Seis meses después —Hola, soy River, y estoy amputado —dijo cuando sacó el muñón del interior de su sudadera grisácea. —Hola, River —respondieron al unísono. River observó a las diez personas con las que compartía el círculo del grupo de apoyo. Llevaba cerca de cinco sesiones con ellos, pero el líder le dijo que, si estaba dispuesto, contara su historia. Había hombres que perdieron sus extremidades en la guerra, otros por accidentes, otros por errores, y él entraba en el último grupo; el de los rezagados que estaban incompletos por culpa de esos errores que no tenían forma de remediarse. —Mi mamá me obligó a salir de la cama las últimas veces que papá se estacionó afuera para traerme —dijo River sin mirarlos—. Se esfuerzan en que regrese a ser el de antes. Se esfuerzan demasiado en

