Sentado cerca del borde de una de las terrazas al aire libre que poseía el palacio real, Dorian intentaba con todo su esfuerzo, mirar a todos los participantes de la segunda ronda, la cual se trataba de una prueba física. Y a pesar de los duros esfuerzos del príncipe, estaba fallando tontamente en ello. Lo quisiera o no, su mirada se encontraba vagando constantemente hacia el lugar donde su tonta ancla se estaba participando. No importaba cuánto intentara desviar la mirada y mantenerla alejada de el, sus ojos inevitablemente terminaban en Ezekiel. No era su culpa realmente, que estuviera enojado con él por no elegirle, no le quitaba a ese idiota su buena apariencia. Y si a eso se le añadía un día nublado con una suave llovizna que provocaba que su ropa húmeda se apagara a su cuerpo, marca

