TRES

1281 Words
Dilay Desde que se llevaron todo de mí, no conozco otra cosa que ocultar mi corazón ante el mundo, y desconfiar con una sonrisa donde doy a entender que nada me afecta después de todo. Reconozco que me quedé perdida sin buscarme, que me encontré sin querer hacerlo y me volví a desviar sin pensarlo, y todo eso tiene solo un nombre y es un hombre que es igual o peor que yo por eso sé que nada bueno debo esperar, nadie merece amarme ni yo amar a nadie. Chongqing, aparte de ser uno de los cuatro municipios en China es el más grande de los cuatro sin hablar que es famoso por su niebla y montañas. Nunca viajé a tal nivel y ahora que estaba a punto de aterrizar en este país las ganas de vivir se hacen grandes y solo me queda afrontar esta travesía con emoción sin dejarme llevar en su totalidad. —¿Es la primera vez? —cuestionó Adil al verme mirar las calles del lugar mientras el auto nos llevaba al hotel. —Así es, para mí esto es nuevo, pero para ti no lo es. —No es la primera vez que viajo a este país por eso no es algo nuevo que me llene de euforia. —Mm... Ya veo, pero la pobreza es lo que limita a conocer lugares entre otras cosas. No me avergüenzo de reconocer de dónde venía, ya que no hay nada más importante que pisar suelo para no olvidar quien fuimos. —Ahora todo eso cambió, deberías aprovechar y disfrutar de lo que la vida te regala. —La vida no es cuestión de solo disfrutar, sino de saber cómo vivirla sin que te consuma. Este no contestó más y después continué deleitando con la mirada las calles de donde estaba. Había cosas que mi hermana me contó sobre este hombre que tenía a mi lado, pero mi interior decía otra cosa y no sabía si estaba confundida por la forma en la que me miraba y me trata o realmente no es tan malo como parece. —Necesito ir de compras, desgraciadamente no pude comprar nada para el evento. —¿Me estás pidiendo permiso? Arqueé las cejas —. No te estoy pidiendo permiso, pero sí que necesito que me acompañes. El que alza las cejas esta vez fue él. —¿Me has traído aquí para que haga de tu cuidador? —No, claro que no, recuerda que tú eres el que captó estos clientes... —guardé silencio porque esta conversación estaba empezando a ser una discusión o eso me di a entender, aunque el semblante de Adil se mantenía relajado. — Solo que me da miedo caminar por enormes calles de un lugar que no conozco. Sus ojos recorrieron cada milímetro de mi fracción y la forma que lo hacía me mataba a tal punto que después de morir me devolvía a la vida. —No me mires así, por favor. —No tengo otra manera de mirar. —La tienes, porque no a todo el mundo los miras como lo haces conmigo. —¿Y cómo te miro a ti? —No sé qué será, pero tus ojos me transmiten palabras que no las pronuncian tu boca, es como si existiéramos nosotros dos y eso no es bueno. Desde que nos conocimos por primera vez tu mirada ha sido la misma. —Te estás confundiendo, te aconsejo alejarte de mí, no soy hombre apto para ninguna mujer. —Ya, algo escuché. —Deberías hacer caso a lo que oíste o mejor dicho a lo que te dijeron. —Yo tampoco soy una mujer apta para ningún hombre. No contestó solo rompió esa mirada y el chofer nos informó de que habíamos llegado al hotel y este bajó sin mirarme más y eso me hizo sentir pequeña. El hotel parecía no como tal, sino más bien un museo donde cada decoro parecía una obra de arte, la recepcionista nos dio la bienvenida y nos informó que la suite estaba lista para nuestra llegada. —No entiendo, ¿vamos a compartir la suite? — pregunté molesta. —Es una suite con dos habitaciones separadas, solo el salón es el que las une. —Ya, pero ¿quién hizo la reserva? No era mejor que cada uno tuviera su habitación. —En realidad es así, pero con un salón en común, además mi secretaria me dijo que la tuya hizo la reserva, así que quéjate a ella. Adil tomó la tarjeta y se alejó dejándome con la boca abierta por lo que estaba por venir, era algo que no tenía previsto y al final solo me quedó caminar y no decir nada. —A las cinco estate lista, iremos a por ese vestido, eso sí es ir a comprar y volver sin estar probando prendas sin fin. —A la orden, capitán — me reí de él por la forma que me lo ordenó y este se tensa. —No te burles de mí. Este se fue molesto y solo me quedo reírme sigilosamente. El pasado es el culpable de cómo actuamos y cómo pensamos alrededor del mundo, no solo influye en nuestras perspectivas de vida sino en muchas cosas que no llegamos a imaginar, afecta a las emociones y sensaciones que tememos llegar a tener. En conclusión ¿qué es el pasado en la vida de un ser humano?, ¿es algo que ya pasó y ya?, ¿o realmente va más allá de nuestras expectativas? Sí, yo creo que lo vivido tanto bueno como malo nos marca un trayecto que es vital, pero él problema comienza cuando no nos deja continuar hacia adelante. —Nadie puede hacerme feliz por mucho que quieras pensar diferente, Dilay— hablo sola mientras me termino de retocar el labial frente al espejo. —¿Nos vamos? —me sobresaltó al oír la voz de Adil tocar en la puerta de la habitación. —Sí, enseguida salgo. Suspiré y salí de mi recámara encontrándome al árabe mirando su celular y solo sonreí para salir de la suite y él ni alzó su mirada hacia mí y eso de alguna manera u otra me hace sentir mal. ¿Me estaré volviendo loca? —¿Iremos al centro comercial? Asintió. —Vale—musité y no volví a preguntarle por qué su manera de pasar de mí no me gustó y por eso no valía la pena seguir dialogando con alguien que su educación es tan baja que no es capaz de mirarme. —Hable con el señor Chén y nos mandará alguien a buscarnos para llevarnos al evento. —¿Y no es mejor que me des esta información mirándome? Llamé su atención al alzar la voz y este dejó de mirar a su móvil para clavar sus ojos en mí y ahora sí que me arrepiento al ver cómo me acorralaba con su seriedad y todo en mí se erizó. —Te miro, ¿y ahora qué? —Ahora nada, solo odio que hablen sin mirarme. —Si, ya, será eso. —Claro que es eso, ¿qué más sería? Y su cuerpo toma poder sobre el mío y por muy qué quiera huir era imposible, ya que en los asientos traseros del auto había una distancia reducida —. No me provoques, Dilay. Su aroma a colonia choca en mis fosas nasales mientras su aliento a menta recorría mi rostro. —Y tú tampoco lo hagas, porque no querrás conocer a la Dilay enfadada. Se aleja de mí y suelta una carcajada—. Quizás me acabe gustando más que la de ahora. ¿Gustar? ¿Le gusto?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD