Capítulo cinco

1222 Words
En el pueblo, las iglesias católicas eran de los mismos dueños que los del instituto Católico pero nadie preguntó lo suficiente para darse cuenta que en la ciudad contigua, también había sucedido lo mismo. Solo el pastor con el que se encontraba hablando Tabitta sabía la historia de porque una iglesia no tenía un pastor y ésta sí. —No voy a darle a nadie la dirección de la iglesia—intentaba mediar palabra con su padre la joven Tabitta. —No debes avergonzarte de donde vienes—espetó en respuesta el pastor. —No es eso, papá. Es que no quiero ser la hija del pastor. —Entonces te avergüenzo yo y no la iglesia—dijo tomando un cigarro de su cajetilla. —Es que es nuestra historia, pero no es normal, papá... —Pero es nuestra historia y solo eres quien eres por tus vivencias. Ella se llevó la cabeza al suelo echando un suspiro. —¿No lo alejarás? Él fumaba un cigarro apenas la veía entre el humo. —Si realmente le interesas, nada lo alejará de ti—se retractó. —Pues no facilites las cosas—dijo marchándose al instituto de Ares, esperando verlo en la salida. Él apenas salió la reconoció en la vereda de enfrente sonriéndole. —¡Pensé que jamás volvería a verte! —¿Eso querrías?—inquirió ella preocupada. —No, para nada. ¿Dónde vives? ¿Hace cuanto esperas aquí? —¿Cual pregunta quieres que responda primero? La gente, por el contrario a su conversación entusiasta, pasaban junto a ella viéndola raro a su rostro quemado. —Quizás no debí venir, soy un monstruo para tus amigos... —¿De que hablas? Esta gente no es mi amiga. —No finjas—dijo compungida. —No finjo, realmente no me importa. —¿Y porque debería creerte? Él se arremangó la camisa y le dejó ver sus quemaduras en el brazo. —Las hice cocinando. —¿Porque cocinabas tú? —Pues, verás, yo solo vivo con mi padre y él no cuidaba mucho de mí. —Yo sí tengo un padre bueno. —¿Ah si?—volvió a ponerse la camisa como antes—.Suena genial, debería conocerlo. —Es el pastor de una iglesia lejana al pueblo. —¿Y vives con él? Ella asintió con la cabeza. —En la iglesia—agregó. —Oye, debo irme, pero si nos visitas, ya sabes donde vivo—dijo ella dándole un beso en la mejilla. La joven había conseguido la total atención de Ares mientras Gerald se le acercó hablándole de una aplicación de citas. Tabitta era tan distinta a todas las chicas que había conocido y no por su apariencia, sino por la ternura que desplegaba, como si no estuviera manchada por la miseria del pensamiento humano, como si realmente le gustara despertarse todos los días con optimismo y que no le importara que su rostro fuera un impedimento para buscarlo. Era valiente, y era genuina. Mientras que a la joven Serena en la ciudad contigua comenzó a cosquillarle el corazón y no paraba de pensar en el pianista, en lo cortante que fue en la llamada, pero no podía hacer nada más, así que solo escuchaba a su amiga Brit hablar de su chico. —Ya me puedo imaginar, en familia, con mis amigos. —¿Va tan enserio?—instó Serena. Su amiga hizo puchero. —No, solo me he hecho la cabeza un poco. —Además, ¿no irías a visitar a tu hermana? —Sí, lo estaba posponiendo. —¿Porque lo harías? —Porque siempre que voy me doy cuenta que la abandoné. —Pero ella te necesita más que un chico, tiene problemas—dijo con desenfado Serena. Brit toma sus cosas rápidamente. —Perdóname, ¿dije algo malo?—volvió a decir Serena. —Mira Serena, no es mi culpa que odies tu trabajo y no renuncies pero que ni siquiera me escuches, al menos sé honesta con tus pensamientos porque creí que te agradaba mi hermana, y no tiene problemas, solo tiene una quemadura. —Lo siento, es que pensé que lo de su rostro era un problema. —¿Porque lo sería? Sigue siendo una persona. —Pero sabes como está el mundo... Brit resopló y giró los ojos antes de marcharse a las apuradas. —Ya olvídalo—dijo antes de desaparecer por completo. Serena se llevó las manos a su rostro. —Eres realmente odiosa cuando quieres—dijo una voz particularmente conocida, cuando abrió sus manos vio al pianista—Aulio... —¿Hace cuanto que escuchas? —Lo suficiente. Ella volvió a esconderse entre sus manos. —Yo pensé que era peor socializando, pero definitivamente tú me ganas—rió echando una carcajada. Ella levantó la mirada y fijamente, con cansancio le contestó; —¿Y tú que haces aquí? —¿No querías verme? —Cuando te llamé, pero me rechazaste. —No te rechacé, sino al momento. Ella sonríe viendo al suelo con ironía. —¿Y ahora es un buen momento? —Debes decirme tu nombre. Es un buen momento para hacerlo, yo ya te he dicho como me llamo. —Serena—espetó ella con desconfianza. —¿Así que odias tu trabajo? —No, eso está salido de contexto. —¿Y cual es el contexto entonces?—insistió Aulio. Ella suspira tomándose de la nuca. —Pues comencé con las galerías porque quería que alguna vez me dejaran presentar mis obras. —¿Tú pintas? Ella reacia asiente con la cabeza. —¿Y se lo has mostrado a tus jefes? Ella negó con la cabeza. —¿Y entonces? —Aquí se recibe arte de personas talentosas. —¿Y tú no lo eres? —No lo sé, pero mi nombre no significa nada. —Entiendo. Las galerías solo presentan productos que valen algo para alguien, ¿no es así? —Supongo que sí—dijo ella tomándose de la frente. —Y tus pinturas, ¿son buenas? —¿Que importa eso? No me dan de comer. —Pero tú eres creadora. Eso es talento. ¿Porque te sientes tan mal de ser bendecida?—insistió él, —No lo sé realmente. No sé si soy buena pintando. —Pero lo sacas de tu cabeza, ¿cierto? Ella asintió con la cabeza. —Eso es suficiente. Eres una artista de la creación. Jamás debes bajar la cabeza, porque entonces aquel Dios que te dio ese don, lo estarás decepcionando. —¿Crees en Dios?—inquirió ella. —Solo no desperdicies tu talento. —¿Que sugieres?—dijo Serena esperezándose. —Que hagas una presentación de tus pinturas, díselo a tus jefes, y si no quieren hacerlo, busca una galería que sí lo haga. Estás destinada a ello, eres una arquitecta. —¿Arquitecta? —Del arte. Debes luchar por lo que la naturaleza te dio, sabiamente. —¿Como tú con el piano? Él negó con la cabeza. —Cualquier persona puede aprender a tocar un instrumento, lo que creo que me hace artista no es que lo toque en sí, o sepa su idioma, sino que lo siento y que me despido de él cada vez que termino una canción.
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