El instituto católico jamás fue conocido o recorrido por personas que no fueran alumnos antes, por lo que no tenía mucha seguridad y Sasha se salteaba muchas clases gracias a ello. Algunas veces buscaba encontrarse con Alice de nuevo, pero no lo hacía, así que dejó de escaparse de clases y pensaba en ella; ¿Quién era? ¿De donde salía? ¿Y porque el instituto Católico? Hasta que un día, él salía de aquel y ella lo observaba frente al instituto y corrió a hablarle.
—¿Que haces aquí?—preguntó en seco él.
—Estoy aburrida...—dijo ella caminando a su lado.
—¿Y no tienes pasatiempos?—dijo encendiendo un cigarro y continuar caminando.
—Ya tienes zapatos nuevos—dijo ella viéndolo atenta.
—Pues le dije a mis padres que me los robaron.
—Oh, tienes padres...
—Sí, bueno, soy adoptado.
—Yo también—atinó a decir ella y así fue como todos los recuerdos cayeron como en domino, la conocía de antes, en el orfanato.
—Yo...te conozco—dijo viéndola de repente.
Ella sonríe.
—¡Me recuerdas!
Él asiente con la cabeza un poco aturdido.
—Entonces debes recordar tu promesa—espetó ella.
—Apenas recuerdo cosas del orfanato, ¿de que hablas? ¿Porque me buscaste?
—Pues, tu dijiste que si alguien me lastimaba, busque enamorarme de ti.
—¿Y estás enamorada de mí?
Ella rió.
—Por supuesto que no—dijo volviendo a caminar—.Ahora ya sé como son las cosas de niños.
—Bien, ¿entonces porque me buscaste?—insistió él enojándose.
—A ti te adoptaron antes que a mí—rió ella—¿Lo recuerdas?
Él pensó en ello y asintió con la cabeza.
—¿No te ha tocado una buena familia?—le preguntó en seco. Ella volvió a ver cabizbaja.
—Te parecería tan estúpido si te dijera que mis recuerdos más felices fueron en el orfanato.
—¿Que pasó cuando me fui?
—Me adoptaron, pero volví al orfanato y ya no existía—dijo ella encogiéndose de hombros.
—¿Porque querrías volver?
—No me gusta hablar de eso—dijo con la mirada al suelo—.Puedes encontrarme en la iglesia del pueblo, la que queda casi saliendo del pueblo.
—¿Porque crees que te buscaría?—preguntó reacio.
—Me lo debes—espetó ella seriamente.
—No te debo nada—exclamó molesto.
—Entonces recuerda—dijo caminando rápidamente y perderse entre las calles.
Él solo se paró en seco sosteniendo su cabeza mientras pensaba, pero luego abandonó aquella búsqueda. Nada de lo que le hubiera sucedido a esa jovencita hubiera cambiado su destino, así que mejor sería alejarla de su vida, pero al día siguiente allí estaba ella, en la azotea. Él se llevó un largo y tendido respiro al pulmón y subió.
—¿Porque insistes tanto?—dijo llegando.
—No es por ti en realidad.
—Te has presentado aquí antes como una mustia sin interés y solo querías que me compadeciera de la vida que seguramente tienes ahora, pero yo no tengo la culpa de las promesas que hice de niño.
Él carraspeó y se sentó en cuclillas.
Ella no lo veía.
—¿Que vida piensas que llevo?—preguntó ella seriamente.
—Pues es obvio que sufres...
—¿Y eso no te importa?
Él miró a la nada.
—Supongo que en cierta medida, pero buscas ayuda en el lugar equivocado, yo no soy la persona con la que debas hablar si tienes un problema...
—No busco ayuda.
—¿Y que buscas?
Ella se acercó rápidamente y le dirigió un beso, y él correspondió el gesto hasta apartarse.
—Un beso...—dijo intentando recordar.
—Después del beso...
—Dije que volvería por ti—recordó él.
Ella asiente con la cabeza.
—Pero era un niño...
—Pero yo te esperé...
Él se llamó al silencio mientras veía que ella empañaba sus ojos de a poco.
—Ahora he cambiado, de todas formas—espetó ella.
—¿En que?
—Ya no espero que nadie me salve—dijo tomándose de las manos y mirándolas.
—¿Entonces porque buscarme?—preguntó él dudoso de sus reales intenciones.
—Porque nunca dejé de recordarte.
—Quisiera decir que fue lo mismo para mí pero...
Ella sonrió y asintió con la cabeza.
—No es tu culpa.
—Me buscaste...
—Estaba enamorada de ti entonces—atinó a decir.
—Éramos solo unos niños...¿Que hubiéramos podido hacer?
—Quizás si me hubieras querido, me hubieras sacado de allí...
—¡Solo éramos niños!—vociferó él.
—Entonces no sentiste nada con el beso...
—Sí, lo hice, pero no como crees que lo sentí.
—¿Tendrías relaciones conmigo acaso?
—Probablemente, ¿a que quieres llegar?
—Inicialmente buscaba reprocharte, pero ahora veo que tan solo me olvidaste, ahora solo podría ser una chica cualquiera con quien acostarte y al día siguiente seguir con tu vida. No estamos unidos por nada.
—No puedo deshacer lo que hice...
—Entonces sé mi novio.
—¡¿Que?!
—Así nadie más me hará daño. ¿Me protegerás?
—No creo que por esos motivos deban unirse las personas...
—Solo debo atraerte, y lo hago, ¿cierto?
Él asintió con culpa.
—Entonces puedes fingir por mí un rato.
—¿Que intentas decir?
—Que puedes fingir que me amas, y cuidarme a partir de ahora. Solo será un tiempo y luego desaparecerá.
—¿Que desaparecerá?
—Una vez hagas lo que hace un novio, todos mis sentimientos negativos hacía ti se irán y te dejaré en paz.
—O puedo denunciarte—espetó él amenazado.
Ella lo miró a los ojos fijamente.
—¿Lo harías?
Él no respondió.
—¿Después de abandonarme?
—No hice eso.
—¿Después de ilusionarme?
—Tampoco hice eso.
—¿Después de que esperara por ti todos los días en el orfanato hasta ser adoptada por un hombre horrible?
—¡Lo siento! ¡Pero no tengo la culpa de todas tus miserias!
Ella dejó ir una lágrima mientras lo veía fijamente, luego apartó la mirada.
—Podrías enmendar todo aquello.
—Sí, el caso es que no es mi culpa.
—Entiendo. No estás obligado a nada.
—Pero te puedo ayudar si estás con alguien horrible.
Ella sonrió con ironía.
—Ya no importa. No importa lo que hagas, si no sientes nada con hacerlo.
—¿Y que esperabas? ¿Que te recordaría y sería tu príncipe azúl?—intimó él.
—En ocasiones las personas pueden salvarte.
—Ya, pero yo no. No quiero salvar a nadie, no puedo salvarme ni a mi mismo—espetó.
Ella rió mirando al cielo.
—Así que de eso se trata. Estás tan concentrado en menospreciar tu vida, que nadie puede sufrir más que tú, ¿verdad? Por eso no te importa nadie más excepto tú. Por eso siempre estás solo.
—¿Y que sí lo es? No necesito que nadie me salve.
—Tú lo significabas todo para mí entonces, perdón por creer que el joven de aquel recuerdo seguiría estando—dijo marchándose.
—Seré tu novio—espetó él.
Ella se dio media vuelta sin comprender.
—¿Es enserio?
Él asintió con la cabeza.
—Solo para que sepas, que no estoy enterrado en mi propia miseria.