Domingo, 7:00 p.m.
Estaba a punto de salir de mi departamento rumbo al estudio de Sergio. Finalmente, había decidido acompañarlo y aprovechar la oportunidad para mejorar mi técnica de pintura y dibujo. Desde hacía años me dedicaba a hacer bocetos y algunas pinturas en acuarela o al óleo, principalmente de paisajes y ocasionalmente de retratos.
Desde que Sergio había montado su propio estudio, solía ir de vez en cuando a trabajar allí. Pintaba cuadros que a veces lograba vender, y en otras ocasiones, terminaban decorando mi casa. Para mí, la pintura no era una fuente de ingresos, sino más bien una forma de desconectar y relajarme. No como la escritura que sí lo era.
Así que reuní mis materiales de pintura y con todo listo, bajé a buscar mi auto y me dirigí al estudio de Sergio, a media hora de camino.
7:42 p.m.
Sergio: — ¡Hola, Vicenç! Pasa y acomódate. ¿Quieres algo de beber?
— De momento no, gracias. ¿Todavía no ha llegado la modelo?
Sergio: — Sí, está en el vestuario cambiándose — respondió, mientras yo me ponía a organizar mi zona de trabajo.
Poco después, una mujer de cabello rubio, alta, ojos verdes y con una bata puesta se acercó a nosotros.
Sergio: — Sandra, te presento a Vicenç, que también estará pintándote hoy
Sandra: — Un placer conocerte — dijo con una sonrisa cálida, saludándome con un beso en cada mejilla.
— Igualmente — respondí, correspondiendo el saludo.
Sergio: — Aquí es donde estarás tú. Como te mencioné, puedes acostarte, sentarte o posar como te sientas más cómoda.
Lo importante es que te sientas relajada
Sandra: — Muy bien. Por cierto, habíamos hablado sobre el proyecto que representa lo explícito, y me dijiste que no había problema. ¿Todo sigue en pie?
Sergio: — Sí, claro. ¿Quieres que el retrato sea como me comentaste?
Sandra: — Si no hay inconveniente, para mí está bien. La mayoría de los pintores me han hecho retratos de esa forma y nunca ha habido problema
Sergio: — Perfecto, entonces así lo haremos. Los dos estaremos encantados de trabajar contigo y te agradecemos que estés aquí hoy. Si quieres, vete acomodando y yo vuelvo en un momento, tengo que traer algo
Sandra: — Muy bien
Antes de irse, Sergio me miró con una expresión que me hizo pensar que estaba escondiendo algo sobre la pintura que estábamos a punto de hacer. La bata blanca de Sandra era una pista clara de que el retrato sería desnudo, lo cual me hizo cuestionar si había más detalles que no se habían discutido.
Entonces, mientras Sergio se alejaba, me preparé mentalmente para cualquier giro inesperado que pudiera surgir durante la sesión.
Sandra cruzó la sala y se dirigió a una pequeña cama situada frente a los caballetes de Sergio y mío, que serviría de escenario para la sesión.
De inmediato, Sandra comenzó a despojarse de la bata blanca, dejándola caer al suelo. Y, efectivamente, no llevaba nada debajo de ella.
Sandra: — ¿Te parece si me acuesto?
— preguntó mientras yo fingía buscar algo en mi mochila, tratando de evitar mirar demasiado a la modelo y su cuerpo llamativo.
— Si quieres — respondí, tratando de mantener la compostura.
Sandra: — Hablé con Sergio sobre que en la pintura apareciera con las piernas un poco abiertas, para que se viera todo el cuerpo, incluso el coño — dijo, casi provocando que me atragantara con mi propia saliva.
— Pues, si eso es lo que prefieres, se puede hacer — dije, mirando mi cuaderno de bocetos y esforzándome por no mirarla directamente.
Sandra: — ¿Te parece si me pongo así?
— preguntó mientras se acomodaba, abriendo ligeramente las piernas. Fue en ese momento cuando levanté la mirada para verla.
Ella mostró su cuerpo con total naturalidad, y en ese momento, sentí un intenso deseo de que la tierra me tragara. La situación era completamente profesional, pero su atractivo era innegable, y resultaba difícil no sentirse tentado, especialmente al ver su cuerpo e intimidad expuestos de esa manera y en dirección a mí.
— Yo… Creo que así está bien… Ahora vuelvo, tengo que ir a traer algo
Sandra: — Claro
— Tú acomódate, ahora vuelvo
De inmediato, salí de la sala casi corriendo y en otra sala cercana encontré a Sergio mezclando varias pinturas y creando nuevos colores.
— Oye, ¿por qué no me dijiste que el retrato sería desnudo?
Sergio: — Es que lo decidimos en último momento. ¿Está guapa la chica, cierto? La verdad es que si no fuera gay, intentaría ligar con ella, pero como lo soy, solo la admiro por lo guapa que es
— Ya, pero yo no soy gay. ¿A caso no pensaste en mí?
Sergio: — ¿Por qué, ya la viste desnuda y la tienes parada? ¡Ay!, cariño, no es la primera vez que pintas mujeres desnudas. Ya tendrías que venir preparado
— Sí, pero desde hace tiempo no lo había hecho
Sergio: — Bueno, ni modo, tendrás que aguantarte
— ¿Tienes alguna cerveza?
Sergio: — Sí, en el refrigerador
— Vale, porque la necesito
Sergio: — Si se te ve dura, eh
— Vete a tomar por culo. Esto es tu culpa
Sergio: — ¡Ay, chico! Cálmate. Es normal, peor sería que no se te levantara. Venga, hay que empezar a trabajar
— Dame un momento, ahora voy
Sergio: — No te tardes
Minutos después, aunque aún no lograba calmarme tras lo que había presenciado, decidí no hacer esperar más a la modelo por mi imprudencia. Así que volví al lugar donde estaba Sergio y Sandra y me dispuse a pintar.
Sandra ya estaba en su posición, su mirada fija al frente hacia donde estábamos Sergio y yo. Su cuerpo desnudo yacía sobre la cama en una pose cautivadora: medio reclinada sobre un codo, con la espalda ligeramente arqueada, lo que acentuaba la curva de su cintura. Una pierna estaba doblada, mientras que la otra se extendía grácilmente, creando una línea diagonal que guiaba la vista a lo largo de su silueta. Era una postura que irradiaba atrevimiento y poder. La elegancia de la pose y la confianza con la que Sandra mostraba su cuerpo desnudo, retando con su mirada fija, reflejaba una figura dueña de sí misma, fuerte y sin inhibiciones, perfecta para capturar en el lienzo.
De modo que, Sergio y yo comenzamos a pintar a Sandra. Yo opté por utilizar la técnica del claroscuro, que consideré ideal para resaltar los contrastes dramáticos entre luces y sombras sobre su cuerpo. Sergio, en cambio, decidió aplicar la técnica del sfumato, que le permitiría suavizar los contornos y lograr transiciones de color más sutiles, produciendo una representación más detallada y realista de la figura de Sandra.
10:11 a.m.
La sesión de dibujo y pintura aún no había terminado. Habíamos dedicado tres horas desde el inicio, pero todavía quedaba mucho por hacer. En mi caso, había avanzado en la figura del cuerpo de Sandra, sin embargo, las distracciones durante ese tiempo habían limitado mi progreso. Su cuerpo, fascinante y enigmático, dificultaba mi concentración, aunque me estaba acostumbrando a la situación con el paso del tiempo.
Su mirada hipnotizadora, por otro lado, me desvió en varias ocasiones, haciendo difícil mantener el enfoque. A pesar de no conocerla bien, su mirada transmitía una intensidad y seguridad notables, revelando una personalidad fuerte y apasionada.
Ahora era el momento de tomar un descanso, relajarnos y disfrutar de algún snack. Por lo tanto, aproveché para estirar un poco el cuerpo y dirigirme a la mesa de refrigerios que Sergio había preparado. Siempre incluía estas opciones cuando trabajaba en retratos, no solo para él, sino también para cuidar de sus clientes.
Así que, entre varias opciones, decidí comerme una manzana.
Sandra: — ¿Cómo llevas el trabajo?
— preguntó mientras se acercaba por detrás y, al llegar junto a mí, noté que ahora llevaba puesta la bata que tenía antes; evidentemente, no iba a andar desnuda por toda la sala.
— Voy avanzando. Espero que te guste cuando lo termine
Sandra: — Seguramente me encantará
— dijo mirándome con una sonrisa rara. No estaba seguro si era un gesto coqueto o si lo había malinterpretado, igualmente, decidí no darle demasiada importancia.
— ¿Formas parte de algún grupo o eres modelo autónoma?
Sandra: — Estoy dentro de un grupo de modelos. Mi jefe, Brayan, expondrá todas las pinturas que nos han hecho a las cinco modelos del grupo en un festival que habrá en Venecia este verano
— ¡Ah!
Sandra: — Sergio me dijo que tú eras fotógrafo también — dijo, antes de tomar agua de una botella.
— Bueno, hago fotos, pero no soy profesional
Sandra: — Algún día podríamos quedar y me haces algunas fotos
— Sí, cuando quieras
Sandra: — ¿Te parece si te doy mi número de teléfono?
— Em, vale
Sandra: — Está bien, te lo daré antes de que me vaya
— De acuerdo
18:29 p.m.
El día de trabajo había finalizado, pero claramente el trabajo aún no estaba terminado. Hacer una pintura o un dibujo bien hecho requería de horas y horas de dedicación, pero al menos tanto Sergio como yo ya teníamos avanzados nuestros trabajos.
Sergio: — Bueno, mañana no hará falta que vengas porque ya tenemos lo más importante hecho. Ahora solo faltaría arreglar algunas cosas, pintar, hacer sombras…
Sandra: — Muy bien
Sergio: — Pero si en algún momento te necesito te llamo, ¿vale?
Sandra: — Sí, no hay problema
Sergio: — Genial. Cuando termine el retrato te avisaré
Sandra: — Vale, estaré pendiente
Sergio: — Pues muchas gracias por venir
Sandra: — A vosotros, sois muy amables y profesionales — dijo, despidiéndose de Sergio con un beso en cada mejilla y luego lo hizo conmigo.
— Que te vaya bien
Sandra: — Igualmente. Ten, este es mi número. No te olvides de llamarme
— añadió guiñándome un ojo.
Sergio: — Que te vaya bien
Sandra: — Gracias, adiós
Sergio: — Adiós — dijo antes de que Sandra se dirigiera a la puerta para irse.
— No esperaba que me diera su número
Sergio: — Quizás le pareces guapo y le impresionaste
— No sé
Sergio: — Ves, al final tenías que venir hoy y tú no querías. La vida está llena de sorpresas, chico