Para Serena y Aulio todo parecía ir de rosas. Ella se animó a pintar frente a él y mientras tanto él la admiraba, su concentración en aquello que la apasionaba aunque él hubiera sido su único cliente y su tenacidad para tomarse tan enserio eventos como los de su propia exposición que tendría lugar pronto en la galería donde trabaja.
—Ésta puede ser la oportunidad para que mi jefa me valore—exclamó ella con alegría.
—Creo que vender toda tu colección habrá sido lo suficiente para que te valore—dijo él acercándose a abrazarla.
—No lo se, ella nunca había visto mis pinturas—comentó ella rascándose la cabeza.
—Pues ya está, lo compré todo y es la mejor de las adquisiciones que he hecho—instó él.
Ella sonrió dándole un apretón de manos sobre su hombro.
—Apropósito, debes darme tu dirección para el envío—le recordó.
Él impávido, ella volvió a emergerse en sus oleos de pintura mientras él se daba cuenta que todo se volvía más serio de lo que quizás hubiera esperado. Pero eso sucede cuando al artista le compras su arte, es como comprar una parte de su alma.
—Oye, luego de la exposición, debo decirte algo—le dijo él seriamente.
—¿Acaso terminarás conmigo?—se burló ella dando una carcajada, pero sorprendiéndose con no encontrar la risa cómplice.
Él se llamó al silencio y la besó. Sin duda le había despertado todos los sentimientos correspondientes al amor, estaba más optimista que de costumbre, pero algo no importaba e ignoraba de cuestiones del ser y el enamoramiento, sino que requería de médicos y era su diagnóstico y por primera vez, en mucho tiempo, no quería morir.
Había odiado su nacimiento desde que tenía memoria y luego la vida le había dado una patada en las pelotas con un cáncer inoperable, pero ser un joven feliz te hace olvidar que quizás no haya un mañana, su enfermedad se lo había llevado todo antes y como si de pronto hubiera dejado de ser él y hubiera pasado a ser su cáncer. Así que allí dejó de intentar vivir, o hablar de él siquiera, no pudo saberlo, no pudo anticiparse a volver a tener el deseo de despertarse un día más.
Intentaba no darle importancia, si no sentir dolor era una especie de milagro, pues no estaba bien hecho, porque el cáncer seguía ahí pero no tenía conflictos con morir antes, había llegado a los treinta y pico sin conocer nada que mereciera la pena, pero ésta vez había sido golpeado y se encontró con una hermosa mujer pintando desnuda en su casa, con él a su lado. Ella merecía saber la verdad, quizás eso la espantaría y en parte eso buscaba, sentir dolor, volver a sentirse desgraciado, creyó que no merecía ser feliz y que ocuparía tiempo de la vida de Serena sin ningún propósito. Así que ella dejó la pintura y se fue a la habitación, como invitándolo con su cuerpo pero él se quedó viendo el cuadro, se notaba que rebosaba de buenas intenciones, pero que le faltaba la oscuridad y temía que él fuera el que le trajera aquello a su vida.
—¿Que quieres hacer de tu vida?—le preguntó él tomando lugar a su lado.
Ella rió.
—¿Enserio quieres hablar?—preguntó con sorna.
Él solo se quedó en silencio ignorando que estuviera desnuda.
—Pintar y alguna vez ser importante por ello—le contestó ella.
—¿Es tan importante el reconocimiento?
—No lo entenderías, porque tú lo tienes. Eres un excelente pianista.
—Serena, no es tan importante el dinero que gano.
—Bueno, pero algo es algo—insistió ella.
—No aplica eso para pagar mis cuentas.
Ella lo miró extrañada.
—Ya, ¿y que tan grande son tus deudas?
Él llevó sus ojos a un punto ciego con gesto pensativo.
—No lo sé exactamente, quizá porque nunca las pagaré...
—¿Porque lo dices?—inquirió ella.
—Porque el arte es una lúgubre soledad pero no te hace rico, y menos en mi caso.
—¿Y a que te refieres con tu caso exactamente?
—Que en parte estoy solo porque quiero, porque el camino del artista suele ser solitario y soez, no le temo a la oscuridad—espetó—.Yo soy lo que no existe en tu pintura, el lienzo de la dura melancolía y la crudeza de la realidad, o el desdén de un alma triste y penosa...
—Lo haces sonar como si fueran Disney...
Él negó rápidamente y se inclinó hacía ella para tomar su mano en un puño que sostuvo con sus ambas manos.
—Eso es lo que haces con tus pinturas, transmitir alegría. Eso es lo que debes hacer, nunca sabes quien necesita verla e inspirarse u ocultarse en ella.
—Dime, ¿tu te ocultas en ella? ¿Por eso me has comprado todas las pinturas?
—Vi esperanza en ellas, pero eso es malo—admitió él.
—¿Porque es malo?
—Porque no la puedes garantizar—aclaró él.
—¿No se trata de eso un poco el mundo? De tener la esperanza de que no haya miseria u oscuridad pero seguir avanzando con un atisbo de ella—logró decir ella.
—La esperanza suele ser engañosa...
—¿Porque tan pesimista?
Ella echó un suspiro.
—Quizás tengas razón, a mi arte le hace falta realismo.
—No. Creo que el arte debería resurgirnos, ser la conexión más ínfima entre lo real y el anhelo.
Ella sonrió y lo besó, olvidó aquello que tenía que decirle él y al día siguiente fue su exposición. Así que se encontraba estresada y él solo la miraba a lo lejos, complaciente.
La exposición comenzó y él se paró frente a su pintura favorita, aquella que la pintó un día anterior. En ella, Alice en el país de las maravillas, en una oscuridad con cartas y el gato Ceshire saliendo de extremos de una.
—Que manera de difamar un cuento—comentó una dama a su lado—.Es como pintura para niños.
—Porque los niños notas lo que usted no, Sra. Ellos aún tienen pureza, por eso usted no entiende la pintura, quizás su niña interior esté rota, y quizás la niña interior de quien la pintó sigue intacta. ¿Es acaso eso lo que puede definir una pintura o lo que esperamos ver en ella?
La mujer quedó enfurecida y se marchó sin mediar palabra.
—Mi jefa me ha felicitado—susurró en su hombro una voz conocida. La de su amada.
Él la abrazó.
—¿Por la presentación o por vender todas las pinturas?
—Cree que las compraste tú—dijo apoyando su rostro en su hombro.
—Las compró un anónimo—dijo él riendo.
—Pues que te valga un comino.
Ella asintió y lo abrazó orgullosa y entonces algo se vislumbró ante él, ya era alguien para un alguien. Ya era demasiado tarde para soltar la bomba y huir. Esa noche era de Serena, no sería de su cáncer, decidió finalmente.
Aunque solo quedaba tiempo...a él, y a sus confesiones...