—¿Te casaste con este malnacido? —preguntó Justin en un tono de voz tan grueso como el bate de Akron—. ¡Respóndeme! Violet había visto a su hermano enojado en otras ocasiones, pero no como esa noche, cuando sus ojos resplandecían como luciérnagas y de ellos brotaba algo similar a fuego de dragón. Violet nunca antes había experimentado la ira de su hermano, y escucharlo gritarle que le dijera la verdad, la hizo temblar. —Sí —susurró Violet—. Soy su esposa bajo las leyes del club. Justin cerró los ojos y tragó grueso. Las palabras de Violet resonaban en su cabeza como el eco en una habitación vacía. Bajo las reglas del club, esa era la frase que más resonaba, y solo era una forma arcaica de poseer a una mujer en un maldito grupo criminal. Justin conocía las formas en las que los criminal

