Capítulo veinte

1365 Words
El corazón a Tabitta le palpitaba por mil, no solo se había escapado sino que también había hecho el amor. Se encontraba tan enamorada que poco le importó la condescendencia de su tutor. —Así que no eres digna de éste templo—espetó él su padre en su último recuerdo de ella. —¿Que? ¿Porque lo dices? —Te has escapado una noche con aquel joven, ¿crees que soy tonto? —Ya no soy una niña. —¿Y debo creerte que es el amor de tu vida? ¿No te pusiste a pensar que quizás solo te tiene lástima? Ella se dio vuelta y lo miró con odio en los ojos. —¿Porque estoy quemada? —Porque no eres como él... —¿Porque papá? ¿Porque no soy como él? —Porque sabes que toda las clases de personas que hay en el mundo te pueden dañar... —Eso lo dices pero vives encerrado aquí—replicó Tabitta—.Tú también has sentido pena por alguien... —¿Por quien?—inquirió incrédulo. —Por nuestra madre. A la joven Tabitta le comenzaron a brotar las lágrimas mientras abrazaba su almohada. —Puedes ir a verla, tienes mi bendición—espetó él entrando en su cuarto y murmurando después de un tiempo de pensarlo. Tabitta se secó rápidamente las lágrimas. —No quiero ir sin ti...—dijo levantándose de su cama. —¿Lo amas, no?—insistió su padre. Ella apretó los labios. —Los planes siempre habían sido otros... —Los planes pueden cambiar—espetó él. Su padre vio el desdén de su hija y le acarició la mejilla. —Adelantate, yo iré después... Ella volvió a llorar pero ésta vez lo abrazó. —Pensé que iríamos juntos, Brit jamás lo hará. —No juzguemos sus acciones antes de tiempo, solo tienes el control sobre tus propias decisiones. Y me temo que ya no necesitas al anciano de tu padre... Ella siguió corriéndole por las mejillas las lágrimas, él se las secaba. —¿Crees que es el chico indicado? Ella solo asintió con la cabeza. —Entonces no puedes estar aquí, debes ir a por él... Ella lo miró extrañada, pero luego de secarse las lágrimas partió rumbo a la recepción de Ares. Ella intentaba tragar saliva mientras se hacía paso por el gentío, quienes la miraban directamente. Ares la vio y se acercó. —¿Que haces aquí? —Mi padre me dio su bendición... —¿De que hablas?—preguntó él con el ceño fruncido. —De que soy libre... Él sonríe y la besa frente a todos. —Ya no puedo ir a vivir con él, ¿comprendes? —Podremos vivir con mi familia, hasta que nos acomodemos... Ella sonríe y lo vuelve a besar mientras lo abraza. Y con el tiempo, comenzaron a darse cuenta que no podían seguir viviendo allí, así que armaron sus maletas y Ares le explicó a sus padres que tenía que recorrer el mundo, que si no funcionaba volvería y estudiaría lo que ellos quisieran. Sus padres, no contentos le dieron una pausa a su vida planeada solo para que se le pasara el ''desencantamiento'' con la joven Tabitta, pero aquello no sucedió y llegaron al siguiente pueblo. —¿Que sucede?—instó Ares al ver a su amada llorar en medio de la calle. —Éste pueblo... —Es igual al nuestro, ¿es eso? Ella negó rápidamente con la cabeza y echó un suspiro. —Aquí, se supone que vive mi madre. —¿Tu madre? ¿No estaba muerta? —Sabía que no me comprenderías—dijo ella tapándose el rostro. Él abrió sus manos con suavidad. —¿Y dónde está? —En las afueras, en una iglesia similar a la de mi padre. —Pues iremos a verla—aseguró él apretando sus manos. Ella lo vio entre sollozos. —¿Me crees? —A estas alturas, creo en todo lo que me digas, mi amor. Si lo nuestro es posible, nada es surrealista—dijo y luego la besó en la frente. Tomados de la mano tomaron el primer autobús que se dirigía hacia las afueras, con sus bolsos a cuestas. Ella miraba silenciosa el paisaje, todo estaba dicho, la ciudad era una replica de la suya, solo en una replica pudo su padre encoger su vanidad, pudo existir sin su amada. No recordaba a su madre, eran muy pequeñas cuando todo sucedió, pero eso la hacía llorar más, el pastor había sido un buen padre todos éstos años y ahora, tan lejos de él, lo entendía finalmente mientras jugaba con los dedos de Ares. Allí bajaron ellos, en la última parada, Ares solo se quedó afuera de la iglesia y dejó que Tabitta ingrese primero. —Te he esperado tanto tiempo, hija mía... —¿Madre?—preguntó Tabitta entre sollozos. Su madre, hermosa y pura, como novicia, se presenta a su lado extendiéndole la mano. Ella se lo apreta, no era un fantasma, no sabía lo que era, pero una cosa era segura, era su madre. —Ohh, ¿y esas quemaduras? —Un padre criando dos niñas solo... Ella sonrió. —Te quedan bien—dijo acariciándolas. —Nadie me había dicho eso... —Pero eres amada, sé sobre el chico de afuera... —¿Y cómo lo sabes?—preguntó extrañada Tabitta. —Yo lo sé todo, hija mía. —¿No te aburriste de esperarnos?—espetó Tabitta finalmente mientras recorría con sus ojos toda la iglesia—.Luce igual a la de papá... —Siempre esperé por tu hermana y tú primero—espetó mirando a un punto ciego de las ventanas de la iglesia, su madre Alice. —Tengo algo que decirte...—dijo cabizbaja Tabitta. Su madre la mira complaciente. —No me iré a ningún lado, estoy enamorada y quiero conocer más de la vida y del mundo... Su madre la volvió a abrazar. —Ohh, querida, eso lo sabía. Sabía que ustedes dos son jóvenes que necesitan experimentar el amor y el mundo, aunque tu padre lo vea como una oscuridad en él, en realidad las penas pueden volverte, pero también es hermoso renacer y encontrar luz en aquella oscuridad de la que tanto te ha hablado... —¿Entonces no nos esperabas a Britt y a mí? —Para despedirme... —¿Te irás?—dijo comenzando a llorar ella—.Pero si apenas te conozco... —Tomé tiempo prestado, solo tu padre puede ir conmigo, ese fue siempre el designio. —Pero él nos ha criado... —Ése era el punto, que conocieran la vida, que crecieran, que fueran fuertes y que alguna vez, al final del camino nos encontraríamos de nuevo. Pero la única condición fue que ustedes supieran como vivir en éste mundo sin nosotros. —Mamá, no me siento preparada—dijo abrazándola Tabitta. Alice levantó su rostro. —Claro que puedes, hiciste más de lo que yo pude hacer a tu edad, ambas, tu hermana y tú deben conocer el mundo, la vida, todos los lugares hermosos de ésta tierra, no pueden irse sin conocer lo que hace tan bella e inesperada la vida. —¿Pero que importa eso si no los tenemos a ustedes? —Siempre estaremos ahí, aunque no nos vean. Ella volvió a llorar, pero ésta vez Alice no la interrumpió y solo la abrazó llamándose al silencio. Unas horas después, cuando salió Tabitta de la iglesia abrazó a Ares. —¿Y que sucedió? ¿Viste a tu madre? Ella negó con la cabeza. —Mi madre está muerta—sonrió paradojicamente y siguió caminando. —¿Entonces porque tardaste tanto? —Necesitaba un tiempo en la iglesia... Él extrañado creyó en ella y volvieron a tomar otro bus. Y devuelta, en el camino, Tabitta dibujo un corazón en la ventana, sabía ahora la verdad, y la verdad la había liberado. Ella era especial y ahora todo encajaba, como piezas en un puzzle, por fin entendió que su familia era atípica y que por eso todo aquello debía quedar como un secreto entre los mortales.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD