Cualquier otra persona hubiese sentido miedo por la noche que cubría todo con su manto oscuro, pero a Rose le daba igual, estaba acostumbrada a la oscuridad, no la común de la noche, sino de aquella que crecía en ella, la oscuridad a la que siempre regresaba, a pesar de haber intentado mil veces salir. Ajustó su vestido, de lo único que tal vez sentía algo de miedo, era de que le robaran el dinero que había conseguido, pero las personas de allí la conocían, o al menos creían conocerla: ella nunca llegaba con demasiado dinero, así que nadie se preocupaba por robarle o intentar hacerlo. Rose sonrió, aquel día era distinto. A medida que caminaba, su sonrisa fue decayendo, pues a su mente llegó la imagen Damián. Algo le decía, que él no guardaba malas intenciones con ella, pero Rose simplem

