Había extrañado esto, vestir ropa casual, fundirse con las sombras y caminar por las calles sin ser percibido. Era un cazador y estaba en busca de un ladronzuelo. Para Daslan, el robo era uno de los peores pecados contra los Ivanov. Y él nunca lo había perdonado. Cuando cazaba a su víctima su mente se volvía la de un predador, la boca se le llenaba del sabor amargo de la venganza y sus puños ansiaban molerse contra otra persona hasta hacerla solo una montaña de pulpa roja. El hambre de la violencia lo guiaba y su frío espíritu lo alentaba. Odiaba que le vieran la cara de estúpido. Odiaba que otros pensaran que eran más listos que él. Daslan no había sobrevivido a toda la mierda de Vassil Ivanov para que el mundo siguiera creyéndolo un niño asustado. Encontró al ladrón en su puesto de

