En la oficina que tenía en su propio palacio, el príncipe Dorian se encontraba sentado detrás de su escritorio, trabajando en algunos deberes que habían quedado esperando tras iniciar el concurso, y aunque quisiera decir que su concentración estaba cien por ciento en los documentos entre sus manos, la realidad no era así. Cada vez que dejaba de leer y se daba un momento a sí mismo, su mente vagaba estúpidamente hacia Ezekiel, pensando en todas las conversaciones que había tenido hasta el momento con sus amigos y su hermano al respecto. Hablar de ello podría ser algo irritante, pero la verdad era que sí ayudaba un poco a aliviar esa pesadez en su pecho. Aunque claro, si era sincero, nada ayudó más con eso que el saber que su tonta ancla abandonó a esos dos humanos cuando estos más lo neces

