La noche brillaba en todo su esplendor y el parque de diversiones estaba lleno de vida y emoción cuando Isabella y Alexandr llegaron. El aire estaba impregnado con el olor dulce de los algodones de azúcar y el sonido de la música alegre flotaba en el aire. Isabella miraba a su alrededor con los ojos brillantes de emoción mientras caminaban por los coloridos puestos y atracciones. —¡Este lugar es increíble! —exclamó con voz llena de entusiasmo. Alexandr sonrió, disfrutando de la alegría contagiosa de Isabella. —Sí, lo es —respondió, tomando su mano con ternura mientras se dirigían hacia la primera atracción. Se subieron a la montaña rusa, riendo y gritando de emoción mientras el viento les azotaba el rostro. Al salir, Isabella estaba radiante de felicidad. —¡Eso fue increíble! —dij

