—Eva, me veo tan expuesta —dije, suspirando profundamente. —No, nena; te ves tan sexy que a Pavel le dará un infarto cuando te vea —respondió Eva, sonriendo. —También me siento incómoda y sucia por la miel y el aceite en la piel —confesé. —No te preocupes, Pavel te dejará como nueva. Y ahora no me preguntes cómo —bromeó ella, y todas acabamos riendo. Mi rostro se sonrojó. Terminaron mi maquillaje con un acabado natural y luminoso. Mientras me peinaban, yo hojeaba el móvil buscando recuerdos de aquella primera noche; me peinaron en suaves ondas y me colocaron flores de jazmín en el cabello. Parecía una princesa de cuento, pero con un fuego distinto. Eva entró con un vaso iluminado y me lo ofreció. —¿Qué es eso? —pregunté. —Lo necesitas —dijo ella—. Te dará fuerzas para aguantar a Pav

