Dilay
Es egoísta de mi parte que me prive de algo que desee tanto como tocar al hombre que tenía a mi lado, era doloroso decirle no al corazón cuando llora por querer probar lo prohibido. Pero siento esa necesidad, oh, Dios mío, no sé qué cambió en mí que quiero probar todo con él, pero sin quemarme, sin ser rechazada y sabía que era una locura después de llevar la marca de otro hombre.
—No te alejes de mí— ordenó mientras entrábamos al lugar del evento.
—¿Por qué? —Me mira molesto—. No me mires así, no lo hagas, no ves que esa forma de hacerlo es la que nos tiene con dudas.
Carraspeó y dejó de mirarme para sujetar mi mano y sentí como mi respiración sonó como eco al notar su agarre. La gala era tan del estilo de ellos y a la vez lleno de empresarios extranjeros que todo estaba acorde a una noche llena de diversión.
—Señorita Ruiz, señor Adil— el señor Chén se acerca a nosotros y nos da la bienvenida —. Es un placer tenerlos aquí en mi país.
Adil sonrió y agradeció mientras solo me perdí en ese agarre que no me soltaba.
—¿Cómo está el señor Al Malik? — me preguntó Chén.
—Bien, de hecho, se disculpa al no poder asistir, pero fue padre hace unos meses y solo vive para sus hijas y su esposa.
El asiático sonrió y yo hice lo mismo.
—Al parecer tus emociones las cocinaste a fuego lento— susurré en su oído.
—¿Por qué lo dices?
—Solo mírate— señalé a nuestras manos.
Adil miró y pensé que me soltaría, pero, no, alzó nuevamente su mirada y me miró directamente a los ojos.
—¿Quieres quemarte? — la que bajó la mirada esta vez fui yo para sonreír.
—Más quemada no creo que pueda llegar a estar, el que no se entera eres tú, a mí ya me quemaron.
Y si, por mucho que no deseo ese fuego en mi piel a veces era necesario para seguir creyendo que el amor no existe o por lo menos no para mí.
—Entonces no te quemes más conmigo.
—Y sigues sin darte cuenta de que llevas quemándome desde que nos conocimos con tus miradas tan llenas de todo, pasaron meses desde aquel día y sigues mirando de igual manera.
Las miradas suelen ser claves para conocer en sí a la persona, pero con Adil era diferente por mucho que su mirada me transmitiera sensaciones hermosas, en el fondo era un desconocido que no sabía hasta dónde llegaría con una mujer.
—¿Por qué tienes a tu hermana encerrada? ¿Qué tan superior te consideras?
Mi pregunta le llegó como sorpresa a sus oídos y su agarre me apretó más y más.
—Me lastimas— musité y él solo me miraba molesto.
—¿Me estás juzgando?
—No, oh, claro que no, solo quiero saberlo. Mi hermana me dijo que ...— me interrumpe.
—Tu hermana no sabe nada, nadie sabe nada así que no te conviertas en una más y no hables de lo que no sabes.
Me sentí tan pequeña junto a él que preferí callarme para luego soltarme y alejarme cuanto antes de él. Pensar que me puedo equivocar si lo dejo estar, pero ¿qué pasará si lo intento y mi pasado vuelve a mí?
—Una noche hermosa— la voz del señor Chén sonó a mis espaldas mientras contemplaba la luna.
—¡Ajá!
—Pero no es una noche para estar sola, su acompañante la dejó y eso no lo puedo permitir.
Fruncí el ceño —. Adil es un poco aguafiestas, pero me siento bien de todas maneras estando sola, señor Chén.
—Entiendo, pero yo no me siento cómodo al ver una de mis invitadas en la terraza mientras los demás se divierten — sonrió amablemente.
—Gracias por su preocupación, pero créame que estoy mejor aquí afuera, que ahí adentro.
Él asintió —. En ese caso no seré yo quien la moleste— añadió y miró a su lado la cual había aparecido repentinamente la figura de Adil.
Chén se despide y el cuerpo de Adil se acerca a mí, donde detiene sus pasos a unos pocos centímetros.
Nos miramos por un momento y después aclaré la garganta para romper el ambiente que se había formado inesperadamente.
—Yo no tengo a mi hermana retenida de ningún modo, ella es libre de hacer lo que quiera— no entendí nada.
—Y entonces ¿por qué todos dicen que eres tú el que la tiene encarcelada?
—Así lo pensaron desde un principio y simplemente no desmentí nada porque me daba igual lo que dijeran, entre mi hermana y yo hay un gran cariño, Dilay.
—¿Y por qué conmigo te sinceras?
Adil no contestó después de varios segundos, fuera como fuese este hombre no parecía tan malo como me dijeron.
—No lo sé.
—Todos tenemos secretos que ocultar, nadie es perfecto a no ser que después de las caídas hayas aprendido a levantarte y no volver a caer, pero ¿sabes qué?, siento que no eres tan malo como quieres aparentar.
Este alzó las cejas —. Mm... ¿Y tú tampoco pareces tan inocente del que me quieres hacer creer?
Baje la mirada y sonreí de lado. —Si ser inocente es no jugar con fuego, en ese caso soy culpable, después de tantas palizas el fuego se convirtió en mi aliado.
—Juguemos entonces.
—Juguemos, total solo es un juego, ¿qué puede pasar?
Sonreí al ver que Adil y yo nos estábamos quemando con la misma llama, sin darnos cuenta, que por mucho que digamos que no queremos nada, la realidad es otra, porque la lengua puede emitir lo que la mente pida, pero el corazón es difícil de ser escuchado, ya que no suele hablar más allá de lo que la mente ordene.