Adil
Quien diría que Adil iría de compras con una mujer, el problema no solo era eso, sino el no saber por qué lo hacía, ¿tanto me importaba dejarla ir sola?
—Te dije que no estaba dispuesto a esperar a que te pruebes prendas, escoge una y vámonos.
Ella me miró con el ceño fruncido y sin decir nada me hizo callar.
—¿Qué tal este? — pregunta después de media hora.
—Igual que el otro, magnífico.
Al no estar contenta con mis palabras volvió a entrar en los probadores.
—Dilay por favor, tengo cosas que hacer y una de ellas es hablar con Amir, tu socio espera mi llamada.
Cinco minutos más tarde salió vestida con su ropa y se alejó de mí.
—Me llevó este— añadió.
Me estaba ignorando.
—¿Cuál te llevaste al final? — pregunté en el coche para romper el ambiente que se había formado.
—No me dejaste probármelo así que me llevé ese mismo, tú y tus prisas.
Suspiré y dejé de mirarla. No tenía cabeza para discutir con ella ni con nadie.
A veces el destino nos pone a prueba de una manera que nos asustamos, hace meses atrás contraté los servicios de la hermana de Dilay para mi amigo y jefe, Amir Al Malik, todo tenía una segunda intención, las cosas se salieron de control y el mismo Amir descubrió todo, pero gracias a tal locura se enamoró de ella, Lauren se llama y meses después apareció Dilay poniendo mis pensamientos patas arribas, decir que no sé cómo ocurrió nuestro encuentro, ni porque esa primera mirada que tuvimos nos marcó, solo entendí que tenía que suceder y listo.
—Vamos Dilay, el chofer nos está esperando afuera.
Toqué la puerta de su habitación, ya que se demoraba muchísimo.
Desde que supe de este evento no quise asistir, porque sabía que estar solo con la mujer que está detrás de la puerta sería un peligro tanto para mí como para ella, no soy hombre para nadie y mucho menos no estaba dispuesto a tocar a alguien más de la familia de mi amigo.
Y repentinamente la puerta se abrió dejando paso a la causante de que mi corazón latiera tan deprisa.
Sus ojos azules complementaban a la perfección con el tono del vestido que llevaba encima de su piel, el cual dejó un escalofrío en mi difícil de controlar.
—Adil— sentí que me llamaba, pero no podía contestarle. Estaba, literalmente, perdido en ella —. Adil...
—Nos vamos— reaccioné y bajé la mirada.
Ella asintió y después no dijo nada.
Salimos de la suite con rumbo al evento, durante todo el trayecto estuve distante y en silencio, no podía permitirme dejarme llevar por las emociones que causó Dilay en cuestión de segundos.
—¿No dirás nada? — su voz sonó en medio de ese silencio.
—¿Debería? — continué mirando al frente.
—No, claro que no.
—Entonces mejor seguir como estamos.
—Idiota— agregó y tocó el punto que tanto detesto, odio que me llamen así.
—Idiota, ¿por qué? ¿Eh...?
—Idiota por ser cómo eres, por no tener control de ti y por ocultarte tras el silencio.
— En ese caso tú eres otra.
Sorprendida abrió la boca, literal, estábamos discutiendo.
—Vete a la mierda.
—Ya, es lo único que sabéis decir.
No quiero nada más que una relación laboral, hasta ahí lo tenía claro al igual no deseaba tocar a nadie que pudiera volver a lastimar, pero la forma de hablarme esta mujer me saca de mis casillas a tal punto que me gustaría callarle la boca con un beso y no dejarla volver a hablar, total eso parecía lo que quería.
—Sea lo que sea solo debes pedirlo no todos los árabes somos tan conservadores.
Ella sabía muy bien a lo que me refería, ya que su cuñado le dio a entender que todos somos como él, pero no es así, cada uno es como es, con defectos y virtudes y uno de mis defectos es vivir la vida sin amarrarse a nadie.
—No tienes ni la cuarta parte que tu amigo, ni siquiera te puedes parecer en el blanco de sus ojos, así que no hace falta que me lo digas, sé la clase de hombre que eres y sé la clase de mujer que soy, y tranquilo que mi intención no es volver a seducir al árabe, me quedó claro que no hay hombre que merezca tenerme.
Sus palabras chocaron en mí como espinas atravesando mi piel, sabía que había tenido una infancia dura, pero desconocía que le había sucedido para decir tal cosa de ella.
—No quiero lastimarte, no pretendo jugar con nadie a no ser que la otra persona está disponible a quemarse.
Suelta una sonrisa llena de sarcasmo y aclara la garganta para dejar de mirarme y mirar por la ventana.
Los segundos vuelan como respiraciones que recorren nuestros pulmones, desaparecen y el nuevo oxígeno llena nuestras vías respiratorias. El tiempo nunca estará a nuestro favor, el mundo mucho menos y nosotros lo haremos más imposible aún, no había errores que se puedan olvidar para un futuro mejor, no lo había y ahí estaba la respuesta a todo.