La había perseguido, a pesar de que su mente le decía que aquello no era moral, dudaba que siquiera fuera legal, pero lo había hecho, estacionándose con lentitud para no ser visto. Una vez allí, pensó en irse, preguntándose que demonios había hecho, diciéndose que sus actos carecían de algún sentido y que si quería averiguar en donde ella vivía, lo había logrado. Fue en el momento en el que había empezado a regresar hacia su carro, en el que escuchó unos gritos, dos personas peleaban o mantenían una disputa. Con la curiosidad a flor de piel, él caminó hacia el lugar en donde las voces tenían nacimiento, encontrándose con la escena de ella siendo amenazada con un cuchillo, había sido en aquel instante en el que había actuado y sacado su arma, la cual casi nunca llevaba con él, pero aquel dí

