ALEXEI MORDASHOV.
Durante el resto de la semana todo fue normalmente como debía haber sido, jamás tuve que sacarla de mi lado, al día siguiente fue un caos porque cuando las cuatro matonas fueron notificadas de sus despidos. Se desató el caos.
Las citamos en la sala de juntas a las cuatro con la jefatura y el abogado de la empresa, les explicamos el porqué estaban aquí.
Dos de ellas culparon a Margaret por todo lo que les estaba pasando. Ya que actuaron por petición de ella.
. —Nos dijiste que ella se le estaba metiendo por los ojos a tu novio. — Yo las miro confundido.
¿Qué novio, de quién hablan— pregunto, puesto que no entiendo de qué están hablando?
. — Ella nos dijo que usted era su novio y que estaban pensando casarse, pero que aún no querían dar a conocer su romance.
De la otra esquina de la sala están Janet y Demon, riendo como locos por la situación, lo cual me hace sentir vergüenza porque siempre pensé que hacía bien las cosas.
Las matonas siguen peleando entre sí, por lo que se deben tomar cartas en el asunto. Hago callar a todos y me pongo de pie, las miro a todas y digo sin titubeos.
Esta es la última vez que me referiré a este problema; jamás he mantenido algo sentimental o s****l con nadie de esta empresa, por respeto a mi pareja.
Janet y mi amigo se quedan callados por la barbaridad que dije.
Salgo de la sala de juntas y me voy a mi oficina. Quiero ver a mi pequeña, quien estaba concentrada resolviendo unas cosas que la dejé para que no saliera y no se encontrara con esas malditas abusivas.
Me encanta verla tan concentrada, pero lo que más me mata es que ella, al verme, una sonrisa se forma en su rostro, acción que hace que algo en mí se pare, el corazón, digo.
Okey también mi polla.
Ingreso y una sonrisa estúpida se asoma también en mí. Tomo asiento en mi escritorio y nos ponemos a trabajar, en silencio.
No nos damos cuenta de que ya son casi las nueve de la noche y se nos fue la tarde trabajando.
Le ofrezco llevarla, pero ella me informa que no es necesario porque su casa no está tan lejos como la mía, y cuando quiero replicar una llamada de Nikita, me hace perder nuevamente la oportunidad de estar con ella a solas.
LLAMADA DE NIKITA…
A: Hola, preciosa, ¿cómo estás, cenarás conmigo hoy?
N: hermanito, hoy dormiré con las chicas.
N: debemos ver lo de la tesis, perdón.
A: no te preocupes, debes ser responsable.
Cuando me doy vuelta, veo a mi pequeña irse. Intento tomar mis cosas rápidas, pero el ascensor se cierra. Espero unos minutos, los cuales parecen horas. Cuando por fin salgo, ella está cruzando la calle, tomo mi automóvil y rápidamente me pongo en marcha para lograr alcanzarla.
Cuando creo que debió haber tomado un taxi la veo caminando, tan tranquila y vulnerable a la vez, desde una distancia considerable cuido su regreso, cuando me doy cuenta de que lleva caminando casi cuarenta y cinco minutos, veo por donde estamos y me doy cuenta de que es la cafetería donde ella trabaja, veo que rodea el local y en una escalera muy estrecha ella ingresa y una ventana diminuta se enciende, por lo que me voy porque al parecer ella llegó bien.
Cuando llegó a la esquina, las preguntas sobre la vida de su becaria crecen aún más, por lo que se acuerda de la investigación que su amigo le envió un mes atrás.
Al llegar el cansancio me mata y decido dejar todo para al día siguiente. A la mañana siguiente decido salir a correr porque mi mente en este mes ha sido un desastre en toda su extensión de la palabra.
Cuando voy por la orilla de la playa veo a una chica que se me hace familiar, y por supuesto que lo es, y lo que veo me hace salivar.
No contaba con que se encontraría a Jordán en la cancha de baloncesto, vistiendo los shorts más ajustados del jodido planeta y una camiseta sin mangas, aunque un poco gastado todo.
Sabía que debía darse la vuelta, que era lo más sensato. En lugar de eso, caminó hasta la reja de la cancha como si de un maldito imán se tratase, y la observó encestar una y otra vez, y su imaginación corrió a mil por hora.
Si ella fuese su Baby Girl la haría jugar sin nada, completamente desnuda para su deleite. La amarraría al cesto, hecho solo para ella, y la follaría hasta decir basta.
Contemplo los músculos de sus delgados brazos moverse con el rebotar de la pelota, su ligero cuerpo desplazándose ágil por la cancha, sus piernas firmes para poder treparse en mi cintura mientras me adentro en ella.
Verla ágil y correr de un lado a otro. Se preguntó cómo se sentirían sus piernas alrededor de su cintura, sus piernas se convirtieron en su fascinación, no podía sacar esa imagen. ¿Cómo se sentiría su cuerpo entre mis manos?
Cuando decidió que fue suficiente tiempo que se detuvo a mirar a la chica y se dispuso a irse, ya que pensó que había pasado desapercibido, pero la voz de su pequeña lo hizo detener de golpe.
¡Señor Mordashov!.— pregunta con curiosidad y sorpresa.
Mierda. Mierda, mierda donde me escondo.
Genial, lo que me faltaba es que piense que la estoy siguiendo, bueno, si lo hago, pero hoy fue solo una coincidencia muy excitante.
Miró a mi pequeña que se acerca y su respiración agitada, acto que hace mierda a mi polla.
Jordán, qué coincidencia. — Solo esas palabras hacen que un brillo ilumine sus ojos, algo que he visto últimamente en mí y era excitación.
El encuentro en sí fue coincidencia, pero los casi quince minutos de atención extras e ininterrumpidos, no son claro que no lo fueron.
— ¿Qué hace aquí?—preguntó Jordán, jadeando con su voz entre cortada y con una sonrisa en sus labios. Quien la viera creería que estaba feliz de haberlo encontrado.
Salí a correr y me detuve, hace unos minutos, a descansar y apreciar la vista, dice mirándola. —Eres bastante buena. —
—Gracias, solía estar en el equipo de baloncesto en la preparatoria. —
Yo también.
—Tirador. —
—-Defensa. — Se encogió de hombros.
. — ¿Un juego? - Mi pequeña, no sabes las clases de juegos que quiero jugar contigo, pero no digo lo que pienso.
No puedo Jordán, debo hacer cosas.
.— Okey, señor, que tenga un buen día. Nos vemos el lunes.
Esa mañana Alexei llegó a su departamento muerto de ganas de ver saltar a su pequeña desnuda solo para él. Y no aguantó más, se dirigió al baño y aun con la imagen fresca de la chica que lo había llevado a cometer tales impulsos, que ni siquiera cometió en preparatoria. Gracias a la genética jamás tuvo necesidad de masturbarse. Pero ahora, con 38 años, no había un momento en el que no tuviera su mano en su m*****o venoso y grueso por culpa de una chica a quien le dobla la edad, pero que se ha convertido en su obsesión.
Mientras que en un ático que fue convertido en una habitación, una chica que solo tiene en mente a su jefe un ruso alto de manos grandes, las cuales ella quiere que estén en su cuello. Pero la imagen de hoy quebrantó toda su imaginación, ya que ese pantalón deportivo, el cual dejaba al descubierto su gran m*****o, el cual quería ungir en su garganta. Al terminar el acto, ella solo niega, porque encuentra irrisorio que ese hombre piense ese tipo de cosas, no como ella.
Aquel sábado por la mañana fue la primera de muchas barreras por caer
El lunes ambos estaban ansiosos por verse, Alexei mientras tanto aprovecho la mañana para poder reorganizar su oficina.
Y no tenía en mente la decoración, ni pinturas, ni nada por el estilo, sino que en sí mismo organizó de tal manera su oficina, para que el escritorio de una joven, el cual no era tan grande, quedara justo en su oficina casi a su lado.
Cuando llegó la una de la tarde, el corazón del ruso galopó por el sonido del ascensor, el cual le indicaba que ella, su pequeña, estaba ya en el piso y a solo unos cuantos pasos de él.
Unos golpes le hacen saber que ella está aquí, bueno debo confesar que mire todo su camino atreves de las cámaras.
ADELANTE…
. — Buenas tardes, señor Mordashov.— dice con una sonrisa que ilumina toda mi maldita oficina.
Hola, Jordán, ¿cómo estás?, ¿cómo estuvo tu fin de semana?
. — Bien, señor, le agradezco preguntar, pero lo normal es estudiar, trabajar y entrenar.
. — y usted. Fue provechoso su fin de semana. — responde un poco cohibida por su intromisión, pero le respondí.
Bueno, fue bien, pero no como hubiera querido. — respondo mirándola, ya que hubiera dado lo que fuera por haberla tenido entre mis piernas y en mi cama.
No sabía que jugaras baloncesto y que fueras buena. —Y con eso me, delate solo.
—Estoy becada por mis calificaciones y gracias al deporte obtuve beca completa, así que debo entrenar.
—Tengo que o me sacan del equipo y perdería mi beca o la mitad de ella y tendría que dejar la universidad. —
Wow.
Me sorprendes No sabía que tenías tiempo para tanto o que te alcanzara el tiempo también para pertenecer al equipo de la universidad.
. . . . . .
Saben esta semana, he sentido que tú y demon se han puesto de acuerdo para que este más tiempo del que ya paso con jordán.
Como que tú le entregas la información a ella y no a mí directamente.
Le comenté a Janet esas pequeñas cosas y claro que había más, claro que sí.
Entonces una idea no muy absurda cruzó por su cabeza.
Janet, ¿podrías decirme que tú y demon no han tenido nada que ver con mis encuentros con la chica? Y en ese justo momento llega demon quien se une a la conversación, sentándose en la punta del escritorio de Janet.
—Te tomó una semana deducirlo. Dijo demon sin vergüenza.
.-Déjame decirte que Puede que seas brillante para los negocios. Pero a veces eres como un perro nuevo.-
Su jefe la miró con severidad y confusión a la vez.
.—Cómo son los perritos nuevos, tontos, adorables, pero tontos.
—Oh, vamos, necesitas algo de diversión, llevas meses estresado por los proyectos de la empresa, te hace falta un poco de descanso y alivio —dice con descaro Demon moviendo sus cejas de arriba abajo.
¿Y déjame ver si entiendo, tú crees que mi becaria que hace unos años todavía estaba en preparatoria jugando va a darme eso?
—¡Porque no! He visto cómo la miras.
.— SIP, jefe —dice ella pasando a mi lado.
Paso mi mano por mi cara. En serio, este par no tiene vergüenza, por eso se lleva tan bien.
Escuchen, aprecio el gesto, por esa chica está fuera de mis límites y lo saben.
Esas palabras rondaron por horas en su cabeza. Pero a su vez otras resonaban en su cabeza.
Jamás acostarse con un empleado suyo.
Jamás acostarse con alguien menor a los veintitrés años.
Y definitivamente jamás hacerlo en su área de trabajo.
Pero ella era La Tentación de lo Prohibido y las palabras de sus amigos hacían estragos en él.
Alexei se encontraba sentado en su oficina, revisando detalles de un informe que había recibido a primera hora de la mañana. Sin embargo, su mente divagaba, haciendo eco de la conversación que había tenido con demon. La imagen de Jordán, su interna, persistía en su mente como un recuerdo desagradable pero tentador.
Desagradable por el hecho de que no podía acercarse a ella era mucho menor y eso lo imposibilitaba de todo.
¿Qué fue lo que realmente pasó? Pensó Alexei, dejando caer el bolígrafo sobre el escritorio. “No puede ser.” Se pasó la mano por el rostro, sintiéndose frustrado. Era un hombre de reglas, un hombre que había trabajado arduamente para construir su reputación en la industria. La idea de romper su código personal por pura atracción física era lo último que deseaba.
El sonido de unos pasos interrumpió sus pensamientos. Jordán apareció en la puerta, con su mochila colgando del hombro y una sonrisa que iluminaba la habitación. ¡Buenos días, Señor Mordashov saludó la joven, ¡su tono estaba lleno de energía juvenil!
La cual moría de ganas por exprimir.
Alexei sintió un tirón en su corazón, algo que no había experimentado antes. Buenos días, Jordán, respondió, obligándose a mantener su voz neutra. Vamos a revisar el proyecto de esta semana.
Jordan se acercó, desplegando el plan de trabajo sobre la mesa. Mientras Alexei explicaba los puntos clave, no pudo evitar distraerse al notar cómo el cabello n***o de Jordán caía sobre su frente, cubriendo parte de esa mirada intensamente curiosa que tanto le perturbaba. La mezcla de juventud e inocencia que emanaba provocaba un dilema en Alexei.
¡No puedes pensar en ella así!, se recordó y recriminó a sí mismo nuevamente. Es tu interna y No puedes cruzar esa línea.
La conversación se convirtió en un tira y afloja, con Jordán preguntando y Alexei tratando de mantener su distancia. Cada comentario juguetón de la joven hacía que lo que debería ser un momento profesional se tornara en una lucha continua contra sus deseos reprimidos.
Ya casi Al final de la reunión, el ambiente se sentía cargado, una confusión evidente entre ambos.
Terminé, anunció Jordán, su tono ligeramente desacelerado, como si estuviera buscando una excusa para quedarse más tiempo.
¿Puedo hacer algo más por ti?
El corazón de Alexei se aceleró. “No, Jordán. Creo que has hecho suficiente por hoy,” dijo, sintiendo el peso de sus palabras. “Es momento de que tomes un descanso.”
Sin embargo, al ver la ligera desilusión en los ojos de jordán, algo se quebró dentro de él. “Tal vez… podrías quedarte un momento más,” agregó rápidamente, sin pensar.
Lo cual Fue un error, una invitación a cruzar una línea que él mismo había erigido.
Ambos se quedaron en silencio, las palabras flotando entre ellos. Alexei vio cómo Jordán se mordía el labio, indeciso, buscando la forma de expresar lo que ambos sentían en silencio.
¿Alguna vez te has preguntado qué hay más allá de las reglas? Preguntó Jordán, rompiendo la tensión. “Digo que a veces las reglas están hechas para romperse.”
Alexei tragó saliva, esa pregunta resonando en su cabeza. “Tú no entiendes,” dijo, más firme de lo que pretendía. “Las reglas existen para protegernos, para mantener las cosas en orden.”
Jordán lo miró con intensidad, como si desnudara su alma. “O tal vez son solo una manera de evitar sentir,” insinuó, su voz suave pero cargada de un desafío implícito.
En ese momento, Alexei sintió que el mundo se detenía. ¡Jordán…! Comenzó, pero la puerta se abrió de golpe, rompiendo el encanto de la conversación. Janet apareció de nuevo, con una sonrisa traviesa en el rostro.
¿Interrumpo algo? Preguntó, y su tono burlón dice mucho más de lo que debía.
Alexei se sintió aliviado y frustrado a la vez. Jordán se apartó, haciendo un gesto para desviar la atención. Sin embargo, el momento se había ido. Alexei sabía que lo que había entre ellos no era solo una atracción; era algo mucho más profundo, una conexión que desafiaba sus códigos y lo empujaba a reconsiderar todo.