La besó con una pasión desmedida, para luego arrojarla sobre el asiento del copiloto, el rostro de la muchacha quedó invisible para Rafael. Así lo elegía Rose, así lo prefería, no ver lo que le hacían sus clientes, como si eso de alguna manera tuviera el poder de menguar aquello que no quería que sucediera, pero que tenía que permitir que tuviera lugar, si quería comer… si quería dinero para no morir. Escuchó como el sujeto desabrochaba de manera apresurada su pantalón, hasta que arrojó la correa al suelo, casi golpeando el brazo de la muchacha que solo se encogió en su lugar, sintiendo como el vestido que llevaba puesto era alzado y como su cuerpo era tocado con la desesperación a la que estaba acostumbrada. Las manos del sujeto viajaron a sus muslos, no demasiados rellenos, pues sus vic

