20:32 p.m.
Llegué a la casa de la hermana de Amaia, que no estaba muy lejos de mi hogar. Yo vivía en un edificio en Horta, un barrio algo apartado del centro de Barcelona, pero aun dentro de la ciudad.
La vivienda de su hermana, en cambio, estaba casi en el corazón de la ciudad, a menos de treinta minutos de distancia. Por lo que no tardé mucho en llegar, especialmente considerando que hice una breve parada en el restaurante chino para recoger mi pedido, y, afortunadamente, fueron puntuales al entregármelo a la hora acordada.
Amaia: — Hola, pasa
— Hola
Amaia: — Qué rápido viniste
— Sí, menos mal que la comida ya estaba lista cuando llegué
Amaia: — Y huele deliciosa, ya me dio hambre
— A mí también. ¿Cómo va lo del bebé?
Amaia: — De momento, he conseguido que se duerma — respondió mientras caminábamos hacia la sala, donde en una esquina se encontraba una cuna portátil.
— ¿Cuántos años tiene?
Amaia: — Uno y medio
— ¡Ah!
Amaia: — Ven, te lo presentaré. Se llama Guillermo — dijo, llevándome hasta la cuna.
— Qué lindo… — comenté en voz baja, impresionado por lo pacífico que se veía.
Amaia: — Sí, lo es, aunque puede ser todo un terremoto cuando está despierto — añadió con un toque de humor.
— Me lo imagino
Amaia: — Bueno, aprovechemos que está dormido para cenar tranquilos
— Sí, porque muero de hambre
A continuación, nos dirigimos al comedor, que estaba conectado con la sala. La mesa ya estaba lista, y en cuanto colocamos las cajas de comida, el apetitoso aroma nos envolvió. Había una selección variada: arroz frito, tallarines con salsa de soja, pollo agridulce, y unos rollitos de primavera crujientes que prácticamente gritaban ser devorados.
— Todo se ve increíble — comenté, sirviéndonos un poco de cada plato.
Amaia: — Sí. Hace mucho que no comía comida china, me hacía falta
— A mí también. ¿Solo un sobrino tienes?
Amaia: — Sí. Por cierto, ¿cómo está tu hermana Diana?
— Bien, va haciendo su vida
Amaia: — Me alegro por ella. ¿Y tu madre?
— Se encuentra bien de salud y en lo personal la veo tranquila y contenta
Amaia: — Eso es bueno
— Sí
Amaia: — Oye, gracias por haber venido y por traer esta deliciosa comida
— No hay de qué, siempre he disfrutado pasar tiempo contigo — dije, levantando la vista para verla. Ambos compartimos una sonrisa, aunque en el fondo me sentí un poco avergonzado por haber dicho eso. No era algo fuera de lugar, pero temía que Amaia lo pudiera interpretar de manera más profunda, algo que en ese momento no estaba preparado para enfrentar. Por suerte, su expresión seguía siendo relajada y amigable, lo que me tranquilizó.
Amaia: — Yo también — respondió con una sonrisa sincera, haciendo que mi pecho se encogiera ligeramente.
Era una sensación extraña la que me confundía. Hacía tiempo que notaba algo diferente en mí cuando estaba cerca de Amaia, pero no sabía con certeza si era algo pasajero o si significaba algo más profundo.
Era normal que me gustara pasar tiempo con ella porque era mi compañera de trabajo y también una amiga, pero desde hacía un tiempo había empezado a cuestionarme por qué estar con ella me gustaba mucho más que antes y más de lo que hubiera imaginado.
Pero, probablemente era solo una fase, una confusión causada por la cercanía y los años de amistad, y nada más. Así que, como siempre, decidí dejarlo pasar y no indagar más en esa sensación.
Una semana después.
Viernes, 11:22 a.m.
Julián: — Hola, buenos días — saludó apareciéndose por la puerta de la oficina.
Amaia: — Buenos días, Julián
— Buenos días
Julián: — Buenos días, ¿Vicenç, dentro de unos cinco minutos puedes subir a mi oficina? Te comentaré un poco sobre el nuevo proyecto
— Vale
Julián: — Perfecto — dijo y se fue.
Amaia: — ¿De qué crees que sea el proyecto?
— No sé
Amaia: — Tal vez otro libro infantil, últimamente hemos tenido varios
— Sí, puede ser
Unos minutos después, subí hasta la oficina de Julián, que se encontraba en la primera planta de las dos que tenía la editorial.
Julián: — Pasa y siéntate
— ¿Qué tal?
Julián: — Todo bien.
Recuerda que el plazo de entrega de la edición del libro de Carmen Salinas es al finalizar este mes
— Sí, lo sé. Ya solo nos quedan cinco capítulos para terminar
Julián: — Muy bien, cuando lo tengáis, me lo enviáis. Estaría bien acabarlo una semana antes del plazo
— Vale
Julián: — Tú y Amaia habéis hecho un trabajo excelente. Carmen Salinas está encantada con los resultados. La verdad es que formáis un gran equipo, y por eso quiero hablarte del próximo proyecto
— A ver, ¿de qué trata?
Julián: — Mira, te lo comentaré a ti primero porque eres el jefe de edición de tu grupo. Además, quería saber tu opinión antes que nada, porque si me dijeras que no, tendría que hablar con Amaia después para conocer su perspectiva
— Ajá
Julián: — Verás, el nuevo proyecto es muy distinto al de Carmen Salinas.
Se trata de un libro con temática erótica, y tiene varios elementos que requieren bastante trabajo editorial. Por eso, quiero saber tu opinión antes de asignártelo junto a Amaia. Sé que tienes una gran amistad con ella, y tal vez este proyecto no encaje del todo con esa dinámica. He leído parte del libro y, aunque necesita bastante edición, ya me he hecho una idea de lo que implica.
Si tú y Amaia decidís aceptarlo, entiendo que no será un trabajo fácil. Sabes, sobre todo, no quiero que esto cree una situación incómoda entre vosotros
— Ya veo, entiendo lo que dices
Julián: — Sí, porque siendo un libro erótico y con ciertos pasajes bastante explícitos, puede resultar complicado para cualquiera, pero sobre todo para dos personas que tienen una relación tan cercana como la vuestra. Quiero asegurarme de que ambos estéis cómodos antes de seguir adelante con este proyecto
— Claro
Julián: — Entonces, ¿qué dices?
— A ver, entiendo lo que dices. Al final, cuando editamos un libro, intentamos hacerlo de la mejor manera posible, adaptándonos a la historia cuando lo requiere e incluso creando algunas escenas en persona para asegurarnos de que sean reales y se plasmen bien
Julián: — Claro, por eso te digo que no quiero que esto sea incómodo para vosotros. Imagínate que hay una escena en la que dos personajes están follando… No quiero que ni Amaia ni tú os sintáis presionados o incómodos al tener que editar algo así juntos
— Sí, lo sé. Mira, puedo decirte que Amaia y yo nos conocemos bien y sabemos el compromiso que tenemos con las ediciones que hacemos. Así que un libro de este estilo no creo que nos afecte. Sería un nuevo reto, ya que nunca hemos editado una historia así, pero creo que podemos hacerlo y no sería demasiado incómodo
Julián: — Ya… Porque si no, la otra opción que tenía, si vosotros no estáis dispuestos a hacerlo, era darle este proyecto a Sofía y Lucas. Pero lo que pasa es que Sofía es bastante religiosa, y cuando le comenté sobre este proyecto, me dijo que tenía claro que no lo haría porque iba en contra de sus principios y tal…
— Entiendo. ¿Y Lucas dijo que quería hacerlo?
Julián: — Me dijo que se lo pensaría, pero sinceramente no lo vi muy convencido
— Vale
Julián: — Y lo que he estado pensando es que preferiría que en el grupo hubiera una mujer porque así tendríamos perspectivas diferentes sobre la edición
— Sí, concuerdo contigo porque aportaría ideas distintas
Julián: — Exacto. Sabes, quiero que este proyecto salga bien
— De acuerdo
Julián: —Y no puedo decirle al cliente que no podemos editar su libro, porque era una promesa que tenía que cumplir. Verás, el cliente es una de mis sobrinas, y a ella le encanta escribir. Una vez inventó una historia y de ahí sacó un microrrelato para presentarse en un concurso de literatura con temática erótica. Entonces, yo, en broma, le dije que si ganaba, mi editorial se encargaría de ayudarla a publicar su libro porque es lo que también quería
—Ya veo…
Julián: — Yo no pensé que ganaría, pero así resultó. Y por no quedar mal con ella, acepté mi promesa. Pero ya te digo, si vosotros no estáis dispuestos a hacer la edición, le digo que no y listo, eh
— No, está bien. Podemos hacerlo. No me gustaría desilusionarla
Julián: — Claro, yo por eso no quiero decirle que no
— Hablaré con Amaia y veré qué dice sobre esto
Julián: — Vale, habla tú primero con ella y luego lo hago yo. Igualmente, no hay prisa, porque tengo previsto que empecemos el otro proyecto una vez hayáis terminado el que estáis haciendo. Así que, estaría bien que se lo dijeras después de que terminéis el proyecto de Carmen Salinas para así no interferir en ambos proyectos y que se realicen correctamente
— Okay
Julián: — Pero ya te digo, hay mucho trabajo por delante con ese libro porque ella no tiene muchos conocimientos de escritura, tiene muchas faltas de ortografía y muchas cosas sin cohesión ni coherencia. Entonces, hay que ayudarla con eso
— No importa, podemos hacerlo
Julián: — Muy bien, me alegro de que hayas aceptado. Solo hace falta que Amaia también lo haga
— Sí, hablaré con ella
Julián: — Cuando tengas una respuesta, me la dices
— De acuerdo
Julián: — Pues nada, muchas gracias, Vicenç
— De nada, hombre. Para eso estamos
Julián: — Venga, nos vemos luego
— Chao