Capítulo 7

2877 Words
JORDAN WOLKE A Jordán se le daba bien ocultar secretos, hacer como si la vida no la hubiera golpeado con indiferencias ni malos tratos. Ella tuvo dieciséis años de práctica en ello, era una experta en ocultarlos detrás de sus máscaras, así que era capaz de ocultar su atracción por su jefe, el deseo que en ella emanaba al estar a su lado, sabía que no solo era ese sentimiento, pero todo eso iba a dar debajo de la alfombra, solo bastaba con guardar silencio y acatar órdenes. Y guardar todo el babeo y las fantasías para cuando estuviera en su habitación o en la ducha a solas, pero a veces era casi imposible. ¡El hombre era atractivo todas las horas del día! Y cómo no si después de las largas jornadas de trabajo en la oficina, él se iba al gimnasio y después de sudar por casi una hora entrenando, eso lo sabía, porque el señor Demon le mostró un video del hombre sudando sin polera, algo que en su memoria, seguramente su intimidad, agradecería. Al llegar al edificio más alto y lujoso de la ciudad, Jordán se detuvo pensando si sería buena idea o no, de llegar, de improvisto. Tocó el timbre y esperó unos segundos y en ese momento la puerta se abrió dejando ver algo que la hizo salivar. ¡Oh, disculpe! ¿Vine en mal momento? El señor Demon, me pidió que viniera a entregarle esta laptop para que revisara la información. Él dijo que podía venir a buscarlo a esta hora. Flashback. Pero, señor Demon ¿Está seguro de que no lo importunaré? Yo puedo quedarme algunas horas más y esperar en su oficina hasta que venga por su portátil. — Recuerda Jordán haberle dicho esas palabras al hombre. Fin Flashback. Y ahora que lo estaba viendo después de una ducha. Su mente preparaba material para sus juegos nocturnos. Alexei, estaba saliendo de la ducha y sencillamente era una imagen erótica y digna de replicar esta noche para su practicante, estaba parado delante de ella con el cabello mojado, completamente desnudo y solamente cubierto por una bata de baño, lo más elegante y sexy que había visto en su corta vida, pensaba jordán. Una cosa era guardar secretos, vivencias, pero otra muy distinta era controlar su cara, ya que se imaginaba que debía estar impreso uno. ¡Me encantas, papi! Se aferró a su mochila como si esta le diera la salvación que tanto ha buscado. —Puedo volver en otro momento en el que esté desocupado. O esperar afuera. — Fue lo único que salió de su boca. —No te preocupes, Jordán. He estado esperando esa información, así que este momento es perfecto. Además, confío mucho en tu discreción y eficiencia —dijo su jefecito, mientras se abrochaba la bata con calma, como si ignorara completamente el torbellino interno que Jordán sentía. Jordán avanzó lentamente, tratando de mantener la compostura y no fijar la vista demasiado en su jefe. Colocó la laptop sobre la mesa de centro y abrió la pantalla, concentrándose en el sencillo acto de conectarla a la red. Por un momento, el silencio entre ambos fue interrumpido solo por el suave zumbido del dispositivo. —¿Has tenido un buen día? —preguntó Alexei, acercándose con una taza de café en una mano, emanando un aroma que se mezclaba con su loción para después de afeitar, la cual envolvía la habitación por completo. Jordán asintió, respirando profundamente antes de responder. —Sí, señor Mordashov, todo ha ido bien gracias a usted. Nuevamente, Alexei rio suavemente, una risa que era cálida y auténtica. —Me alegra escuchar eso. Eres uno de nuestros mejores empleados, ¿y ¿sabes? Siempre he valorado tu dedicación. Aquellas palabras, tan casuales y amables, infundieron en Jordán una extraña mezcla de orgullo y timidez. Se permitió un pequeño vistazo hacia el hombre, observando cómo tomaba asiento en el sofá, aun con esa presencia imponente, pese a estar envuelto en solo una bata. —Gracias, señor. Siempre es un placer trabajar para alguien que aprecia el esfuerzo —digo, casi en un susurro—. No lo miraba porque no confiaba en ella en ese momento. Con la descarga de la información iniciada, Jordán sabía que pronto tendría que abandonar aquella escena que había alimentado tantas de sus fantasías. Se aseguró de ocultar cualquier emoción que no fuera la estrictamente profesional, y continuó con los detalles técnicos. Sin embargo, en su interior, no pudo evitar el destello de esperanza de que tal vez algún día, en un futuro incierto, podría ser el propio Alexei Mordashov quien rompiera aquel pesado velo de secretos cuidadosamente guardados. Suspiró, sabía que era mala idea haber ido a la casa de su jefe. Se decía internamente para distraer su mente, mientras ALEXEI iba a vestirse. Después de unos minutos, su jefe regresó vestido muy diferente de cómo siempre lo había visto, tenía puesto un chándal de color n***o y un chaleco ajustadísimo. Debemos decir que Jordán, si bien se sentía maravillada con la vista del departamento de su jefe, ella se sentía aún extasiada en cómo lograba verse tan bien su jefe vistiendo tan normal. . — ¿Puedo servirte algo? ¿Tengo té, soda, agua? — No, gracias, estoy bien así. — respondo, ya que no se siente bien nada de esto. Pero vio al hombre marcharse por un café para él. La joven vio alejarse lentamente y viendo su espalda y trasero muy bien definido y se preguntaba internamente si este es el cuerpo de un hombre de verdad, su temperatura subió de la nada al pensar cómo se vería sin nada de ropa, Pensó la pelinegra. Pero algo no se sentía bien, el rostro de su jefe lucía extraño. Más bien como desconcertado por mi visita. Mierda, mierda, mierda. ¿Acaso le molesta mi presencia aquí? Se cuestionó la joven. Perdón, soltó a la chica una vez más, le debo una disculpa por venir sin aviso, aunque ella creía que él ya sabía, pero ya veía que no. — . —No te disculpes nuevamente, solo lamento que te tomaras la molestia de venir hasta acá. — Se disculpó el hombre mirando su computadora. No fue problema. —respondí ya incómoda por estar acá. Permaneció en silencio, mientras se realizaban las cosas y la ansiedad comenzaba a expandirse por todo el cuerpo de Jordán, tanto así que tomó su mochila y ocultó sus manos que temblaban discretamente. Lo bueno que no debería volver y podría irse a su casa a hundirse en su ansiedad. De nuevo paseó la mirada por todo el lugar, necesitaba distraerse con algo que no implicara mirar a su jefe, que hoy más que nunca se veía bello, hermoso y todo lo que se le parezca, pero también se le veía enojado o algo así parecía. Después de intentar averiguar cuantos minutos, sintió los ojos de su jefe sobre ella y de nuevo regresó su atención a sus manos. Lo siento, me parece muy lindo su hogar. —A sí, y ¿qué parte de este lugar te gusta más?—me pregunta Alexei. Perdón, mi jefe. El balcón. —Dijo — y mira él para luego como si fuera lo más normal que hay en la vida. La vista que ofrece es preciosa y el sentido de libertad que te brinda lo hacen especial. .— ¿Te gustan los lugares altos? — Sí. . —¿Y por qué te gustan? — pregunta nuevamente mi jefe. Solo me gustan y ya. Pero en mi interior sí sabía el porqué, de mi gusto por los lugares altos, ya que me hacían sentir que nada podría alcanzarme y así tener todo bajo control. Me hacen sentir la fuerza de la que carezco…- digo en mi interior, mirando discretamente el lugar. Puedo hacerle una pregunta, señor. - mi jefe solo asintió con su mirada fija en mí. ¿Qué fue lo que lo impulsó a superarse principalmente?.- pregunto, ya que muchos tienen diferentes objetivos en la vida. - Mi deseo de cuidar a la gente que quiero, a los míos. - me Confiesa, con honestidad en su voz. -Por falta de estabilidad económica no pudimos darle la atención médica que mi padre requería y merecía, inclusive poniendo lo poco que nos quedaba en venta no fue suficiente para cubrir los gastos médicos y básicos para tratar su enfermedad. Hubo momentos en que debíamos elegir si comer una semana o darle a mi padre el medicamento. Fueron días difíciles y definitivamente no quería que se repitiera esa situación, y que mi hermana y madre volvieran a vivir lo que pasamos después de la quiebra, así que trabajé mucho para que a mi familia no le faltara nada y asegurarme de que otras familias no pasaran lo mismo y brindar ayuda.- me cuenta mirando a la nada. Para una investigación registramos inversiones a través de la beneficencia y me extraño que solo la beca A&M Mordashov figurara, porque he visto que es mucho más de lo que se da a conocer. .- jajajajaj claro que hay más pequeña, pero eso es bajo perfil. -Pero en realidad No me gusta el reconocimiento solo por dar o por actos de caridad.- me responde mi jefe con una media sonrisa en su rostro. Así que, además de las becas, todas las demás beneficencias y apoyos de la empresa son completamente anónimas. Él solo asiente. Por un momento No dijeron nada más mientras esperaban a que la computadora terminara de descargar los archivos. Si bien una capa de silencio los envolvió, pero ya no era denso e incómodo, como de hace un momento, ahora era tranquilo y pacífico. Cuando el proceso de descarga les aviso que ya era hora de cada uno volver a su realidad, Jordán de manera apresurada guardó la laptop en su mochila, mientras que Alexei la miraba de manera fija y le mostró el camino de vuelta hacia la puerta. -De nuevo, disculpa a ese par, por hacerte venir hasta aquí.- Descuide, lo que necesite estoy a su completa disposición.- señor Mordashov. —-Tu compañía fue un placer para mi señorita WOLKE.- y los ojos del hombre brillaban con algo que la joven no logró reconocer. Esa misma tarde, como no era requerida en la empresa, su amiga Kelly fue a su dormitorio a preparar un examen que tendrían la siguiente semana. .- ¡Era enorme, key, toda la cafetería y la casa de tus padres y de los…, de ellos! Todas Juntas. Le relataba a su amiga mientras ella leía y apuntaba cosas de su cuaderno. Kelly deja todo cerrando de golpe el cuaderno y libro de Jordán y la mira con una sonrisa misteriosa en su rostro. ¿Qué?.- pregunte con confusión. Kelly se inclinó y sus rostros quedaron frente a frente y la sonrisa de la chica creció al punto de casi partirle la cara. .- Tu jefe te gusta.- Yo miro mis cuadernos con la cara sonrojada por haber quedado en evidencia. -¡Lo sabía!.- grita como enferma. ¡Nunca dije que sí!.- Trato de negar lo obvio. Tirándole un bolígrafo de color en su cabeza. .-No fue necesario que dijeras algo loca, tu rostro lo dijo todo.- Demonios.- lo que me faltaba ser tan evidente. .- Además, llevas hablando de él desde que llegué a tu pieza, o sea, casi una hora transmitiendo sobre él sin parar. ¿Sabes, es más de lo que te he oído hablar desde que somos amigas, verdad? No me gusta. -Me sorprendió lo bien que vive, eso es todo.- -El que tenga todo el dinero del mundo no significa que viva bien o que sea feliz. Ahora que lo pensaba bien, el departamento de Alexei es enorme, pero además de él no había restos de que alguien más viviera con él. Se imaginó a su jefe viviendo ahí solo. Sintió que su corazón se le estrujó. Ella, más que nadie, conocía ese sentimiento de soledad. Sintió una opresión en su pecho. Se quedó en silencio por unos minutos, pensando en su jefe. ¿Pensando en tu jefe de nuevo? Dice kay al ver la pérdida en quién sabe dónde. —Vaya, en serio te tiene loca ese tal Mordashov. ¿Qué no me gusta?—replicó nuevamente. -No te molestes en mentir, te conozco bien, no hay secreto que puedas ocultar de mí.- Eres francamente fastidiosa e inmadura.Que tengas suerte de ser atractiva; porque si no, otra cosa sería. -Gracias, gracias, por tu cumplido. Te acabo de decir que eres fastidiosa e inmadura.- -pero también que soy atractiva y guapa, ese cumplido vale por diez teniendo en cuenta que eres una diosa aburrida. -ya Ahora que ya obviamos tu enamoramiento por tu jefe. Debemos preparar el examen y después debes practicar para las olimpiadas de matemáticas estatales. DÍAS DESPUÉS… Estando en la oficina un día que se requirió la presencia de Jordán toda la jornada. Cuando pasaron el mediodía, y con su estómago, sosteniéndome con solo una de las manzanas que la madre de kay le regaló. El estómago de Jordán le dio por protestar de manera nada discreta. ¿Por qué un ruido de un gruñido se escuchó en toda la oficina, que hasta el mismísimo Alexei escuchó? El hombre miró a la chica discretamente, pero yo era un tomate en toda su expresión. Perdón, yo lo siento, no he comido todavía. Se disculpó desde el lado opuesto del escritorio. -A decir verdad, también tengo hambre. Tengo tiempo libre para comer, ¿te parece si te invito al almuerzo? No es necesario, tengo un almuerzo en mi mochila, aunque sabía que no era cierto, solo tenía una manzana verde. Tome mi mochila en mis brazos sabiendo que no era cierto, pero la vergüenza de no tener ni para la comida me hizo tragar fuerte. -Ni hablar, te exploté toda la mañana, lo menos que puedo hacer es invitarle el almuerzo.- Toma su chaqueta de su silla y se pone de pie. Alexei condujo a Jordán hacia la salida del edificio, sus pasos firmes resonaban en el elegante vestíbulo. Jordán apenas podía concentrarse en la conversación trivial que mantenían; su mente estaba ocupada con la anticipación de la comida y con la idea de estar a solas con el magnate. Mientras atravesaban las puertas de vidrio, una ráfaga de aire fresco les dio la bienvenida, y el vibrante ambiente de la ciudad parecía cobrar vida a su alrededor. Jordán se sintió un poco más relajada al salir, el bullicio de la calle y el aroma de la comida callejera lo distraían de sus nervios. Alexei la guio hacia un pequeño restaurante cercano, un lugar que parecía íntimo y acogedor, con mesas al aire libre y una decoración que contrastaba con la opulencia del edificio en el que trabajaban. - ¿Te gusta la comida italiana? -preguntó alexei mientras se sentaban en una mesa. Jordán asintió, sintiendo cómo su estómago volvía a recordar su hambre. -Me encanta. Especialmente la pasta. -Entonces, te va a encantar este lugar. Tienen una lasaña increíble. -Alexei sonrió, y la chica notó cómo la luz del sol acentuaba sus rasgos, dándole un aire aún más atractivo. Mientras revisaban el menú, la conversación fluyó con naturalidad. Hablaron de sus platos favoritos, de las experiencias de Alexei en diferentes restaurantes y de la vida en San Francisco. Jordán se sintió cada vez más cómoda, y sus nervios iniciales comenzaron a desvanecerse. - ¿Siempre has vivido aquí? -preguntó Alexei, tomando un sorbo de agua. -No, soy de montana y vine para la universidad. —respondió Jordán, sintiéndose un poco nostálgico. - ¿Y te gusta la ciudad? -Es increíble. Hay tantas cosas que hacer, y la gente es muy diversa. -Jordán sonrió, recordando su primer día en la universidad. -Pero a veces echo de menos la tranquilidad de mi pueblo. Alexei la observó con atención, como si estuviera memorando cada palabra. -Es comprensible. A veces, el bullicio de la ciudad puede ser abrumador. Pero también es un lugar donde uno puede reinventarse. La joven sintió que esa afirmación resonaba profundamente en él. -Sí, siento que aquí puedo ser quien realmente soy, sin las expectativas de los demás. Veo que eres una persona reflexiva. Eso es bueno. - Alexei sonrió, y Jordán sintió que el corazón latía un poco más rápido. Cuando llegó la comida, ambos se sumergieron en la conversación, compartiendo anécdotas y risas. La química entre ellos era palpable, y Jordán se dio cuenta de que cada vez se sentía más atraída por Alexei. La forma en la que hablaba, su risa, incluso la manera en la que gesticulaba al hablar, todo en él era hipnótico. Después de terminar su comida, Alexei pidió el postre, y su pequeña se sentía afortunada de poder disfrutar de ese momento. Mientras esperaban, Alexei la miró con una expresión que no pudo descifrar del todo la chica. - ¿Te gustaría salir conmigo de nuevo? -preguntó Alexei, rompiendo el silencio que se había formado entre ellos. Jordán sintió que el corazón se detenía por un segundo. -Me encantaría. Alexei sonrió, y en ese instante, Jordán supo que este almuerzo sería solo el comienzo de algo que podría cambiar su vida para siempre.
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