Capítulo 2: Esperanzas

1515 Words
Me encontraba en el call center de la empresa de seguros donde realizaba las prácticas laborales, esperando ansiosamente noticias sobre la entrevista de trabajo que había tenido en la editorial Aurora hacía una semana. Ayer había llamado con la esperanza de obtener alguna actualización, pero me dijeron que aún estaban en proceso de entrevistas y que no tenían una respuesta definitiva, lo que significaba que el proceso de selección seguía abierto. Mientras tanto, no me quedaba más remedio que seguir esperando esa oportunidad laboral tan deseada, ya que, hasta donde yo sabía, la empresa de seguros donde hacía las prácticas no iba a contratarme. Afortunadamente, hoy llegaba a su fin mi última jornada allí, puesto que solo estaba previsto que me quedara una semana. Y no es que ser agente de servicio al cliente fuera un trabajo que odiara, pero hubo momentos durante las prácticas en los que me aburrí y sentí que no quería estar ahí; sabía que ese no era mi lugar y que ese trabajo no era para mí. Especialmente en este momento, cuando aún era posible conseguir un empleo más alineado con mis verdaderos objetivos. 16:00 p.m. Miguel: — Vicenç, ¿cómo estás? Miguel, un amigo que también hacía las prácticas en el call center, se acercó a mi mesa y, como estábamos en hora de descanso, podíamos hablar tranquilamente. — Bien, ¿y tú qué tal? Miguel: — Bien. Oye, ¿cómo llevas lo de encontrar trabajo? — ¿Por qué lo preguntas? Miguel: — Es que mi hermana, que trabaja en la editorial del centro, me comentó que te vio hacer una entrevista allí — ¿Ella trabaja ahí? Miguel: — Sí, de recepcionista — ¡Ah! ¿Y cómo es que me conoce? Miguel: — Porque alguna vez te ha visto. Lo que pasa es que no te acuerdas. Entonces, ¿estás buscando otro trabajo diferente o es lo mismo de atención al cliente? — No, es distinto. Si me contratan, sería como editor. Quiero dedicarme a algo que realmente me apasione y con lo que me sienta cómodo, porque para ser editor me he preparado Miguel: — Ya entiendo. ¿Y qué pasó? ¿Crees que consigas el trabajo en la editorial? — No lo sé Miguel: — Si pudiera, mi hermana te ayudaría, pero su opinión no cuenta allí. Lo sé porque una vez intenté que ella me consiguiera ese trabajo y no pudo, por eso acabé trabajando en un supermercado. Pero según lo que me ha dicho Brian, el supervisor, este call center me quiere contratar, o al menos eso es lo que me dijo. ¿A ti no te han comentado nada? — Eso suena bien. No, no me han dicho nada de contratarme Miguel: — Bueno, pues te deseo suerte. A ver si te contrata esa editorial — Gracias Miguel se alejó de mi mesa, y como todavía tenía veinte minutos de descanso, decidí aprovecharlos para escribir un poco. Me dedicaba principalmente a escribir microrrelatos e historias, aunque ocasionalmente escribía poemas, porque me resultaban más fáciles de componer. De hecho, ya había escrito más de diez microrrelatos, y aunque no los publicara en ninguna parte, tenía la fe de que algún día lo haría, con la esperanza de que quienes los leyeran los encontraran interesantes. Mis escritos tanto de poesía como de microrrelatos abarcaban una variedad de temas: desde el amor y el desamor, hasta lo pasional y lo erótico… Incluso algunas reflexiones sobre la vida misma. No me limitaba a un solo tema porque mi mente estaba llena de ideas, ocurrencias y experiencias vividas. 19:00 p.m. Estaba en casa, ayudando a mi madre a cocinar cuando, de repente, recibí una llamada de un número que no tenía registrado. — Ahora vengo — avisé, y me fui de la cocina para contestar la llamada. Fernando: — Hola, ¿Vicenç? — Sí, soy yo Fernando: — Soy Fernando de la editorial Aurora, te llamaba para avisarte que, aunque el proceso de selección sigue abierto, daré una buena opinión sincera sobre ti. No soy el único que decide las contrataciones, pero te podría asegurar que tu perfil encaja con la oferta — Vale Fernando: — Solo queda una semana para que acabe el proceso y aunque todavía no te puedas incorporar, te aviso para que lo vayas teniendo en cuenta — ¡Oh! Genial Fernando: — La semana que viene te volveré a llamar y te avisaré el día para presentarte en la editorial. Se te hará una prueba, que después te explicaré — Entiendo Fernando: — Pues, nada, quedamos así — Muchas gracias Fernando: — Adiós Colgué la llamada y, al girarme, vi una silueta pasar por la puerta. Me acerqué y vi que era mi madre, escondiéndose, quizás con intención de escuchar mi llamada. — ¿Qué haces? Belén: — Perdón, hijo, es que me preocupas — ¿De qué? Belén: — Te he notado raro. ¿Qué escondes? — Nada Belén: — Dime la verdad, hijo. ¿Estás vendiendo o tomando droga? — No Belén: — ¿Estás seguro? — Sí Belén: — Perdón, pensé que estabas relacionado con eso. Te vi tan misterioso cogiendo esa llamada. No quiero que hagas lo mismo que tu padre — Pues ya te digo que no haré semejante mierda Belén: — Bueno… ¿Y qué hacías? ¿Quién te llamó, un amigo? — preguntó interesada, pero sabía que si no le quería contestar, no iba a insistir. — Es que estoy buscando trabajo Belén: — ¿Ah si? — Una editorial me contratará según me ha dicho uno de los encargados Belén: — ¿Y por qué en una editorial? ¿No te gustó estar en el call center? — Sinceramente no, además en un futuro próximo quiero ser escritor y estando ahí sé que tendré algunas ventajas para cumplirlo Belén: — ¡Ah! ¿Y eso es lo que quieres? ¿Te gusta escribir? — Sí Javier: — ¡Ja! No sabía que eras marica — dijo asomándose por un muro, mirando desde donde terminaba el pasillo hasta donde estábamos mi madre y yo, en mi habitación, que estaba al final del mismo pasillo. — ¿¡De qué hablas!? Javier: — Te advierto, no me vengas con que eres marica. Solo a las mujeres les gusta escribir. ¿Desde cuándo te gustan las pollas, eh? — Piensa lo que te dé la puta gana. A mí desde hace tiempo me da igual tu opinión — dije con determinación, aunque por dentro me dolía hablarle de esa manera; al fin y al cabo, él era mi padre. Me di la vuelta y me metí en mi habitación. La impotencia que me provocaban sus palabras me hacía querer llorar. Sabía que contarles a mis padres que quería ser escritor no les gustaría, porque aunque no estaba mal visto, lo consideraban una idea poco práctica, especialmente para un hombre que deseaba dedicarse a la escritura. Belén: — Javier, por favor, vete. Ya deberías haberte ido hace rato, pero por estar tirado en el sofá, no lo has hecho Javier: — ¿Y a ti qué te pasa, mujer? Belén: — Vete, por favor, antes de que llame a la policía Javier: — ¿Y me echas de mi propia casa? Es que de verdad, macho… y que sepas que este no va a ser marica; ya le voy a enseñar cómo tiene que ser A continuación, se escuchó una puerta cerrarse, y me senté en el colchón. Entonces, vi que mi madre se acercó a mí y se sentó a mi lado. — No, si te lo preguntas no soy gay — dije, porque ya sabía que me lo preguntaría. Era entendible, pues a casi ningún hombre heterosexual se le veía escribir o pintar, y menos a mí, que nunca había presentado ninguna novia a mi familia. Pero eso no significaba que no hubiera tenido algunos líos con algunas chicas. Belén: — Olvida lo que dijo tu padre — ¿Qué te molesta de que me guste escribir? Belén: — No, nada… Pero es cierto que de eso no sé si puedas vivir — Ya lo sé, pero lo quiero intentar. Ya me cansé de trabajar en cosas que no me hacen feliz Belén: — Te entiendo, Vicenç — Peor sería no querer trabajar; al menos yo me esfuerzo en querer traer dinero a casa. Y Javier, siendo mi padre, ni siquiera se preocupa. ¿No te ha dado el dinero que te prometió, verdad? Belén: — No, pero no lo obligaré. Vicenç, no trates mal a tu padre, sabemos que lo que hace está mal, pero no le hables mal — A veces no me puedo contener, duele saber que ya no es el padre que yo recuerdo y que Diana recuerda Belén: — Lo sé… — En fin… Iré a ver cómo va el arroz — dije, usando esto como pretexto para salir de la habitación y poner fin a la conversación. Me sentía exhausto y frustrado, deseando que al menos algunas de las dificultades en mi vida empezaran a cambiar próximamente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD