Miedo

1825 Words
Ingresamos a la casa y él se perdió en una de las habitaciones, dejándome allí, los minutos pasaron y la calma empezó a ponerme nerviosa, espere gritos, reclamos y mucho más, ahora que no había nadie que pudiera intervenir, pero en cambio nada y eso no era normal en él. Tome asiento sin saber qué hacer y mi mente viajó meses atrás, cuándo él me propuso irme. –Abigail tengo que hablarte. —ese día Mary su madre como todos los fines de semana me había invitado a cenar, mire su espalda perderse en el pasillo y sin más lo seguí. –No sé que estupidez dijo Malorie ahora, pero no la he visto siquiera. —me observó de forma burlona. –¿Te estás excusando acaso?, tú conciencia te delata. –Soltó de forma acusatoria. –¿Qué quieres?—pregunte sin rodeos. —Si tiene que ver con Malorie no me interesa. —le advertí. —Tu padre ha estado presionando con la boda, sabes mi opinión al respecto.—escucharlo mencionar el tema de la boda me hizo sentir incómoda. —Sé que no quieres casarte conmigo, pero no puedo hacer nada. —me observó con desagradó y una mueca burlona adorno su rostro. —Si puedes hacer y mucho, empezando por decirle que no quieres casarte. —Lo conoces Erick, no va aceptar eso, es capaz de matarme, ya me lo ha dicho varias veces. —masajeo el espacio entre sus cejas y bebió un trago de su copa de licor. —Esa noche tú estuviste de acuerdo, no te obligué, porque ahora debo pagar…. —Esa noche tú ofreciste el compromiso, tampoco te obligué. Lo siento pero no hay nada que hacer, es eso o condenarme. —le dije con pesar. —Debí dejar que esa noche hiciera lo que tenía pensado, ahora yo no estaría metido en este lío. —aquello dolió, de no haber ofrecido el compromiso, mi padre me hubiera matado a golpes. —No debiste hacerlo, está tortura hubiera acabado hace mucho, ocho años aguantando tus reproches por eso… no quieres casarte conmigo perfecto, toma la maldita arma, apunta directo aquí.—le dije señalando mi frente. —jala el gatillo y acaba con ésto. —No digas estupideces…. —No son estupideces, fue lo que debió pasar y es justo lo que pasará, lo sabe tan bien como yo. —dejó caer su cabeza contra él respaldo del asiento, resoplando cansado. —Hablaré con Valek, te conseguiré un lugar a donde ir, sin que nadie pueda encontrarte, él se encargará de mantenerte oculta. —escuché atenta su plan, ya había decidido todo, ni siquiera se tomó la molestia de preguntar si yo quería irme, si yo quería hacer aquello, aquí tenía todo y ahora él me condenaba a perderlo. —Por lo visto ya tienes todo resuelto, y que hay de lo que yo quiero. —Vamos Abigail es lo mejor para los dos, yo tengo responsabilidades aquí, no puedo solo desaparecer, hablaré con él y te avisaré cómo se hará.—Se puso de pie y se fue dejándome allí pensativa, asimilando el hecho de que tendría que abandonar todo. Tal y como dijo consiguió a dónde enviarme, y yo acepté, hicimos el acuerdo donde yo, no llegaría a la boda, debía parecer como si me arrepentí a última hora y huí, cambiaría mi identidad y empezaría de cero, sola en otro lugar, pero no pude hacerlo, no pude solo irme y dejar todo atrás, y mi padre, él no me perdonaría arruinar sus planes, me buscaría y no descansaría hasta encontrarme y al hacerlo acabaría conmigo ya me lo había advertido y no solo eran amenazas, nunca me había querido, siempre fui el error, la culpable de la muerte de mamá, la hija que debió ser hijo, la que arruinó todos sus planes de obtener poder. Erick no lo entendía, para él era fácil, nadie lo buscaría, ni lo juzgaría, ideó todo para quedar como la víctima, el seguirá con su vida normal, haciendo lo que quiera, viviendo de igual manera y yo me la pasare huyendo toda mi vida, no era justo, por eso en vez de irme, me arme de valor y llegue a la boda. La cara que puso a verme lo dijo todo, rabia, enojo, sorpresa y luego nada, no demostró nada, hizo lo que debía hacer, ofreció los votos, dió el sí acepto, beso mis labios y sonrió a los presentes, pero yo sabía que dentro había una tormenta formándose una que me arrastraría a los hondo. Pero no me arrepiento, no hasta el momento, tenía que elegir y prefería mil veces someterme a la ira de Erick, que a la de mi padre. Mi padre es muy cruel, desde que recuerdo siempre buscaba una manera de castigarme, lograba sacar mis peores miedo y luego los usaba en mi contra. El iba a matarme era seguro, pero antes de eso me iba. a torturar de las maneras más crueles y dolorosas posibles, lo sabía muy bien, había soportado de eso por años. Erick, pues no que es fuera un santo, era el líder de una organización criminal poderosa y temida y él era conocido por sus métodos sanguinarios y perversos, pero había más en él, lo conocía y aunque ahora no había rastros de el chico que conocí, se que seguía allí, además a su lado me libraría de mi padre, alguien del cual no quería estar cerca nunca más. En medio del viaje a mis recuerdos, lo ví sentarse frente a mí, me miró de manera penetrante y dura, sobre la pequeña mesa de madera entre nosotros colocó algunos zunchos, navajas, punzones y latigos, mire acomodar cada cosa sintiendo como el miedo me inundaba. –¿Sabes lo que sucede con alguien incumple su palabra?—preguntó al terminar de acomodar todo. –Recibe su merecido. —le respondí, mientras tragaba con dificultad. –No entiendo cómo si sabes las consecuencias, te atreviste a incumplir. —guarde silencio, qué más podía decir, se supone que me había preparado para esto. –Vayamos al grano entonces, te daré opción de elegir, azotes, cortes o encierro, tienes un minuto para elegir. — dijo y al terminar empezó hacer el ruido de tic tac del reloj. No tuve que pensar mucho, cortes y azotes descartado, sin duda escogería encierro, y fue justo lo que hice, al escuchar empezó a reír lo cual me hizo sentir escalofríos, se puso de pie y me pidió seguirlo, justo hasta la habitación en la que se había perdido antes, al abrir la puerta me giré de golpe. –Quiero azotes. —¿Disculpa?, cuestionó.– quiero los azotes de castigo, dije en voz baja. –No puedes cambiar, te di opción de elegir y lo hiciste, ahora entra. –No quiero, no puedes hacer esto…. –Yo puedo hacer lo que quiera, sabías bien lo que pasaría y aún así decidiste quedarte, ¡ahora entra!—me dijo en tono de voz elevado. –No puedes tratarme como una de los hombres que trabajan para ti, soy tu esposa ahora. —Tomó mi mandíbula con una de sus manos y la apretó fuerte. –Crees que tienes elección, crees que estoy jugando, soy un mafioso y uno muy malo y cada falla que hagas tiene un castigo, ahora vas a entrar o me harás meterte a la fuerza y atarte a la cama. Volví girarme a ver la habitación, había pintado las ventanas con pintura negra, había quitado la corriente eléctrica pude ver cómo cortó los cables que alimentaban la habitación, lo hizo a propósito sabía que escogería encierro y se aprovechó de mi pánico a la oscuridad un miedo adquirido gracias a mí padre. –Por favor Erick. —dije con la voz temblorosa, destellos del pasado cruzaron por mi mente. No dijo nada solo me tomó del brazo y me hizo entrar a la fuerza, intenté safarme y salir pero fue más rápido y cerró la puerta justo en mi cara. –¡Déjame salir, Erick! —grité mientras golpeaba la puerta desesperada.–¡ abre por favor!, ¡déjame salir! ¡ déjame salir!….. Me quedé allí y sentí como perdí la voz de tanto gritar, las manos me dolían de tanto golpear la puerta, pero nada, no abrió, sin fuerzas me dejé caer al suelo y la imagen de mi yo de niña vino a mi mente. Tenía una corta edad, mi padre solía castigarme por cualquier cosa, hasta por un día mal que tuviera en sus negocios, ese día deje caer los platos al suelo, acababa de cenar y al llevarlos a la cocina tropecé, los ruidos de vidrio partidos llenaron la casa, intenté limpiar todo, con la esperanza de que no hubiera escuchado, pero me equivoqué y mucho, limpie todo rápido y volví a mi habitación, sintiéndome victoriosa por haber librado el castigo. Pero al entrar él estaba allí, su fuerte mirada me hizo temblar, apreté mis pequeñas manos, se volvieron puños, y mis ojos se llenaron de lágrimas. Quitó todo lo que pudiera ofrecer luz, la habitación quedó oscura, muy oscura. –Aprenderás a cuidar las cosas, y sobre todo a nunca esconder nada. —fueron sus palabras antes de salir y cerrar la puerta. Respire aliviada, estaba oscuro y me daba un poco de miedo, pero al menos no recibe golpes pensé, pero de pronto ruidos extraños llenaron la habitación, pasos podían oírse y yo no podía ver nada, empecé a sentir que me tocaban, arañaban, jalaba el cabello y hasta mordían, en mi mente inocente creí que era un monstruo que venía a llevarme, esa anoche grite y llore hasta quedarme dormida, desde ese día cada vez que hacía algo ese era el castigo que recibía. Fueron tan horribles que llegué a mojar mi ropa interior del susto y por eso entonces me golpeaba. Y aunque ahora sabía que era personas que él hacía entrara y atormentarme, apenas se apagaban las luces los recuerdos volvían acompañados por terror, un terror que no podía controlar, podía escuchar los ruidos y los pasos, al igual que sentir los toques, rasguños y mordidas en mi piel, aquello me dominaba. Erick sabía de mi pánico a la oscuridad, lo que no sabía era el porque, pero aún así se aprovechó de algo que sabía me lastimaba, no lograba entender porque me odiaba tanto, que mal pude haberle hecho, entendía que no quisiera la boda, pero usar esto era muy cruel, igual que mi padre. Me acurruque en una esquina justo como solía hacer, mientras seguía pidiéndole que me dejara salir, mi corazón latía muy desenfrenado, tanto que me costaba respirar, pero aún asi seguía llamándole, al igual que llamaba a mi padre con la esperanza de que viniera a rescatarme, pero al igual que él no vino, nadie vendría, a nadie le importaba eso lo sabía, lo sabía muy bien….
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