Alice se encontraba nuevamente en la azotea del instituto de Sasha, así que él pudo divisarla desde el patio y al terminar la clase subió a su reencuentro.
—Tus zapatos...—dijo viéndola descalza nuevamente.
Ella derrama una lágrima con una sonrisa mientras lo abrazaba. Él le recibió el abrazo con fuerza.
—No puedes vivir así—murmuró él.
—Perdóname...
—¿Porque?
—Porque eran tus zapatos...
Él esgrimió una mueca de disconformidad.
—No es eso Alice, podría comprarte miles de zapatos pero ninguno te lo permitiría quedarte...
—Ese es mi destino—dijo ella alejándose y secando sus lágrimas.
Él vuelve a acercarse y la toma del rostro levantando su cabeza a sus ojos.
—El destino se elige y tú no puedes elegir seguir viviendo así—espetó.
—No tengo a donde ir, de todos modos—dijo ella cabizbaja.
Él echó un suspiro.
—Vivo con el imbécil de mi compañero, pero podría ser suficiente...
—¿No tienes familia?—le preguntó extrañada.
Él negó con la cabeza.
—No era mi familia, de todos modos. Y creo que una parte de ti lo sabe. Porque somos bichos raros.
—Pero todo parecía ir tan bien para ti...—dijo ella mirando un punto ciego.
—O eso quisiste pensar, porque elegiste pensar que te abandoné.
—Podríamos escapar...—espetó ella—.Conozco lugares desabitados.
Él torció una mueca.
—Debo terminar con mis estudios...
—Tienes razón—dijo ella tomando rumbo hacia la puerta antes de que él la tome del brazo y la arrastre a su pecho con fuerza otra vez, corrigiéndose—.Pero no importan, son solo estudios, los puedo retomar cuando quiera, mientras nos asentemos y puedo trabajar.
—Si vives con tu compañero, ¿quien te compra las cosas, Sasha?—murmuró ella.
Él abrió los ojos como platos, impávido ante la pregunta.
—No me gusta hablar de eso...
—Yo te he contado mi miseria...
Él suspiró.
—Quizás quien me adoptó es de la misma clase de persona que te adoptó a ti.
Ella lo besó mientras lloraba.
—Lo siento tanto—susurró entre sollozos.
—¿Que sientes?—preguntó él.
—Que estés roto como yo...
—No digas esas cosas—dijo él besándola en la frente.
—¿Que cosas?—insistió ella.
—Que estoy roto—repitió reticente.
Ella intentó abrazarlo pero él se apartó mirando a lo lejos.
—No quiero tu lástima—le dijo él sin mirarla y entrecruzando sus brazos.
—¿Y porque me das la tuya entonces?
Él se llamó al silencio sin voltearla a ver.
—Claro, es más fácil saber que tengo debilidades yo antes que reconocer que tú también estás igual de podrido por dentro...
—No es eso...
—¿Y que es entonces?
—Nadie puede decirme lo que soy y lo que no.
Ella caminó hacia la puerta devuelta y él volvió a tomarla del brazo.
—Sabes tan bien como yo que nunca te dejaré libre, o no al menos con ese sujeto...—dijo viéndola a los ojos Sasha.
Ella paró en seco y lo miró profundamente.
—Tú tampoco eres libre—dijo mientras se marchaba.
Él no la siguió devuelta, solo quedó observando el cielo y la inmensidad de éste, no podía volver con quienes le hicieron daño, pero tampoco podía llevar a Alice a vivir con Gerald. Ella se merecía algo mejor, un nuevo inicio tal vez. Y así, con el tiempo no la volvió a ver, y aunque la extrañaba, se concentró en terminar sus estudios, porque aquello necesitaba la dosis de su historia completa y le gustaba saber que al menos por un instante, en la mente de Alice, él la había abandonado porque era feliz, pero no. A las dos semanas escapó de su casa adoptiva tras descubrir que lo adoptaron para recibir dinero del estado, no se molestaron en buscarlo, pero él buscó a Alice y el orfanato ya no estaba, pero era muy joven entonces para saber si solo se había perdido y el único camino que sabía de memoria era el de vuelta a su casa adoptiva, y volvió, y se convirtió en el mejor alumno que pudo, se mezcló pronto en la burguesía pero nunca dejó de pensar en si alguna puerta se abría y de ella saldría Alice.
Pero sus días cambiaron, Alice se fue borrando de sus recuerdos inmediatos, se hizo un relámpago y solo siguió sus estudios, avanzaba y avanzaba hasta poder marcharse, solo estaba en automático cuando ella lo encontró. Él ya no la recordaba tan nítida, cada tanto la había olvidado, el tiempo había atacado tanto que nuevamente tenía que unir todos los puntos de su rostro, de su historia, de la sensación que le daba el volver a tener el contacto con el orfanato o tener que hablar de sus padres adoptivos, a los que mantuvo lejos todo el tiempo gracias a sus estudios. Pero el rostro del primer amor nunca se olvida, o eso dicen y todo cayó como fichas de domino al verla comprar flores en una floristería luego de haberse marchado de la azotea ese día, él se acercó rápidamente a hablarle, ella tenía una sonrisa de oreja a oreja, pero ésta vez tenía zapatos.
—¿Dónde has estado?—increpó él viéndola y ella volteándolo a ver—.Me preocupé por ti, ¿sabes?
—Olvidas con facilidad, de nuevo—dijo ella cabizbaja.
—Alice, por si no te has dado cuenta—dijo tomándola de las manos—Yo te amaba...
—¿Y tú crees que yo no?
—¿Y lo sigues haciendo?
Ella miró para todos lados mientras se mordía los labios hasta que de ellos soltó un ''sí''
—Sí, te sigo amando. ¿Contento?
Él la abrazó con fuerzas.
—Yo también te sigo amando—exclamó él con alegría levantándola del suelo de un abrazo y haciéndola girar, pero cuando la dejó en el suelo, la vio. Su ojo, estaba golpeado—¿Quien te hizo esto?
—Dañaste mis flores...—dijo ella mirando a un punto ciego entre su ramo y el suelo.
—Tienes que escapar de allí, Alice, por el amor de Dios. ¿No has escuchado? ¡Te amo!
—¿Y que crees? ¿Terminaste tus estudios porque dejé de ir a la azotea? Genial, lo necesitabas y por eso me fui.
—Nunca dije eso...
—Pero nunca ibas a terminarlos si escapábamos...
—Sí, pero lo hubiera preferido...
—En ocasiones algunos hacemos sacrificios por las personas que amamos.
—¿Como desaparecer siempre que te busco?
—O solo desaparecer. Tú me buscas tarde, siempre tarde...
Él se llamó al silencio viendo sus flores rotas.
—Te compraré otras...
—Estoy rota, Sasha. Me odio hasta los huesos, no queda nada de esa Alice de la azotea ahora mismo—dijo tomando camino.
Él comenzó a apurar el paso caminando a su lado.
—¿Te das por vencida tan fácil?
—No me conoces—dijo apretando su pecho con las flores.
—Sabes que te conozco más que nadie.
Ella negaba con la cabeza mientras lloraba.
—Vete, acercarte a mí solo traerá problemas con él...—le susurró ella.
—¿Con él? ¿El sujeto que te hizo eso en el ojo?
—Es un pueblo pequeño, Sasha—dijo terminando la conversación y marchándose de nuevo.
Quizá no existía una historia entre Alice y Sasha, o quizás no debiera de existir, pero en el fondo sabía lo que era correcto y lo que no y sabía que las circunstancias de Alice no eran las mejores, y aunque nunca se hubiera identificado con los mejores personajes, o como un altruista, tenía que salvarla. Era su deber. Rescatar a su amada le inflaba el pecho con ferocidad y adrenalina y entonces se sentía oscuro y sea avergonzaba de ser un estúpido egoísta, pero era el único que no creía en él mismo, y para salvar a Alice debía hacerlo. Debía poder reconocerse capaz de salvar a Alice del monstruo. Y así lo decidió, rescataría a su amada como si la vida fuera un cuento de hadas, ignorando que él también estaba lleno de agujeros y muchas batallas perdidas.