Al día siguiente como Zurek prometió le trajeron un vestido para que esta al fin se vista para salir de la habitación. Zurek no supo qué le excitaba más, si verla con vestido o desnuda. Esa mujer lo tiene totalmente hechizado. Bajaron hasta el recibidor y Aquilegia ve a todo el séquito montándose en diferentes carrozas. La primera era la suya donde viajaría con su marido. Montaron para comenzar el viaje al adentro del bosque. Aquilegia miraba al pueblo que los mira con resistencia. Ella les sonríe a todos aunque muchos ni se percatan de la presencia de su reina en la caleza real. —Si algo no te gusta lo podemos cambiar. —sugiere Zurek besando su mano. —De seguro todo está perfecto. —comenta ella ansiosa porque pasen los días y él la lleve a ver a su gente. Se portará tan bien que no

