Capítulo diecinueve

1864 Words
Tabitta y Ares se habían marchado una vez terminaron las clases, y cuando su familia menos se dio cuenta, su joven Ares había huido con la joven que le había dado techo desde que se peleó con su padre. El pastor comenzó a sentir la soledad, no lo sabía, pero sintió que era el tiempo correcto de marcharse, de dejar a sus hijas ser libres y dar por concluida su tarea. Una hija huyendo de él, mientras que otra tenía otra vida en el pueblo siguiente, así que decidió visitarla para despedirse, mientras que Tabitta lo había dejado en claro en una sola corta que dejó en su cuarto, estaba enamorada, era joven y lo sabía, él la aceptaba, tenía alguien que la amaba y la cuidaría de sus agonías y se sintió incapaz. Y aquella sensación fue la que lo dijo todo. El pastor visitó la galería en donde curiosamente estaba su hija con Gerald, su nuevo amor. —Creí que debía darte una sorpresa, ya que tanto reniegas de verme—dijo entrando en escena. —Padre... —Estás enamorada, eso es muy bello—dijo con ironía el pastor. —¡Hola!—saludó incómodo Gerald presentándose. —¿Y que se supone que son?—dijo el pastor tomando asiento en la galería en un sofá sin verlos directamente. —Novios, él se ha mudado hace poco. —Oh, pero antes ibas y venías, ¿era por él, cierto? Ella asintió con la cabeza y el ceño fruncido. —Pero no todas las veces que has estado en el pueblo has visitado a tu hermana o a mí... —No, supongo que no y por eso estás aquí—espetó ella. Su padre negó con la cabeza y se levantó poniendo las manos en los bolsillos. —De hecho, tengo que decirte algo... —¿Y de que se trata? —Tu hermana ha huido, de mí, supongo en primera instancia, pero supongo que también espera vivir una vida con ese joven que conoció... —¡Ares!—dijo tontamente y feliz Gerald. —Sí, ése...—señaló el padre. —¿Y viniste aquí para decirme eso?—insistió ella epítome. Él negó con la cabeza acercándose y abrazándola de la nada. —Ya es momento de que sean libres. —¿De que hablas? Él suspiró y dejó ir su respiración por un segundo. —Me iré a la iglesia... —¿Sigues con eso? —Alguna vez lo entenderás... —Quizás nunca lo haga. Él besó su frente y salió de la galería. —¿No vas a seguirlo?—instó Serena en la puerta. Brittany se compuso e intentó aguantarse las ganas de llorar y la conmoción de ver a su padre. —No es que se vaya a morir ni nada—rió Britt—.Además tu no cuentas nada de tu pianista... —¿A que te refieres?—dijo con ahínco su amiga. —Ella está enamorada de un pianista—le murmuró a Gerald. —Quizás porque el pianista tiene cáncer—soltó por fin Serena—.Por eso deberías apreciar el tiempo que tienes con tu padre. —Lo siento, no sabía sobre eso, ni lo hubiera imaginado—contestó incómoda Brittany. Estupefacta sintió una vorágine y se dio cuenta que, Gerald no significaba tanto para ella, solo la distraía pero entonces vio la carta de su hermana entre otra correspondencia y salió a leerla pero solo se encontró con un ''La vi''. Y corrió, solo pudo hacer eso. Sabía que vería a su hermana seguramente otra vez, pero sabía que no volvería a ver a su padre, así que corrió lo más que pudo para ir hacia la iglesia donde todo tiene lugar, donde todas sus historias se juntan y tienen sentido, el sentido que ella nunca quiso ver; los planes de Dios, solía llamarlos su madre, Alice. Mientras tanto, Gerald se quedó en la galería sin mucho que decir. —Siento lo de tu chico... Ella asiente con la cabeza susurrando un ''gracias''. —Yo también me enteré hace poco—dijo ella cabizbaja. —¿Y cómo lo llevas?—insistió Gerald con genuino interés. —Estoy destrozada—admitió ella—.Pero no dejo que él lo vea, porque quiero que sea feliz antes de irse. —¿Estás enamorada?—preguntó Gerald lo obvio. Serena asintió con los ojos llorosos. —Sí, pero nadie te prepara para que el amor duela. —En ocasiones es el punto de que amemos, supongo... Ella lo miró y volvió a mirar a un punto ciego en silencio. —Sin embargo—dijo reticente Gerald—.No creo que eso sea lo que yo estoy viviendo... —¿De que hablas?—preguntó ella extrañada. —Nunca alcanzaré para ella, ¿lo sabes, cierto? Y por ella se refería a Brittany, su amor era envolvente, pero era difícil de llegar, como sus ideas, quizás era la persona más difícil de amar, más que su hermana, más que Serena inclusive. Porque estaba plagada de miedo, el miedo a ser vulnerable... Gerald se retiró de la galería y dejó a Serena sola, que se hizo una bola y juntó sus rodillas a su pecho llorando a lágrima viva, gritando a las paredes, a las pinturas, a Dios, a lo que sea que existía en el mundo o lo controlara. No quería entender de la vida, solo quería entender del amor y aquello era lo que la llevaba con Aulio aunque sabía que todo terminaría. Y entonces llegó, dejándose sus pulmones atrás, a la iglesia, gritando ''papá'' la joven Brittany pero para su sorpresa se encontró con Alice y todo su rostro cambió. —¿Sabías que vendría?—dijo echándose a llorar instantáneamente. La joven novicia asintió con la cabeza y la abrazó. —Ha pasado tiempo...no pensé que me visitarías... —¿Dónde está papá?—inquirió entre sollozos, mientras que el pastor Sasha se hace presente. —Estamos todos...bueno, casi todos. —Incluso después de todos estos años—dijo Britt tomando distancia y viendo a su madre. —Ya sabes que el tiempo no corre para ti como lo hace para mí—respondió con complacencia y dándole un apretón de manos. —¿Y puedes saberlo todo, cierto?—inquirió Brit. La novicia negó con su cabeza lentamente. —Soy una novicia, no una profeta. —¿Alguna vez podré superar tu muerte?—espetó Brittany abrazándola entre sollozos. La novicia la correspondió en el abrazo pero Brittany no paraba de llorar y de hacer preguntas —¿Volveré a ver a Tabitta? ¿Volveré a verte papá? ¿Seré feliz algún día?—preguntaba sin sosiego entre lágrimas y mocos. —La felicidad no es el final, sino el camino que trazas—murmuró Alice mientras le acariciaba el cabello. —Siento que no he tomado buenas decisiones para ser feliz—dijo ella con la voz quebrada. —La vida pone todo en su lugar—dijo alentándola Alice. —Entonces, ¿solo lo esperabas a él?—dijo señalando con su mirada a su padre, Sasha. La novicia asintió con la cabeza. —Al final realmente estás aquí...creí por mucho tiempo que estaban locos, papá y Tabitta. —Lo que importa es que ahora estés aquí realmente. —¿Ella te visitó antes?—preguntó mostrándole la carta de Tabitta. Alice asintió con la cabeza. —Eso significa que ya no tienes motivos para seguir aquí... Alice se llamó al silencio. —Solo esperabas a papá, ¿cierto? —Siempre te he esperado de la misma forma que los esperé a todos, mi querida Brittany—espetó Alice. —Pero Tabitta está con Ares, yo me quedaré sola... —Hace algún tiempo decidiste que eras lo suficientemente fuerte para que nadie más que tú tome tus decisiones—interrumpió su padre. —Quizás tu compañía sea una persona que aún no conoces, o ninguna. Pero eres bella e inteligente, sabrás sortearte los caminos malos de la vida—insistió Alice. —Perdóname—murmuró finalmente Brittany. —¿Porque?—preguntó extrañada Alice. —Porque siempre viví en la ciudad y nunca te visité. —Pues todo se da en el tiempo que debe darse. —¿Alguna vez seré amada? —Ya eres amada—respondió Alice viendo a Sasha. Brit hizo una media sonrisa. —Te extraño y siempre lo hice, tenía miedo de que no fueras a estar aquí...tenía tanto miedo que nunca vine y solo lo posponía... —Yo también te extrañaba, hija mía... —Tenía tanto miedo en que no hayas estado aquí que dejé de escuchar a Tabitta y a papá... —Tu padre solo buscaba una vida normal para ustedes, nada tiene que ver con nuestro viaje en realidad—replicó Alice. —¿Sabes? Nunca lo entendí... —¿El viaje? —Porque él... —Te mostraré algo...—dijo Alice extendiendo sus manos y cerrando los ojos de Brit, de pronto estaba ahí, Sasha con Alice dando a luz a las mellizas y Alice en la iglesia malherida. —Debemos ir al hospital urgente—esgrimió Sasha parándose de inmediato. Pero Alice solo podía arrastrarse. —No creo que pueda...—dijo ella. Sasha lloraba mientras que había llamado a una ambulancia, pero la joven Alice comenzó a cerrar los ojos, Sasha lloraba rezándole a Dios, pero Alice no sobrevivió y en el hospital, las mellizas habían sido dadas de alta, pero él solo comenzó a fumar y a beber luego, hasta que encontró una iglesia igual y sintió que aquel sería el lugar donde tomar el puesto de pastor y tomarse enserio los votos. La joven Brittany vio aquello pero luego vio a su padre con las pupilas dilatadas. —¿Papá?—dijo ella secándose las lágrimas. —Yo tampoco he envejecido... Alice volvió a tapar los ojos de su hija y ella vio como el joven Sasha había robado un barbitúrico de la farmacia del hospital y luego había dejado a ambas mellizas en el suelo de la iglesia mientras él se desvanecía. Pero no murió, se despertó y allí seguía, junto a Alice. —Cuida a nuestros hijos, yo te esperaré, en la iglesia... —¿En la otra? Ella asintió con la cabeza. —No estás vivo, pero tampoco muerto. Solo debes cumplir con una tarea para que puedas irte y yo seré presa entonces de seguir en la tierra, pero nos iremos cuando llegue el momento. —Prometo que te buscaré... —Lo sé, te esperaré—dijo dirigiéndole un beso. —Cuídalas—le susurró al oído. De pronto Brit abrió los ojos. —Por eso estás atrapada aquí... Alice asintió. —Lo esperabas a él, siempre lo has hecho. —Y me mantuve criandolas para que sean las mujeres que son ahora, por fin puedo irme tranquilo. Ya cumplí con mi tarea en esta tierra. —Por eso no salías de la iglesia—pensó en voz alta Brittany. Corrió a abrazarlo y lloró, pero cuando volvió a subir el rostro, no había nadie más en la iglesia.
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