son ricos, ellos hacen fiestas por todos, les gusta demostrar que tienen dinero… Reí un poco, era cierto, lo que diera yo por solo unos cuantos ceros en mi cuenta como ellos, para ayudar a mi familia. ¿Qué estoy diciendo? Debía concentrarme; fue por ello por lo que solo caminé junto a mi amiga hacia la cocina, donde seríamos las meseras. Luego de habernos cambiado y recibido las órdenes, de camino hablamos sobre el hecho de que aún no conseguía siquiera pagar en su totalidad la cuenta del hospital, que cada día era más y más extensa. Hily me había dado una mirada cargada de dolor, mientras me decía una y otra vez qué cosas buenas me pasarían, que no debía desfallecer. Ella sin duda era una buena amiga. ―¿Estás bromeando? Son hermosos, cada uno más hermoso que el otro. ―¿Pero son hermanos? Escuchamos a dos de las meseras que llevaban un poco más que nosotras en el lugar, mientras parecían ignorarnos por completo y se concentraban en su conversación. ―No, claro que no, les llaman los hermanos, y ellos mismos se llaman así, porque los criaron justos, sus padres, a pesar de liderar diferentes lugares, los criaron con la intención de actuar como hermanos, como una unidad, ya sabes, cosas de ricos… ―Qué maravilla, daría cualquier cosa para poder conocer la villa que tienen en el bosque… ―¿Escuchaste de eso? Yo también me muero por hacerlo… Ellas rieron entre ellas; por fin habían notado nuestra presencia, nos dieron una mirada de soslayo, tomaron sus cuantas charolas y se marchaban. Como siempre, el ambiente no será fácil. Hily le hizo un gesto divertido mientras la seguía. Sabíamos lo que teníamos que hacer. Éramos profesionales, aunque mi madre no lo sabía; llevaba tiempo haciendo esto, asistiendo a fiestas como mesera. Para conseguir dinero, no solo para mis estudios, sino también para mi padre enfermo y para mantener la florería, además de mis otros empleos que también me ayudaban. Inicié a rodear el lugar con las copas de champán, lo hacía ignorando las miradas indiscretas de algunos hombres sucios, que ya sabía que más tarde irían a la cocina y me ofrecerían dinero para pasar la noche con ellos. Mientras Hily me ayudaba a salir del lugar, por eso era odiada, por ser quien era. Algunas mujeres me observaban con furia, y justamente cuando creía que las cosas no podían estar peor. Al notar tanta hostilidad en el lugar, escuché una voz que me paralizó. ―No puedes decirme eso, no puedes simplemente decirme que no lo harás… Sus risas, mientras mis ojos instintivamente fueron hacia ellos; había cuatro hombres, cada uno más hermoso que el otro, mientras hablaban entre ellos y parecían ser unidos. Mi corazón se aceleró, sentí que todo giraba sobre mis pies, perdí la fuerza de mis manos y la charola con copas de champán cayó al suelo. Un grito se escuchó, seguido del sonido de varios teléfonos, mientras yo había salido de mi ensimismamiento para escuchar a la mujer furiosa frente a mí. Pero no hubo tiempo de nada más, pues la voz de varios hombres al mismo tiempo resonó en el lugar. ―Mía… Me giré y observé a cuatro enormes hombres viniendo hacia mí y solo pensé en el hecho de que esto no podía ser verdad.
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